Categoría: Poesía

Poemas de María Elena Cruz Varela

Poemas de María Elena Cruz Varela

Nacida en Colón, Matanzas, en 1953, María Elena Cruz Varela es una de
las sobresalientes voces del campo de la poesía hecha por mujeres
cubanas entre las últimas dos décadas de la anterior centuria y lo que
va del presente siglo. Su nombre  está en un listado epocal de féminas
hacedoras de versos, entre las que pueden mencionarse Bertha Caluff,
Damaris Calderón, Margarita García Alonso, María Elena Hernández,
Odette Alonso, Sonia Díaz Corrales, Reina María Rodríguez, Rita Martín
y Teresa Melo.
Entre los libros de poesía publicados por María Elena Cruz Varela se
encuentran Mientras la espera el agua (1987), Afuera está lloviendo
(1989), El ángel agotado (1991) y Ballad of the blood! Balada de la
sangre ( 1995) en  edición bilingüe.
Esta destacada autora también ha incursionado en la narrativa y así ha
dado a conocer las novelas Juana de arco: el corazón del verdugo,
publicada en el 2003, y  La hija de Cuba, salida al mercado en el
2006. Debe señalarse que María Elena Cruz Varela ha recibido diversos
premios literarios, entre los que figuran  el Premio Nacional de
Poesía Julián del Casal,  el  Premio Mariano de Cavia de Prensa
Española en  1995 y el Premio de Novela Histórica “Alfonso X El Sabio”
por  su creación Juana de Arco: el corazón del verdugo.
Hoy en Miradas Desde Adentro se reproducen algunos poemas de esta
importante escritora (en la actualidad residente en Madrid, España),
prácticamente desconocida por la joven generación de amantes de la
poesía en Cuba.

El ángel caído

Mira David.
Cómo se encrespan los últimos corceles de la tarde.
Cómo se insubordinan.
Cómo aclaman triunfantes las voraces trompetas.
Pero ya no recuerdo cómo llegan las cosas a nombrarse.
Pero es que ya no sé.
Se me pudren de infamia las prendas de ir viviendo.
Y soy un ángel más.
Un ángel que se agota. En la corte agotada de los ángeles.
Mira David.
Cómo se agitan los corceles finales.
Cómo acuden al grito triunfal de la trompeta.
Anuncian que hay que huir. No importa a dónde.
No importa a qué país de miniaturas.
No importa a qué proyecto.
O espejismo. Yo sólo quiero huir.
Evadir los escombros del íntimo desastre.
Si pudiera negarles el don de la palabra.
Es que han mentido tanto.
Nos traicionaron tanto. La esperanza es tan frágil.
Es tan frágil la tierra prometida.
Los ángeles se exilian en bandadas.
Renuncian al instante de las revelaciones:
nos han mentido tanto.
Y soy un ángel roto dejándose rodar por las alcantarillas.
El agua inmunda es sólo
una verdad vaciada entre tanta mentira.
Migajas. Sólo nombro migajas. Es muy serio
cumplir treinta y siete años. Y ser un ángel roto.
Violento de llorar en la vigilia.

Plegaria contra el miedo

Volando está la voz. Su frágil marioneta
con hilos invisibles.
Finísimas agujas hilvanan dulcemente
en tenue claroscuro sobre el mantel del tiempo.
Del tiempo que nos deja. Que nos levanta en vilo.
Que a veces. Por azar. Nos multiplica.
Lenta. Muy lenta. Leve. Miro a mi alrededor.
Entono esta plegaria contra el miedo. Contra el miedo
del hombre que se arrastra. Silba. Vuelve a escupir.
Maldice. Vuelve a escupir. Alaba.
Se duele. Me lastima. Se dobla. Me desplaza.
Contra ti mi plegaria. Plegaria contra el miedo.
Mezcla de horror y júbilo. De fibra lacerada.
Contra mi lado oscuro. Contra las aguas mansas.
Contra ti. Contra todo. La voz.
La voz. La frágil marioneta.
La débil manecilla pendiente de la voz.
La voz sobre su eje.
Aquí dejo el renglón de mansedumbre.
Aquí será la voz. Lenta. Lenta aclama la voz.
Se torna rictus. Regresa a los nostálgicos colores.
Imploran los que fuimos tan muertos por el fuego
y volvemos llorando al ojo de agua.

La trampa

No obstante, sólo puedo alegar a mi favor
que a veces cedo.
Caigo en minúsculas trampas que nos arma la vida.
En trampas como jaulas para cazar gorriones.
Que algunos días. ¡Oh, días específicos!
Al abrir el balcón. Al asomarme y ver
con todos los sentidos.  Y oír con todos los sentidos.
Y oler con todos los sentidos. Soy un terco violín
en evidencia. A veces –excusa delirante-
la vida se me vira como un juego de cartas
mostrándome los triunfos.
Me enamora con labios nuevecitos.
Me apremia. Imprescindible. Un cuarto movimiento:
novena sinfonía de Ludwig van Beethoven.
Como una credencial. Un aquí está mi mano.
Mis millones de manos.
La piel se me estremece de piedad infinita:
El hombre mata. Muere. Miente. Roba. Claudica
de espaldas a esa música en un afán voraz de permanencia.
Confunde libertad con desplazarse.
El hombre duerme armado contra los otros hombres
y contra el hombrecillo
que habita los rincones más claros de su pecho.
A pesar de esa música. A pesar del balcón.
Del sol que estreno. A pesar de esa Oda feroz a la Alegría.
De la limpia mañana
que niega los despojos de la cena de ayer.
No obstante, digo. La vida hoy se presenta como un traje.
Y sé que es una trampa. Pero cedo. Y me dejo embriagar
y acepto cualquier tregua. Y soy una espiral.
Un balancín. Un coro. Porque sucede a veces
que al abrir el balcón. Al asomarme y ver.
Y oír. Y oler. Con todos los sentidos.
La vida me ha sacado bajaras de la manga.
No obstante, sólo puedo alegar a mi favor:
Es una trampa. Y me dejo caer.

Canción de amor para tiempos difíciles

Difícil escribir te quiero con locura.
Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos
si les roban la magia sonora de tu cuerpo?
Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos.
Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia.
Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante.
Y resulta que estamos.
La ley de gravedad no nos perdona.
Difícil es decir te quiero en estos tiempos.
Te quiero con urgencia.
Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas.
Para decir te quiero. Así. Sencillamente.
Y que tu amor me salva del aullido nocturno
cuando loba demente la fiebre me arrebata.
No quiero que me duela la falta de ternura.
Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero.
Así. Entre tanto gris. Tanta corcova junta.
Cómo puedo aspirar la transparencia.
Retomar esta voz tan desgastada.
Esta costumbre antigua para decir te quiero.
Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo.
Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo.
Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro.
Destrozan los espacios donde el amor se guarda.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Si no fuera imposible olvidar esta rabia.
Mi reloj. Su tic- tac. La ruta hacia el cadalso.
Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Plasmaría  este verso con su cadencia cursi.
Si fuera así de simple escribir que te quiero.

Poemas de Margarita García Alonso

Poemas de Margarita García Alonso

Tengo el privilegio de poder decir que soy amigo de Margarita García Alonso. La conocí cuando ella trabajaba en la revista Somos Jóvenes, perteneciente a la Casa Editora Abril y yo era parte de Alma Máter. No sé cómo nos fuimos acercando, pero en un momento dado se convirtió en una de las personas con las que por aquella época, fines de los ochenta e inicios de los noventa, más gusto me daba en conversar.

Es que con esta colega de profesión se podía hablar de lo humano y lo divino. Todavía recuerdo nuestras largas charlas sobre filosofía, en las que la solidez conceptual de sus conocimientos siempre me maravillaba.

Empero, lo que más admiraba de Margarita García Alonso en esos lejanos años era la tan hermosa relación que mantenía con su hija Laura, una niña encantadora y que mi amiga llevaba con ella a cuanto sitio fuese, como las largas tertulias que celebrábamos en la vivienda de otra de las hermanas que me ha regalado la vida: Tania Chappi Docurro.

Me parece que fue ayer cuando en 1992 mi amiga Margarita se fue a vivir a Francia. Desde entonces no hemos vuelto a dialogar y nuestros intercambios han sido solo virtuales. Gracias a Internet, sé que esta poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora es Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas.

Igualmente, puedo escribir aquí que antes de su salida de Cuba había publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Al pasar a residir en Francia, ella ha ganado premios en diversos concursos literarios. Así, fue laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. También ha dado a la luz pública títulos como El centeno que corta el aire (Editorial Betania) y MaldicionarioMar de la ManchaLa aguja en la manzanaLa costurera de MalasañaCuaderno de la herboristaBreviario de margaritasCuaderno de la vieja negra y Zupia, (todos estos a través de su proyecto Ediciones Hoy no he visto el paraíso).

En otra arista de su intenso quehacer, en el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Igualmente, ha intervenido en numerosas exposiciones en países como Francia, Polonia, España, Colombia y tradujo el libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc.

Para Miradas Desde Adentro resulta un placer reproducir algunos textos de esta poeta matancera, cubana y universal que, en lo personal, es amiga de quien esto escribe.

ALMAS PERDIDAS

Salud almas perdidas, ambiciosos

e impúdicos viajeros en la noche del caos.

Cuentas de paciencia trazan manantiales de dedos.

Los que partieron no ven la derrota

que provoca andar en razón, lucidamente loca,

en la esquina donde orinan los perros.

Ingrato maquillaje de situación extrema

acurrucada en un país increíblemente desierto.

El caballo tapizado de flechas,

con el ombligo presto a prolongar el tiempo.

Que visitantes de pasada, escupitajos

reiteración de hombre que va, de hombre que viene,

desesperado, por camino de no ser.

El alma perdida en el bosque, de ojos hacia fuera

de vientre y tripas hacia fuera

donde comen, tranquilamente, ciertos carroñeros

disfrazados de pájaros negros.

LOBA

He olvidado cerrar una casa lejana, una puerta.

La loba existe pues la miran

impaciente espera un bosque pequeñísimo,

las entrañas que nombran a la extranjera.

En mi cabeza, entre mallas tejidas por herreros de forja

verbos decadentes y un brutal estruendo que

me arranca la lengua.

Mi madre heredó el cepillo lacerante y trenza

la conversación que tenemos una vez cuando hay dinero

en un escalofriante teléfono de ocasión.

Están mis oídos con la letanía de un himno:

fetos inacabados de una tarde de carnaval

calcinan en el banquete a una isla.

Son como muertos animados de venganza.

En las costas de la Mancha, envuelta en un suave papel

la extranjera camina como barco en el horizonte.

Las brumas golpean un vestido en fino hilo bordado

por una anciana que recuerda cuando nací

en ese pueblo de la colina, de una isla perdida

jamás en la ausencia de mundo.

Poemas de Ian Rodríguez Pérez

Poemas de Ian Rodríguez Pérez

Aunque la biografía oficial asegura que Ian Rodríguez Pérez (1973) es natural de Las Tunas, en realidad eso es una afirmación relativa. Creo que lo justo sería decir que él es de Cuba, porque se la ha pasado cambiando de sitios en la geografía nacional.

Hubo un tiempo que lo encontramos viviendo en Isla de la Juventud, creo que fue por entonces que lo conocí. De repente, cuando menos uno se lo imaginaba, el hombre ya estaba afincado en Cienfuegos. Pero en fin, lo anterior poco o nada importa. Lo en verdad trascendente es que estamos hablando de un Poeta que ha sido  Premio en el concurso Waldo Medina por dos ocasiones , primero en 1994 y luego en 1996.

A ello hay que añadir que también ha sido galardonado con el Premio Abdala en 1995. Aunque parece que fue ayer, han pasado 23 años desde que allá por 1997 me encantó leer su cuaderno de poemas Velas en torno al corazón demente, publicado por  Reina del Mar Editores y las EdicionesÁncoras.

Para Miradas Desde Adentro es un placer reproducir algunos poemas de este cubano andarín por distintas localidades del territorio nacional.

INTRO

Hay una sombra que en soledad alimenta 
el ave desterrada 
con olores de horizontes 
—oníricos discursos— 
cómo ocultar que hay un nombre 
revelado en mis manos 
cómo evitar el país desnudo 
fuera del espejo 
quién llega a mis bordes 
quién descubre la cita 
sobre el viento del tiempo 
quién consigue alejar los desvelos 
del pájaro que emigra 
no intenten confundir 
nostalgias con inquietudes 
decir por dónde cabe apenas 
un salmo cansado: 
de nada sirve 
huir del viento en estos días 
al final 
todo intento de espera 
será auténtico naufragio.

YO VI CAER GORRIONES EN UN PARQUE DE NUEVA GERONA

Los vi posarse en las ramas menos austeras. 
Como si no supieran del vacío sus alas 
confundieron el sueño con la vigilia. 
Confundidos, los gorriones de Paco Mir 
cambiaron el viaje por la permanencia. 
Yo no pude evitarlo. 
Quise decirles que él seguramente reposaba en 
una de esas salas donde escribió Las hojas clínicas, pero 
se negaron a volar hasta la vida, no quisieron saber de 
la esperanza, del azul y sus degradaciones. 
La lluvia apenas me ayudó a mostrarles el mar. 
Al menos el mar pudo haber sido una suerte de 
asombro, pero los gorriones saben de la distancia. Ellos 
sabían cuán ajenas a la Isla son las aguas que hoy 
enturbian mis manos. 
Los vi cejar ante el imposible. 
Los vi devorar con lentitud cada migaja de la duda. 
Los vi burlarse del otoño con un gesto invernal 
que aún no descifro. Confieso que he ido perdiendo 
mis facultades de vidente: era el mes de abril y los 
gorriones danzaban en mis ojeras previniendo su muerte 
como preguntas que no provienen de la realidad, como 
respuestas decididas a permanecer. 
Yo asistí a ese terrible espectáculo de caer y no pude 
esgrimir un verso que jodiera a la muerte, tan sólo 
una línea donde no hablar de la inocencia.

25 DE JUNIO, 1994: LE DIABLE AU CORP

Llegar en la madrugada y que alguien te pregunte: 
«¿Y ese olor a mar, a sueños, a futuro…?» No hay 
lágrimas, pero intentas evocar la presencia de tu padre, 
agudos de la flauta, y que sea la madre de uno, tu 
Isla, la que grite: «¿Cómo no te llevará el Diablo con 
esa música?» 
Nadie sabe que de regreso a casa cruzaste los límites 
de la sombra. Encontraste un gato: lo acaricias, y el 
felino clava las uñas cerca de tu ojo izquierdo: hiere al 
cisne que llevas en el pecho, aterra al lobo que huye 
inesperadamente del azogue. 
¿Quién podría imaginar que invocas el instante de la 
despedida, que tu canto no es más que el elogio para 
los veleros en busca de otro rincón del sueño donde 
anclar el verde? 
«¡Que te lleve el Diablo con esa música!» 
Y es la furia del cisne lo que te incita. Y cedes lugar al 
lobo que te posee, recordando que tienes una luna y 
un bosque, un lago y un cielo donde imponer tu ley 
del ala y el colmillo, ley de la ausencia: claustro, éxodo 
interior. 
¿Cómo no reconocer tu estirpe, esa suerte de ser uno 
doblemente Isla en soledad?

Xiv

a Gastón Baquero 

Estos no son pre-textos para arrodillarme 
uno amanece si dice su verdad 
con el corazón helado al fuego 
—mentí 
pero siempre dije mi verdad 
me situé con el náufrago en mí 
y los vientos alisios en los ojos 
moldeando sombras huidizas 
ausentes del tiempo 
la realidad y la espera 
ah la espera 
he aquí un motivo para despedirse.

UNA MUJER DEFINE SU ESTATURA DE BOLSILLO

Una mujer llamada Soledad, 
como una puta cualquiera en el malecón, 
piensa en los turistas que beben coca cola 
de espaldas al mar. Nada les importa el azul, 
y Soledad esquiva el dolor de ver: 
unos niños se amarran los cordones y corren 
—indiferentes— 
tras la vieja pelota que un día no tendrán. 
Una mujer define su estatura de bolsillo. 
Se encoge hasta la ausencia 
como una moneda ya deteriorada que va de mano en mano. 
Anhela aparecer en un cartel así de espaldas 
—uno de esos 
carteles que a todo color anuncian la existencia, 
y donde la incertidumbre se burla de ellaputa 
en el malecón regalándose al mar 
como un viaje posible, 
como un nombre conocido. Al mar, 
esa inmensidad de horizonte sin veleros 
que le arranquen inquietudes.

Xi

falsos 
falsos han sido los juegos del exorcista 
falsamente temimos al horizonte 
al instante de la despedida 
—acaso NO sabíamos qué sucedía 
con el sabor del mar 
—acaso NO colgamos un amuleto a la ciudad 
—acaso NO somos hijos de la sombra 
—acaso NO confiamos en el ojo verde 
falsamente gritamos

Poemas de Abel González Melo

Poemas de Abel González Melo

A la familia de Abel González Melo me une una larga amistad. Fui alumno de su abuela (Mercedes Pereira) y de su madre (Mercedes Melo) en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana cuando él era un niño casi recién llegado al mundo. Después he sido testigo del impetuoso desarrollo como creador que ha tenido este habanero nacido allá por 1980 y graduado de Teatrología en el Instituto Superior de Arte.

Aunque muchos solo conocen al Abel teatrista, hay que decir que él también ha incursionado exitosamente en la narrativa, la poesía y la crítica. Así, por ejemplo, en 1998 fue galardonado con el premio Calendario en la categoría de cuento con su libro Memorias de cera. Y en 1999 fue mención en el concurso de cuento de La Gaceta.

Hoy en Miradas Desde Adentro damos una muestra del Abel González Melo poeta, para promover esa zona de su quehacer literario.

EMANCIPACIÓN DEL EGO

Ese sol que en los siglos clamaba por mi ausencia

hoy departe con nubes de antiguos alaridos.

Las nubes no me aman.

En el último estrato de este cuento

nada es válido,

ni se encuentra en mí un recodo de real valía.

Los que gritan que me han visto

y que en mis valles descubrieron algas

y que ante el cielo expusieron mis ovejas,

aún no existen.

Desaparecieron los de pecho torpe,

los que adoraban mi pulgar por un centavo,

los que fluían por mis grietas y engordaban en mi celda favorita.

No sé por qué sólo los pobres se resguardan en mí,

o dicen que la imagen de mi engaño es descarnadacuando hace lustros pernoctaban en su espera.

No sé en qué aroma

o de qué coágulo nace la idea de esta visión aciaga:

lo cierto es que el perfume me adormece

y es carmín el ardor de mis mejillas.

Veo sensato apenas lo que escucho ahora,

lo que pruebo,

lo que mis dientes cortan con furor de abeja.

Extraño aquel sitio aunque lo note lejos:

la adquisición de espacios era allí espada y ópaloy este día,

el de ahora,

trae el suspiro del escaso rincónque surte la guarida.

No soy viejo.

No quiero ser viejo.

A duras penas hiedo en las horas que no escucho un trinar o no siento el viento,

viento más que otra cosa,

viento que me devuelve al campanarioy tañe la melodía del regreso.

Del espacio añorado.

Del vivir otra vez.

De eso que susurra mientras hierve.

FÁBULA PARA NO VOLVER

Si quieren que de este mundo

Lleve una memoria grata,

Nadie distinga en mi bata

Que soy leve y tremebundo.

Vivo con un no rotundo

Rasgado tras mi garganta.

Sólo lo que es bello y canta

Me complace, y en la aurora

Me vuelvo ingenua pintora

Que pinta mientras se espanta.

El retrato, complaciente

Con la imagen del olvido,

Me consume y en su nido

Simulácrido, excluyente,

Recrea un orbe impaciente.

Caigo erizada cual gata.

Todo es níveo. Todo es nata.

Y, por si acaso me inundo,

Llevaré, padre profundo,

Tu cabellera de plata.

Si quieren, por gran favor,

Que lleve más, llevaré

Lo que es otoño en mi fe:

Tez de añoranza y temor.

Ahora sombra y candor

Se truecan en mi descenso.

Distingo estrépito intenso.

Lid vehemente es la algazara.

Nadie me explica o me encara:

No hay puertas para el ascenso.

Antes del lacio reposo

Se exhibe mi opaca enagua

Sobre un pizarrón de agua.

Tibio y poroso leproso

Me toca impávido. Rozo

La imagen azul: seré

Duplicado en lo que amé,

Doble de mi sed mayor:

La copia que hizo el pintor

De la hermana que adoré.

Si quieren que a la otra vida

Me lleve todo un tesoro,

Me esculpiré. Frágil coro

Cala en la escara encendida.

Punge en mi vientre la herida

Lúgubre del mal que espero.

Busca un pulgar asidero

Sobre el mural trascendente

Del tubo espeso y caliente

Donde renazco o me muero.

Terco temblor tormentoso

Me expulsa otra vez al campo

De los pinceles. Estampo

Recias figuras de gozo.

¡Ya no soy mujer, soy mozo!

Mas, sumido en lo que añoro,

Descubro entre pelo y poro

Fiera escafandra perdida:

¡Llevo la trenza escondida

Que guardo en mi caja de oro!

Selección de poemas de Louise Glück

Selección de poemas de Louise Glück

La poeta estadounidense Louise Glück fue la galardonada en este 2020 con el Premio Nobel de Literatura. Nacida en New York, la también profesora universitaria  ha sido reconocida por publicar doce libros de poesía y ensayos sobre el género.

El primer título de Louise Glück que vio la luz fue  Firstborn, el texto con el que se le comenzó a promocionar como una de las mejores poetas estadounidenses del período comprendido entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. Para divulgar algo de la poesía de Louise Glück, poco o nada conocida en Cuba, hoy en Miradas Desde Adentro publicamos algunos textos de esta destacada escritora estadounidense.

Amante de las flores

En nuestra familia, todos aman las flores.

Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:

sin flores, sólo herméticas fincas de hierba

con placas de granito en el centro:

las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras

llena de mugre algunas veces…

Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:

una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre

a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de

ladrillo.

Cada primavera, espera las flores.

Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende

que es mi madre quien paga; después de todo,

es su jardín y cada flor

es para mi padre. Ambas ven

la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.

El verano es, a veces, muy caluroso,

y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.

Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,

eran tan frágiles…

Del libro Ararat (1990)

Traducción de Abraham Gragera López. Pre-Textos, 2008

Lago en el cráter

Entre el bien y el mal hubo una guerra.

Decidimos que el cuerpo fuese el bien.

Eso hizo que el mal fuese la muerte,

que el alma se volviera

completamente en contra de la muerte.

Como un soldado que desea

servir a un gran señor, el alma

desea cerrar filas con el cuerpo.

Se puso en contra de la oscuridad,

en contra de las formas de la muerte

que reconocía.

De dónde viene la voz

que dice: y si la guerra

fuese el mal, que dice

y si fue el cuerpo el que nos hizo esto,

nos hizo tener miedo del amor.

Del libro Averno (2006)

Traducción de Abraham Gragera López y Ruth Miguel Franco. Pre-Textos, 2011

Las siete edades

En mi primer sueño el mundo parecía

lo salado, lo amargo, lo prohibido, lo dulce

En mi segundo sueño descendía,

era humana, no veía nada de nada

bestia como soy

debía tocarlo, contenerlo

me escondí en la arboleda,

trabajé en los campos hasta que quedaron yermos

un tiempo

que nunca volverá-

el trigo seco en gravillas, cajones

de higos y aceitunas

Hasta amé alguna vez, a mi manera

repugnante, humana

y como todo el mundo llamé a ese logro

libertad erótica,

por absurdo que parezca

El trigo cosechado, almacenado; seca

la última fruta: el tiempo

que se acumula, sin usar,

¿también termina?

Del libro Las siete edades (2001)

Traducción de Mirta Rosenberg. Pre-Textos, 2011

La decisión de Odiseo

El gran hombre le da la espalda a la

     isla.

Su muerte no sucederá ya en el

     paraíso

ni volverá a oír

los laudes del paraíso entre los olivos,

junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

   Da

comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez

ese latido que es la narración

del mar, al alba cuando su atracción es más

     fuerte.

Lo que nos trajo hasta aquí

nos sacará de aquí; nuestra nave

se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.

Devuélvele su vida,

mar que sólo sabes avanzar.

Del libro Praderas (1996)

Traducción de Andrés Catalán. Pre-Textos, 2017

El vestido

Se me secó el alma.

Como un alma arrojada al fuego,

pero no del todo,

no hasta la aniquilación. Sedienta,

siguió adelante. Crispada,

no por la soledad sino por la desconfianza,

el resultado de la violencia.

El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,

a quedar expuesto un momento,

temblando, como antes

de tu entrega a lo divino;

el espíritu fue seducido, debido a su soledad,

por la promesa de la gracia.

¿Cómo vas a volver a confiar

en el amor de otro ser?

Mi alma se marchitó y se encogió.

El cuerpo se convirtió en un vestido demasiado

grande

para ella.

Y cuando recuperé la esperanza,

era una esperanza completamente distinta.

Del libro Vita nova (1999)

Traducción de Mariano Peyrou. Pre-Textos, 2014….

Foto Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LOUISE-GL%C3%9CCK-1170×876.jpg

Para conocer más a Louise Glück, Premio Nobel de literatura 2020.

Para conocer más a Louise Glück, Premio Nobel de literatura 2020.

Aunque para los cubanos la poeta estadounidense Louise Glück, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020, es una perfecta desconocida, ella resulta una figura con sumo prestigio en el ámbito de las letras en su país natal. Profesora de la Universidad de Yale (uno de los centros de altos estudios más afamados en el ámbito académico de USA), Glück, de 77 años, fue muy elogiada en 1968 con su primer libro publicado, Firstborn, y a partir de entonces se convirtió en una de las poetas y ensayistas de mayor destaque de la literatura contemporánea estadounidense.

Temas en la obra de Louise Glück

La infancia y la vida en familia de esta escritora nacida en Nueva York, la estrecha relación entre los padres y los hermanos y hermanas son algunos de los temas en los que ha centrado su obra. Según ha trascendido, cuando el pasado jueves 8 de octubre la Academia Sueca informó del galardón concedido a Louise Glück, ella  fue premiada por su “inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, torna la existencia individual universal”.

El presidente del Comité del Nobel expresó que Glück es “una poeta del cambio radical y del renacimiento. No solo está comprometida con los errores y las condiciones cambiantes de la vida, sino que también es una poeta del cambio radical y el renacimiento, donde el salto adelante se da desde un profundo sentimiento de pérdida. En uno de sus libros más elogiados (en total son 12, tanto de poesía como de ensayo), The Wild Iris (1992), por el que recibió el premio Pulitzer, describe el milagroso regreso de la vida después del invierno en el poema “Campanilla de las nieves”.

La Academia Sueca dijo que en la obra de Louise Glück “el yo escucha lo que queda de sus sueños e ilusiones y nadie puede ser más duro que ella para confrontar las ilusiones del yo”. Al compararla  con otros autores, los encargados de concederle el Premio Nobel de Literatura manifestaron que Glück recordaba a la poeta estadounidense del siglo XIX Emily Dickinson en su “severidad y su renuencia a aceptar los simples dogmas de la fe”.

Esta autora estadounidense es la decimosexta mujer en ganar la distinción literaria más prestigiosa del mundo desde que se lanzaron los premios Nobel hace más de un siglo. Erica McAlpine, profesora asociada de Inglés de la británica Universidad de Oxford, afirmó que Glück “ha conseguido sentirse urgentemente contemporánea y al mismo tiempo atemporal”.

“La tristeza ocasional de su voz habla especialmente bien de nuestro momento presente y, aún así, su poesía siempre ha estado íntimamente conectada con la extensa tradición poética que hay detrás”, agregó la profesora Erica McAlpine. Según esta propia académica, en los poemas de Louise Glück, “el amor, la pérdida, el deseo y la belleza usan el vestido específico de su propia vida mientras vuelve lo cotidiano en algo mítico”.

Aunque como escritora en su poesía Louise recurre a las experiencias vividas por ella (se divorció dos veces y sufrió de anorexia en su juventud), la crítica considera que en su discurso poético  explora temas universales que resuenan con los lectores de Estados Unidos y el extranjero.

Otros galardones otorgados

Otros galardones otorgados a Louise Glück, además del Premio Nobel de Literatura y el premio Pulitzer, son el Poet Laurate de Estados Unidos en 2003/04, el National Book Award por su colección Faithful and Virtuous Night en 2014 y la Medalla Nacional de las Artes y Humanidades de USA en 2015, entregada a la escritora por el entonces presidente estadounidense Barack Obama. En aquella ocasión, hace ya cinco años, Obama expresó que sus “poemas inquisitivos capturan el drama silencioso de la naturaleza y las emociones silenciosas de la gente común”.

Vale recordar que el premio de 10 millones de coronas suecas ($1,1 millones) lleva su nombre por el inventor de la dinamita y empresario Alfred Nobel y se ha otorgado desde 1901 a los logros en ciencia, literatura y paz, de acuerdo con su testamento. En 2019, la Academia Sueca nombró de manera excepcional a dos ganadores luego de posponer el premio de 2018 tras un escándalo de abuso sexual que involucró al marido de una de sus integrantes.

Como ha sucedido con buena parte de la vida pública en todo el mundo, los premios de este año han tenido lugar bajo la sombra de la pandemia de coronavirus, que condujo a la cancelación de la ostentosa ceremonia de entrega de los galardones, tradicionalmente llevada a cabo en diciembre en Estocolmo y que  en el actual 2020 será sustituida por un evento televisado en el cual los ganadores recibirán los honores en sus respectivos países.

Es de desear que la obra de la muy premiada Louise Glück en un futuro cercano circule entre los amantes cubanos de la poesía contemporánea, no por los numerosos galardones que se le han entregado sino porque su obra tiene el don de hablar directamente a los lectores a través de su gran y sutil arte

Foto tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LOUISE-GL%C3%9CCK-1170×876.jpg

Poemas de Pedro Llanes Delgado

Poemas de Pedro Llanes Delgado

Me parece que fue ayer cuando en pleno período especial, en la Editora Abril se estuvieron haciendo libros con la recortería de papel dejada como materia prima sobrante en los poligráficos habaneros. Aquella iniciativa, llevada a cabo en los tempranos años noventa, permitió publicar cuadernos literarios que, más allá de su tamaño reducido, tenían tanta calidad que llegaron a ganar el Premio de la Crítica. Entre esos títulos que nunca olvidaré por el impacto que causó en mí su lectura estuvo Diario del ángel, obra poética de Pedro Llanes Delgado, aparecida en 1993.

Nacido en Placetas en 1962, además del libro antes mencionado, entre los títulos publicados por Pedro Llanes Delgado están Sibilancia (1996), Icono y ubicuidad (2000), Sonetos de la estrella rota (2000), Partitura hecha por el sinsonte (2001), El fundidor de espadas (2003) y Del Norte y del Sur (2008).

Igualmente, textos suyos han sido incluidos en las antologías Mapa imaginario (con prólogo de Rolando Sánchez Mejías y patrocinio de la Embajada de Francia, La Habana, 1995), Las palabras son islas (panorama de la poesía cubana del Siglo XX) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999), Muestrario de la poesía placeteña (Editorial Capiro, Santa Clara, 2000), Antología de la poesía cósmica cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001), Una mirada (Editorial Luminaria, Sancti Spíritus, 2003), La estrella de Cuba(Inventario de una expedición) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004), Antología de los Premios de Poesía Nosside-2004 (Editorial Letras Cubanas y Citta´ del Sol Edizioni Reggio Calabria, Italia-La Habana, 2004), Yo he visto un cangrejo arando (Antología de la décima humorística cubana) (Editorial Capiro, Santa Clara, 2004), La madera sagrada (Vigía, Matanzas, 2005) y Rapsodia para el Che(Editorial Capiro, Santa Clara, 2005).

El libro de Pedro Llanes Delgado En la isla de las velas azules obtuvo el XIV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Después de eso, muy poco he sabido de este poeta (hoy residente en Estados Unidos), dueño de un discurso cohesionado por una suerte de lúdica simulación, cuyo sujeto es el lenguaje. Para Miradas Desde Adentro es un honor reproducir algunos poemas de Pedro Llanes Delgado.

PARA KATY

En tu copa veo las lápidas arremolinadas

y veo las ciudades en el silencio.

En tu copa veo las inmensas planicies

y también el rocío del amanecer.

Veo la lluvia maravillosa,

por la que escapan las bestias y los guerreros.

En tu copa veo sus rostros y sus ojos,

veo a una muchacha sobre las mieses.

En tu copa veo el vuelo de la gaviota hacia el norte

y las mariposas hechas de ascuas oscuras.

En tu copa veo los abismos sin fin.

En tu copa veo los árboles encantados

cuyas sombras caen dobladas contra el vacío.

En tu copa veo venir el abanico del fuego,

profuso y silencioso como la muerte.

En tu copa veo animales ajedrezados

y el resplandor del tilo y de la ciruela.

En tu copa veo un patio fragante y un mantel muy blanco.

OSCUROS GUERREROS AL BORDE DE LA PLANICIE…

Oscuros guerreros al borde de la planicie

derrumban el lucero chisporroteante

y el naipe nocturno de la floresta.

El espacio de las amapolas gira dentro del grillo

escondido en la hoja recién abierta

mientras la música sobre las tejas y las tataguas

incrusta su responsorio a ras del molino.

Siento a los oscuros guerreros,

deslizarse por las paredes del pozo

hasta una dimensión embebida

en la concavidad y la espuela en el liquen.

Oscuros guerreros al borde de la planicie

me buscan entre el susurro del agua

y los escarabajos que vienen a remansar.

La noche recompone en las sombras

sus guanteletes y sus rostros que escrutan

el cintillo húmedo de las pilastras.

He visto a los oscuros guerreros

  llevarme a través de las hilazas

de sus múltiples manos decapitadas,

para marcharse bruscamente por el agujero

y el batir de alas de la floresta.

AGUA, FULGOR

Hacia el atardecer las sombras son más suaves

y los maniquíes con lenta turbulencia vienen

a remover el agua de nosotros dos.

La misma agua que hechiza las siluetas,

donde corren los animales movedizos

y el flechero silencia sin saberlo.

Amada, déjame decir tu nombre

recóndito y misterioso como las aguas

que abren el círculo de la cuaresma.

En lo oscuro el desfiladero parte,

las entrecruzadas líneas de los maniquíes,

a quienes he visto irse por el remanso,

casi letánicos al atardecer.

Al atardecer el flechero se evapora,

y la araña de la sala ya no sueña,

porque está ardiendo también con tu fulgor.

EL PÁJARO REVOLOTEA…

El pájaro revolotea,

va y viene hasta el cielo,

y luego prueba a devorarme,

abrazado angustiosamente al abismo.

Lo he visto picotear con desaliento

enhiesto y resplandeciente mis manos y mis sienes,

como un nuncio de la inanición.

El pájaro se balancea

traído en la tempestad.

Siento su hoguera muy cercana

y uno a uno sus picotazos

que viajan siguiendo la muerte.

He despertado mientras se iba

aún ahíto de mi cuerpo

y no hice nada por detenerlo

ni detener su incesante revoloteo,

porque el pájaro dejaba de existir.

JINETES OSCUROS

Deja que la noche entre con sus nieblas

y sus jinetes oscuros en el molino;

deja que desparrame sus manos

recién llegadas a través del vacío,

y ven junto a mí por las sombras,

donde cantan sigilosas las bestias.

Ven sin mirar las siluetas

que mueven el espejo en la luz

y deja que la noche desparrame sus manos

y sus jinetes oscuros en el molino.

MINUET CON ARENA

Nada escucho en tu rostro

hecho de un cendal tembloroso,

ni en tus manos donde se abisma

la transparencia de las vastas marinas.

Te siento venir por la luz

y entre la luz escurrirte

en la ignición de la lluvia

cuando la pradera se enciende.

Amada, dame tus manos,

hermosas como la ceniza

para beber en la oscuridad

su melodía abisal.

Amada, toma mis manos,

refluyentes de fría arena

y escóndelas para siempre,

en el filo de los arroyos,

donde bate la inanición

y somos como ramilletes

lamidos por el vacío.

NADA SINO EL HILO…

Nada sino el hilo

difícil de la araña,

vuelta a la oquedad

ístmica del desván,

ora maestresala

donde plañe lo oscuro.

Una hebra es a otra

tabla, zaquizamí,

sin que sea la araña

quien desdobla nocturna

tensando la espiral

—tiara, pífano, luz—

y una y otra vez,

devenga para brujas,

ya jánica, dos caras,

hilandera luctuosa.

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Una de las cosas que más he hecho durante los meses de confinamiento en casa por el coronavirus ha sido leer. No puedo decir la cantidad de libros que he consumido entre los que he leído en formato digital con la ayuda del software que empleo como lector de pantalla, mi querido Jaws, y los que me ha leído mi novia, en unas sesiones de intercambios de criterios muy enriquecedoras para ambos. Sí tengo claro que uno de los títulos que más me ha impactado en este período es el titulado Los perros de Amundsen, poemario del holguinero José Luis Serrano publicado por la Editorial Letras Cubanas y que en el 2018 recibiera el premio Nicolás Guillén.

El puñado de sonetos aquí recogidos y galardonados por un jurado que estuvo integrado por Edel Morales, Rogelio Riverón y Yanelis Encinosa debería ser materia de estudio para todo el que se interese por los actuales derroteros de la poesía cubana. Ahora bien, solo una advertencia: nadie se piense que es una lectura fácil, ¡todo lo contrario! Quien desee adentrarse por lo que José Luis Serrano ha escrito en Los perros de Amundsen, debe hacerlo a sabiendas de que tendrá que disponer de un buen diccionario a mano, porque de no ser así, se perdería buena parte de lo que el autor nos propone.

Selección de poemas del libro Los perros de Amundsen

Por lo pronto y como pequeña muestra, en Miradas Desde Adentro publicamos una breve selección de un libro que en materia de poesía, nadie lo dude, es de los más importantes editados en nuestro país en los últimos años.

¿Depuraciones en la ludoteca?

¿Quiénes son los estúpidos que temen

a los frágiles músicos de Bremen?

Los masoquistas pagan su hipoteca.

Yo intercambio las cláusulas. Yo digo

una cosa por otra. En algún lado

estarán los botones, el cableado

de la perversa máquina. Al abrigo

de conjeturas tópicas confrontas

la realidad, las disyuntivas tontas

que nos conducen a engordar un cerdo.

Hay una dimensión en que la práxis

entra en conflicto con la profilaxis.

Hay una lógica del desacuerdo.

Hay sin lugar a dudas un desfase

entre la máquina que nos vigila

y la estructura sorda que asimila

la crudeza del dato. En el trasvase

los parámetros mutan. Toda magia

es un chantaje. Todo pase mágico

consiste en imponer un orden trágico.

Una fatalidad que se presagia.

Imperceptibles superestructuras.

Disfruta el cerdo sus enjuagaduras.

Detrás del esplendor está la inopia.

Mientras hay progreso habrá declive.

Es importante que el dolor se archive.

Todo lo que es verdad se fotocopia.

Bailan los muñecones tenebrosos.

La mano izquierda lava a la derecha.

Entre la multitud Pilato acecha.

Las utopías llegan con endoso.

Bestias que rumian en los pastizales.

Una felicidad inconsistente.

En el placer hay un dolor latente.

Olvidamos los ritos primordiales.

Los que van a acoplarse en el granero

no calcularon el cucarachero,

ni la humedad, ni el polvo. Habitaciones

donde solo se escucha el pizzicato

de la desilusión. Meprobamato

Diazepam. Tropicales depresiones.

Aquí terminan los desciframientos.

Entre los superhombres y la plabe

Hay un muñeco de impoluta nieve.

Combinatorias. Encadenamientos.

Un cúmulo de formas discursivas.

Una interpretación que desvincula

la causa del efecto y manipula

al objeto desde otras perspectivas

Montaje sin fisuras. Entre el acto

y la conciencia hay mecanismos, tracto,

carne deshidratada, tortas ácimas,

lipotimias, axiomas, arbolitos

de navidad, alcohol, pescados fritos,

insurrectos colgados de las guásimas.

Como por arte de birlibirloque

el receptor contagia al emisario.

Reducidos de placer involuntario

en el instante del electrochoque.

Levantan los apóstoles sus carpas.

Hemos comprobado todos los boletos

y seguimos ausentes e incompletos.

¿Dónde están los salterios y las arpas?

¿De qué sustancia somos el envase?

¿Escrutar a un objeto que no hace

más que fingir obedecer las leyes

mecanicistas por así complace

a los peritos? ¿Similar enlace

vincula a los bufones y los reyes?

Una felicidad que decepciona.

Que nadie se aproxime a la mezquita.

Aquí lo que hace falta es dinamita.

Aquí nos sobra la testosterona.

Trasplantes. Diálisis. Urocultivos.

¿Enfrentar de una vez al que más mea?

¿Darle estricnina al perro de pelea?

Hipotensores. Anticonceptivos.

Anatemas disueltos por la bula

Fornicación. Concupiscencia. Gula.

Adulterio. Pereza. Clic derecho.

Un par de bofetones y una multa.

El policía bueno nos indulta.

Salimos bien. Salimos por el techo.

Cuerpos que tienden a variar de estado

Es un error llamarles disolutos.

Para contravenir los estatutos

hay cierto personal autorizado.

Hay prendas de vestir fosforescentes.

Hay humo, hay frío, albaricoques, fresas.

Hay lagunas mentales. Hay tres mesas

ocupadas por tres adolescentes

con máscaras doradas. Pobrecitos.

Qué precarios, qué audibles, qué bonitos,

dentro de sus costosos envoltorios.

El huracán de la belleza amaina.

Hernán Cortés su espada desenvaina.

Convalecencias. Posoperatorios.

Nos inventamos acontecimientos.

La democracia encuentra a sus vasallos.

Dos cosas igualitas son los gallos

y las mujeres. Desmantelamientos.

Estaban dando la telenovela.

Es un revólver lo que necesitas.

Nos van a liquidar con sus tacitas

y sus biscochos de obediente muela.

Con más presión esperan que te ablandes.

Hay demasiados clítoris y glandes

en las pantallas. Válvulas pilóricas.

Contribuciones que no van al fisco.

Chivos expiatorios en el risco.

Retóricas. Retóricas. Retóricas.

El carnaval te aplica sus charangas

La oveja negra y el patico feo

pagan de sus bolsillos el paseo.

Prósperos vendedores de fritangas

capturan a la reina. Mojigangas

del carnaval. Feroz chisporroteo.

Las congas, las sirenas, el goteo

de los sueros, las incisivas tangas.

Se acercan los behiques con sus brevas

apestosas. ¿Abrirnos a las nuevas

causalidades? Sarta de guiñapos

que empinan sus canecas en cuclillas.

Han llegado los tristes cabecillas.

los malolientes y rabiosos capos.

La historia asoma su colmillo trunco

Las interpretaciones nos marean.

Tragedias que lo cómico bordean.

Rebaños infectados de carbunco.

Amordazada la ciudad se ahoga.

Esquizofrenias. Embrutecimientos.

Borrachos con disímiles talentos.

Convoyes que tantean el Ladoga.

Después que la utopía se desnutra

tendremos que elegir: el Kama Sutra,

el tornillo de banco o las chinampas.

Descalificación archisabida.

La culpabilidad es tu comida.

El plato de lentejas que te zampas.

¿Es una broma de los fabricantes?

¿Cuál es el truco? ¿Dónde está el piloto?

¿Al simulacro quién le pone coto?

¿Quién detiene al hatajo de farsantes?

Empiezan a bailar los primerizos.

Objetos ilusorios. Formas puras.

Distribuciones. Tráficos. Texturas.

Cámaras lentas. Nudos corredizos.

Nos quedan los museos, la impotencia

de los museos, la supervivencia

ficticia del zoológico. ¿Hasta cuándo

será el reinado de los energúmenos?

¿Una conspiración de catecúmenos?

¿Una prosperidad de contrabando?

¿Dónde estaban los toros de Pamplona?

¿Quiénes hicieron el primer envite?

¿Algún chivato dijo el escondite?

¿Un agujero negro nos succiona?

Pajas mentales. Cápsulas de ideas.

Un montón de utopías confinadas

en pomos de cristal y etiquetadas.

Un sistema de válvulas y apneas.

¿Caminar por lo oscuro como necios

o disfrutar la luz que a los efesios

recomendara Pablo? Consanguínea

precariedad que pone en entredicho

los despojos plantados en el nicho.

Entre el cuerpo y el alma hay una línea.

Cadáveres envueltos en sus mantas.

La conmiseración y sus enmiendas.

Al infierno se va por siete sendas

y las bifurcaciones no son tantas.

Desbordamientos. Cláusulas. Tembleques.

Formas de articular el amasijo.

Acepta el antropólogo cobijo

en los narcotizados bajareques.

¿Estamos en Ceilán? El agiotista

puede determinar a simple vista

la solvencia del prójimo. Un compendio

de alocuciones disimula el fiasco.

Pájaros que regresan al peñasco.

Objetos sustraídos del incendio.

Inoperantes focos de insurgencia

Los pobres ovacionan al famoso.

Ventrílocuos del títere rabioso.

Islas tocadas por la incandescencia.

No vamos a lograr con la docencia

lo que no pudo el sueño riguroso

de los patriarcas. El facineroso

sabe delimitar nuestra incumbencia.

Antes de comenzar te desmoronas.

Los cuerpos de caballos y personas

carbonizados. Un buche de sake

que nos haga volver. Unas granadas

que desmantelen nuestras barricadas.

Algo que nos obligue al contrataque.

Reflexiones debajo del enebro.

El triste beneficio de la duda.

Las ocho etapas que propone Buda.

Las circunvoluciones del cerebro.

El homo faber ama sus tarecos

tecnológicos. Nadie nos educa

en la contemplación. Dios se acurruca

en nuestro búnker, cámara de ecos

o campana de Gauss. ¿Incursiones

de las lesbianas y los maricones

en el dominio del dolor? Arcillas

que no comprendo, dices, que no culpo.

Los viscosos tentáculos del pulpo.

La perfección que muere de rodillas.

¿Alguien comprende las necesidades

de los vencidos? Frágil estamento.

¿Alguien sabe tocar el instrumento

dentro de cuyas posibilidades

y límites se expresa el repertorio

de los vencidos? Marcas de familia.

Estratos que conforman la vigilia,

las diferentes capas del velorio.

Que nadie se levante del pupitre

sin un par de utopías. El salitre

es un verdugo silencioso. Trepa

el buen salvaje al árbol, idolatra,

sufre… Lo mismo en Cuba que en Sumatra.

¿Alguien de estos capítulos discrepa?

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Nadie puede negar que una de las escritoras cubanas más exitosas en los últimos años hes la camagüeyana Legna Rodríguez Iglesias, en la actualidad residente en Miami, Estados Unidos. Uno de los últimos libros suyos que ha salido al mercado es el titulado Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2019). Este cuaderno resultó ganador del Premio Centrifugados de Poesía Joven 2019, que organiza Ediciones Liliputienses.

El texto está escrito a partir de la experiencia del embarazo / maternidad vivida por la creadora, quien además de poeta es narradora y autora de una obra teatral con la que ganase el Premio auspiciado por la Casa de las Américas en la categoría de teatro en el año 2016.

Según ha considerado la crítica, como libro en su conjunto “Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo expande el mapa personal que es, definitivamente, la poesía de Legna Rodríguez”.

En Miradas Desde Adentro publicamos dos poemas de este reciente libro de Legna Rodríguez Iglesias, volumen que aún no se ha editado en Cuba.

Llega un día en que la tristeza te abandona

He estado triste toda mi vida.

Incluso cuando he sido feliz

También he sido

A la par

Triste.

La tristeza me ha beneficiado

Y yo la tomo en cuenta

Para cuanta cosa

Emprenda.

No sé cómo será el mundo

El día que la tristeza me abandone

Cómo será mamá

Y el resto de las personas

Que ya no existen.

Me parece que hace días

Nada existe

Sólo yo y una uva

De dos centímetros

En mi útero.

La cosa en perspectiva

La figura del pez, tan manida,

La encuentro en un libro de crónicas sobre la caída del muro.

Una madre es un delta y su hijo es un pez.

Si el pez sale del delta antes de tiempo fallece.

Error.

El pez no se entera.

Fallece la madre.

Una madre es un muro hasta que su hijo fallece.

Cuando se produce el fallecimiento se produce también la caída.

Yo escribo la crónica sobre mí misma en forma de poema.

El poema es para mi pez.

Es decir para mi hijo

Que salió de su delta antes de tiempo.

Los escombros del muro están en una esquina.

Nadie toque ese cemento.

Poemas de Alberto Rodríguez Tosca

Poemas de Alberto Rodríguez Tosca

Alberto Rodríguez Tosca es un nombre imprescindible de la poesía cubana. Y digo es, así en presente, porque aunque él haya muerto en la madrugada del miércoles 16 de septiembre de 2015 para quienes le conocimos o simplemente fuimos sus fieles lectores, no cabe hablar en pasado de alguien que tan memorable literatura nos ha regalado.

En esa zona donde uno se guarda todo aquello que forma la memoria o, para ser más explícito aún, nuestra particular biblioteca cerebral, del decenio de los ochenta atesoro los decires de un grupo de poetas pertenecientes a mi generación y en el que figuraban, entre otros, Ramón Fernández Larrea, Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Damaris Calderón, Omar Pérez, María Elena Hernández, Carlos Alfonso, y de manera muy especial  Alberto Rodríguez Tosca  o Tosquita, como se le solía decir en los predios de la emisora Radio Ciudad…

Para Miradas Desde Adentro es un honor reproducir algunos textos de este gran poeta, cubano y universal.

Las derrotas

Aquí comienza la enumeración de mis derrotas. Las que me propiné y me propinaron. Les ordeno marchar en fila india como bestias marcadas con broquetas de azufre a la vista de una horda de ángeles. Les tapo los oídos para que no se distraigan con la euforia de los triunfadores. Las beso en la boca para que se distraigan con mi beso mientras pasa la quinta columna de los hombres felices. Este lunes, mis derrotas y yo nos pusimos de acuerdo para mirarnos a los ojos. Ya nos estamos viendo, rozando con los dedos, casi amándonos a la sombra indiferente de un cielo en llamas: Amigos idos, cuerpos enfermos, espíritus en ruina, vinos baratos, endiablados alcoholes, heridas en la cara, lenguas traidoras, mujeres en fuga, puertas clausuradas, plegarias, miedos, hambres, fiebres, cansancios, filias, fobias, héroes, mártires, extravíos de fe, hojas en blanco, naves a la deriva, falsos poemas, entierros, destierros, nombres propios, recónditos adioses, mis 38 años, todas las tumbas: mi madre en una de ellas, y polvo, polvo, mucho polvo cayendo sobre la realidad como chispas de agua sin consagrar en un bautizo embrujado. Ya fueron despedidas todas las plañideras. No habrá lamentos pero habrá un gemido. Un solitario gemido de papel a la luz de dos lunas. La mía y la vieja luna del mundo sobre cuyas laderas se acuestan con la muerte todos los derrotados. Buenos días, siglo. Por fin nos encontramos. Ojalá no hayamos llegado tarde a la cita.

Los muertos y la luna

al milagro de vivir suma el milagro

de seguir viviendo no preguntes por qué

no preguntes conserva tu ignorancia

sobre la seducción de los escarabajos

nocturnos ladea el rostro y esquiva la mirada

de esos arqueólogos del conocimiento

compra un ramo de espinas y sale a repartirlo

cada peatón espera con ansia su pequeña

mordedura de plata no preguntes por qué no

preguntes simplemente camina y al filo

de la noche acércate a una vidriera contempla

fijamente tu rostro como si fuera de otro

(en realidad no es tuyo) ese otro sabrá explicar

lo que sucede después lava tus manos en todas

las pilas bautismales sécalas con el viento

no mires hacia atrás no mires camina

simplemente camina y ruega porque ningún

desprevenido reproduzca el juego (es peligroso

jugar cuando se borraron las reglas de antemano)

no preguntes por qué no preguntes lo que sólo

los muertos y la luna podrían responder.

Mi sombra y yo

No estamos para nadie mi sombra y yo. No estamos para el cobrador de impuestos, la prostituta, el argonauta, el ministro, el alienígena, el banquero, el

bibliotecario, la viuda alegre, la monja, el cura, el pastor cuáquero, el hijo pródigo, el aprendiz de brujo ni para el último de los Mohicanos. No estamos

para el Señor de los Anillos, el Corsario Negro, el dueño de las nubes, el cazador solitario, la voz de la conciencia, la mejor usanza, los días de guardar,

el Ángel de la Jiribilla, los ratones de Hamelin, el Cardenal Masarino, Rómulo y Remo, Hansel y Gretel, Tristán e Isolda, Jonás y su ballena, San Jorge

y su dragón. No estamos para el coleccionista de mariposas, el general de cinco estrellas, el soldado desconocido, el vendedor de Biblias, la niña, el

parapléjico, el suicida, el borracho, el proxeneta, el médico de guardia, el terrorista talibán, el falso amigo, el jugador de póker, el corredor de bolsa,

el contrabandista de huracanes. No estamos ni para Dios si llega con sus perros a llevarse mi sombra.

Todos los días lo mismo

todos los días lo mismo levantarse

tomar café bañarse vestirse salir a

caminar lo mismo todos los días todos

lunes martes miércoles jueves viernes

la misma resurrección después de una

madrugada de muerte todos los días

saludar beber comer besar a una mujer

desear la del prójimo sentir envidia por

el que sonrió sábado domingo lunes

martes miércoles jueves pagar cuentas

hablar siempre de más despedir amigos

masturbarse con rabia vender el alma

al diablo negar asentir (no señor sí señor)

redactar burdas lamentaciones que no

conducen si no a todos los días lo mismo

burlar las leyes acatarlas sortear deudas

dudar mentir reír llorar huir pedir perdón

arrepentirse hojear la prensa arrepentirse

escuchar la radio arrepentirse (se acaba

el mundo) viernes sábado domingo vagar

como alma en pena por calles de otros

tropezar en ellas con lánguidos transeúntes

enceguecidos por la indiferencia del ser

la inmortalidad del miedo y la rueda dentada

de la repetición todos los días lo mismo

todos los días lo mismo todos los días.

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