
Poemas de Pedro Llanes Delgado
Me parece que fue ayer cuando en pleno período especial, en la Editora Abril se estuvieron haciendo libros con la recortería de papel dejada como materia prima sobrante en los poligráficos habaneros. Aquella iniciativa, llevada a cabo en los tempranos años noventa, permitió publicar cuadernos literarios que, más allá de su tamaño reducido, tenían tanta calidad que llegaron a ganar el Premio de la Crítica. Entre esos títulos que nunca olvidaré por el impacto que causó en mí su lectura estuvo Diario del ángel, obra poética de Pedro Llanes Delgado, aparecida en 1993.
Nacido en Placetas en 1962, además del libro antes mencionado, entre los títulos publicados por Pedro Llanes Delgado están Sibilancia (1996), Icono y ubicuidad (2000), Sonetos de la estrella rota (2000), Partitura hecha por el sinsonte (2001), El fundidor de espadas (2003) y Del Norte y del Sur (2008).
Igualmente, textos suyos han sido incluidos en las antologías Mapa imaginario (con prólogo de Rolando Sánchez Mejías y patrocinio de la Embajada de Francia, La Habana, 1995), Las palabras son islas (panorama de la poesía cubana del Siglo XX) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999), Muestrario de la poesía placeteña (Editorial Capiro, Santa Clara, 2000), Antología de la poesía cósmica cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001), Una mirada (Editorial Luminaria, Sancti Spíritus, 2003), La estrella de Cuba(Inventario de una expedición) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004), Antología de los Premios de Poesía Nosside-2004 (Editorial Letras Cubanas y Citta´ del Sol Edizioni Reggio Calabria, Italia-La Habana, 2004), Yo he visto un cangrejo arando (Antología de la décima humorística cubana) (Editorial Capiro, Santa Clara, 2004), La madera sagrada (Vigía, Matanzas, 2005) y Rapsodia para el Che(Editorial Capiro, Santa Clara, 2005).
El libro de Pedro Llanes Delgado En la isla de las velas azules obtuvo el XIV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Después de eso, muy poco he sabido de este poeta (hoy residente en Estados Unidos), dueño de un discurso cohesionado por una suerte de lúdica simulación, cuyo sujeto es el lenguaje. Para Miradas Desde Adentro es un honor reproducir algunos poemas de Pedro Llanes Delgado.
PARA KATY
En tu copa veo las lápidas arremolinadas
y veo las ciudades en el silencio.
En tu copa veo las inmensas planicies
y también el rocío del amanecer.
Veo la lluvia maravillosa,
por la que escapan las bestias y los guerreros.
En tu copa veo sus rostros y sus ojos,
veo a una muchacha sobre las mieses.
En tu copa veo el vuelo de la gaviota hacia el norte
y las mariposas hechas de ascuas oscuras.
En tu copa veo los abismos sin fin.
En tu copa veo los árboles encantados
cuyas sombras caen dobladas contra el vacío.
En tu copa veo venir el abanico del fuego,
profuso y silencioso como la muerte.
En tu copa veo animales ajedrezados
y el resplandor del tilo y de la ciruela.
En tu copa veo un patio fragante y un mantel muy blanco.
OSCUROS GUERREROS AL BORDE DE LA PLANICIE…
Oscuros guerreros al borde de la planicie
derrumban el lucero chisporroteante
y el naipe nocturno de la floresta.
El espacio de las amapolas gira dentro del grillo
escondido en la hoja recién abierta
mientras la música sobre las tejas y las tataguas
incrusta su responsorio a ras del molino.
Siento a los oscuros guerreros,
deslizarse por las paredes del pozo
hasta una dimensión embebida
en la concavidad y la espuela en el liquen.
Oscuros guerreros al borde de la planicie
me buscan entre el susurro del agua
y los escarabajos que vienen a remansar.
La noche recompone en las sombras
sus guanteletes y sus rostros que escrutan
el cintillo húmedo de las pilastras.
He visto a los oscuros guerreros
llevarme a través de las hilazas
de sus múltiples manos decapitadas,
para marcharse bruscamente por el agujero
y el batir de alas de la floresta.
AGUA, FULGOR
Hacia el atardecer las sombras son más suaves
y los maniquíes con lenta turbulencia vienen
a remover el agua de nosotros dos.
La misma agua que hechiza las siluetas,
donde corren los animales movedizos
y el flechero silencia sin saberlo.
Amada, déjame decir tu nombre
recóndito y misterioso como las aguas
que abren el círculo de la cuaresma.
En lo oscuro el desfiladero parte,
las entrecruzadas líneas de los maniquíes,
a quienes he visto irse por el remanso,
casi letánicos al atardecer.
Al atardecer el flechero se evapora,
y la araña de la sala ya no sueña,
porque está ardiendo también con tu fulgor.
EL PÁJARO REVOLOTEA…
El pájaro revolotea,
va y viene hasta el cielo,
y luego prueba a devorarme,
abrazado angustiosamente al abismo.
Lo he visto picotear con desaliento
enhiesto y resplandeciente mis manos y mis sienes,
como un nuncio de la inanición.
El pájaro se balancea
traído en la tempestad.
Siento su hoguera muy cercana
y uno a uno sus picotazos
que viajan siguiendo la muerte.
He despertado mientras se iba
aún ahíto de mi cuerpo
y no hice nada por detenerlo
ni detener su incesante revoloteo,
porque el pájaro dejaba de existir.
JINETES OSCUROS
Deja que la noche entre con sus nieblas
y sus jinetes oscuros en el molino;
deja que desparrame sus manos
recién llegadas a través del vacío,
y ven junto a mí por las sombras,
donde cantan sigilosas las bestias.
Ven sin mirar las siluetas
que mueven el espejo en la luz
y deja que la noche desparrame sus manos
y sus jinetes oscuros en el molino.
MINUET CON ARENA
Nada escucho en tu rostro
hecho de un cendal tembloroso,
ni en tus manos donde se abisma
la transparencia de las vastas marinas.
Te siento venir por la luz
y entre la luz escurrirte
en la ignición de la lluvia
cuando la pradera se enciende.
Amada, dame tus manos,
hermosas como la ceniza
para beber en la oscuridad
su melodía abisal.
Amada, toma mis manos,
refluyentes de fría arena
y escóndelas para siempre,
en el filo de los arroyos,
donde bate la inanición
y somos como ramilletes
lamidos por el vacío.
NADA SINO EL HILO…
Nada sino el hilo
difícil de la araña,
vuelta a la oquedad
ístmica del desván,
ora maestresala
donde plañe lo oscuro.
Una hebra es a otra
tabla, zaquizamí,
sin que sea la araña
quien desdobla nocturna
tensando la espiral
—tiara, pífano, luz—
y una y otra vez,
devenga para brujas,
ya jánica, dos caras,
hilandera luctuosa.