Categoría: Literatura

Selección de poemas de Louise Glück

Selección de poemas de Louise Glück

La poeta estadounidense Louise Glück fue la galardonada en este 2020 con el Premio Nobel de Literatura. Nacida en New York, la también profesora universitaria  ha sido reconocida por publicar doce libros de poesía y ensayos sobre el género.

El primer título de Louise Glück que vio la luz fue  Firstborn, el texto con el que se le comenzó a promocionar como una de las mejores poetas estadounidenses del período comprendido entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. Para divulgar algo de la poesía de Louise Glück, poco o nada conocida en Cuba, hoy en Miradas Desde Adentro publicamos algunos textos de esta destacada escritora estadounidense.

Amante de las flores

En nuestra familia, todos aman las flores.

Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:

sin flores, sólo herméticas fincas de hierba

con placas de granito en el centro:

las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras

llena de mugre algunas veces…

Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:

una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre

a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de

ladrillo.

Cada primavera, espera las flores.

Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende

que es mi madre quien paga; después de todo,

es su jardín y cada flor

es para mi padre. Ambas ven

la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.

El verano es, a veces, muy caluroso,

y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.

Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,

eran tan frágiles…

Del libro Ararat (1990)

Traducción de Abraham Gragera López. Pre-Textos, 2008

Lago en el cráter

Entre el bien y el mal hubo una guerra.

Decidimos que el cuerpo fuese el bien.

Eso hizo que el mal fuese la muerte,

que el alma se volviera

completamente en contra de la muerte.

Como un soldado que desea

servir a un gran señor, el alma

desea cerrar filas con el cuerpo.

Se puso en contra de la oscuridad,

en contra de las formas de la muerte

que reconocía.

De dónde viene la voz

que dice: y si la guerra

fuese el mal, que dice

y si fue el cuerpo el que nos hizo esto,

nos hizo tener miedo del amor.

Del libro Averno (2006)

Traducción de Abraham Gragera López y Ruth Miguel Franco. Pre-Textos, 2011

Las siete edades

En mi primer sueño el mundo parecía

lo salado, lo amargo, lo prohibido, lo dulce

En mi segundo sueño descendía,

era humana, no veía nada de nada

bestia como soy

debía tocarlo, contenerlo

me escondí en la arboleda,

trabajé en los campos hasta que quedaron yermos

un tiempo

que nunca volverá-

el trigo seco en gravillas, cajones

de higos y aceitunas

Hasta amé alguna vez, a mi manera

repugnante, humana

y como todo el mundo llamé a ese logro

libertad erótica,

por absurdo que parezca

El trigo cosechado, almacenado; seca

la última fruta: el tiempo

que se acumula, sin usar,

¿también termina?

Del libro Las siete edades (2001)

Traducción de Mirta Rosenberg. Pre-Textos, 2011

La decisión de Odiseo

El gran hombre le da la espalda a la

     isla.

Su muerte no sucederá ya en el

     paraíso

ni volverá a oír

los laudes del paraíso entre los olivos,

junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

   Da

comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez

ese latido que es la narración

del mar, al alba cuando su atracción es más

     fuerte.

Lo que nos trajo hasta aquí

nos sacará de aquí; nuestra nave

se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.

Devuélvele su vida,

mar que sólo sabes avanzar.

Del libro Praderas (1996)

Traducción de Andrés Catalán. Pre-Textos, 2017

El vestido

Se me secó el alma.

Como un alma arrojada al fuego,

pero no del todo,

no hasta la aniquilación. Sedienta,

siguió adelante. Crispada,

no por la soledad sino por la desconfianza,

el resultado de la violencia.

El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,

a quedar expuesto un momento,

temblando, como antes

de tu entrega a lo divino;

el espíritu fue seducido, debido a su soledad,

por la promesa de la gracia.

¿Cómo vas a volver a confiar

en el amor de otro ser?

Mi alma se marchitó y se encogió.

El cuerpo se convirtió en un vestido demasiado

grande

para ella.

Y cuando recuperé la esperanza,

era una esperanza completamente distinta.

Del libro Vita nova (1999)

Traducción de Mariano Peyrou. Pre-Textos, 2014….

Foto Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LOUISE-GL%C3%9CCK-1170×876.jpg

Para conocer más a Louise Glück, Premio Nobel de literatura 2020.

Para conocer más a Louise Glück, Premio Nobel de literatura 2020.

Aunque para los cubanos la poeta estadounidense Louise Glück, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020, es una perfecta desconocida, ella resulta una figura con sumo prestigio en el ámbito de las letras en su país natal. Profesora de la Universidad de Yale (uno de los centros de altos estudios más afamados en el ámbito académico de USA), Glück, de 77 años, fue muy elogiada en 1968 con su primer libro publicado, Firstborn, y a partir de entonces se convirtió en una de las poetas y ensayistas de mayor destaque de la literatura contemporánea estadounidense.

Temas en la obra de Louise Glück

La infancia y la vida en familia de esta escritora nacida en Nueva York, la estrecha relación entre los padres y los hermanos y hermanas son algunos de los temas en los que ha centrado su obra. Según ha trascendido, cuando el pasado jueves 8 de octubre la Academia Sueca informó del galardón concedido a Louise Glück, ella  fue premiada por su “inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, torna la existencia individual universal”.

El presidente del Comité del Nobel expresó que Glück es “una poeta del cambio radical y del renacimiento. No solo está comprometida con los errores y las condiciones cambiantes de la vida, sino que también es una poeta del cambio radical y el renacimiento, donde el salto adelante se da desde un profundo sentimiento de pérdida. En uno de sus libros más elogiados (en total son 12, tanto de poesía como de ensayo), The Wild Iris (1992), por el que recibió el premio Pulitzer, describe el milagroso regreso de la vida después del invierno en el poema “Campanilla de las nieves”.

La Academia Sueca dijo que en la obra de Louise Glück “el yo escucha lo que queda de sus sueños e ilusiones y nadie puede ser más duro que ella para confrontar las ilusiones del yo”. Al compararla  con otros autores, los encargados de concederle el Premio Nobel de Literatura manifestaron que Glück recordaba a la poeta estadounidense del siglo XIX Emily Dickinson en su “severidad y su renuencia a aceptar los simples dogmas de la fe”.

Esta autora estadounidense es la decimosexta mujer en ganar la distinción literaria más prestigiosa del mundo desde que se lanzaron los premios Nobel hace más de un siglo. Erica McAlpine, profesora asociada de Inglés de la británica Universidad de Oxford, afirmó que Glück “ha conseguido sentirse urgentemente contemporánea y al mismo tiempo atemporal”.

“La tristeza ocasional de su voz habla especialmente bien de nuestro momento presente y, aún así, su poesía siempre ha estado íntimamente conectada con la extensa tradición poética que hay detrás”, agregó la profesora Erica McAlpine. Según esta propia académica, en los poemas de Louise Glück, “el amor, la pérdida, el deseo y la belleza usan el vestido específico de su propia vida mientras vuelve lo cotidiano en algo mítico”.

Aunque como escritora en su poesía Louise recurre a las experiencias vividas por ella (se divorció dos veces y sufrió de anorexia en su juventud), la crítica considera que en su discurso poético  explora temas universales que resuenan con los lectores de Estados Unidos y el extranjero.

Otros galardones otorgados

Otros galardones otorgados a Louise Glück, además del Premio Nobel de Literatura y el premio Pulitzer, son el Poet Laurate de Estados Unidos en 2003/04, el National Book Award por su colección Faithful and Virtuous Night en 2014 y la Medalla Nacional de las Artes y Humanidades de USA en 2015, entregada a la escritora por el entonces presidente estadounidense Barack Obama. En aquella ocasión, hace ya cinco años, Obama expresó que sus “poemas inquisitivos capturan el drama silencioso de la naturaleza y las emociones silenciosas de la gente común”.

Vale recordar que el premio de 10 millones de coronas suecas ($1,1 millones) lleva su nombre por el inventor de la dinamita y empresario Alfred Nobel y se ha otorgado desde 1901 a los logros en ciencia, literatura y paz, de acuerdo con su testamento. En 2019, la Academia Sueca nombró de manera excepcional a dos ganadores luego de posponer el premio de 2018 tras un escándalo de abuso sexual que involucró al marido de una de sus integrantes.

Como ha sucedido con buena parte de la vida pública en todo el mundo, los premios de este año han tenido lugar bajo la sombra de la pandemia de coronavirus, que condujo a la cancelación de la ostentosa ceremonia de entrega de los galardones, tradicionalmente llevada a cabo en diciembre en Estocolmo y que  en el actual 2020 será sustituida por un evento televisado en el cual los ganadores recibirán los honores en sus respectivos países.

Es de desear que la obra de la muy premiada Louise Glück en un futuro cercano circule entre los amantes cubanos de la poesía contemporánea, no por los numerosos galardones que se le han entregado sino porque su obra tiene el don de hablar directamente a los lectores a través de su gran y sutil arte

Foto tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LOUISE-GL%C3%9CCK-1170×876.jpg

Poemas de Pedro Llanes Delgado

Poemas de Pedro Llanes Delgado

Me parece que fue ayer cuando en pleno período especial, en la Editora Abril se estuvieron haciendo libros con la recortería de papel dejada como materia prima sobrante en los poligráficos habaneros. Aquella iniciativa, llevada a cabo en los tempranos años noventa, permitió publicar cuadernos literarios que, más allá de su tamaño reducido, tenían tanta calidad que llegaron a ganar el Premio de la Crítica. Entre esos títulos que nunca olvidaré por el impacto que causó en mí su lectura estuvo Diario del ángel, obra poética de Pedro Llanes Delgado, aparecida en 1993.

Nacido en Placetas en 1962, además del libro antes mencionado, entre los títulos publicados por Pedro Llanes Delgado están Sibilancia (1996), Icono y ubicuidad (2000), Sonetos de la estrella rota (2000), Partitura hecha por el sinsonte (2001), El fundidor de espadas (2003) y Del Norte y del Sur (2008).

Igualmente, textos suyos han sido incluidos en las antologías Mapa imaginario (con prólogo de Rolando Sánchez Mejías y patrocinio de la Embajada de Francia, La Habana, 1995), Las palabras son islas (panorama de la poesía cubana del Siglo XX) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999), Muestrario de la poesía placeteña (Editorial Capiro, Santa Clara, 2000), Antología de la poesía cósmica cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001), Una mirada (Editorial Luminaria, Sancti Spíritus, 2003), La estrella de Cuba(Inventario de una expedición) (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004), Antología de los Premios de Poesía Nosside-2004 (Editorial Letras Cubanas y Citta´ del Sol Edizioni Reggio Calabria, Italia-La Habana, 2004), Yo he visto un cangrejo arando (Antología de la décima humorística cubana) (Editorial Capiro, Santa Clara, 2004), La madera sagrada (Vigía, Matanzas, 2005) y Rapsodia para el Che(Editorial Capiro, Santa Clara, 2005).

El libro de Pedro Llanes Delgado En la isla de las velas azules obtuvo el XIV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Después de eso, muy poco he sabido de este poeta (hoy residente en Estados Unidos), dueño de un discurso cohesionado por una suerte de lúdica simulación, cuyo sujeto es el lenguaje. Para Miradas Desde Adentro es un honor reproducir algunos poemas de Pedro Llanes Delgado.

PARA KATY

En tu copa veo las lápidas arremolinadas

y veo las ciudades en el silencio.

En tu copa veo las inmensas planicies

y también el rocío del amanecer.

Veo la lluvia maravillosa,

por la que escapan las bestias y los guerreros.

En tu copa veo sus rostros y sus ojos,

veo a una muchacha sobre las mieses.

En tu copa veo el vuelo de la gaviota hacia el norte

y las mariposas hechas de ascuas oscuras.

En tu copa veo los abismos sin fin.

En tu copa veo los árboles encantados

cuyas sombras caen dobladas contra el vacío.

En tu copa veo venir el abanico del fuego,

profuso y silencioso como la muerte.

En tu copa veo animales ajedrezados

y el resplandor del tilo y de la ciruela.

En tu copa veo un patio fragante y un mantel muy blanco.

OSCUROS GUERREROS AL BORDE DE LA PLANICIE…

Oscuros guerreros al borde de la planicie

derrumban el lucero chisporroteante

y el naipe nocturno de la floresta.

El espacio de las amapolas gira dentro del grillo

escondido en la hoja recién abierta

mientras la música sobre las tejas y las tataguas

incrusta su responsorio a ras del molino.

Siento a los oscuros guerreros,

deslizarse por las paredes del pozo

hasta una dimensión embebida

en la concavidad y la espuela en el liquen.

Oscuros guerreros al borde de la planicie

me buscan entre el susurro del agua

y los escarabajos que vienen a remansar.

La noche recompone en las sombras

sus guanteletes y sus rostros que escrutan

el cintillo húmedo de las pilastras.

He visto a los oscuros guerreros

  llevarme a través de las hilazas

de sus múltiples manos decapitadas,

para marcharse bruscamente por el agujero

y el batir de alas de la floresta.

AGUA, FULGOR

Hacia el atardecer las sombras son más suaves

y los maniquíes con lenta turbulencia vienen

a remover el agua de nosotros dos.

La misma agua que hechiza las siluetas,

donde corren los animales movedizos

y el flechero silencia sin saberlo.

Amada, déjame decir tu nombre

recóndito y misterioso como las aguas

que abren el círculo de la cuaresma.

En lo oscuro el desfiladero parte,

las entrecruzadas líneas de los maniquíes,

a quienes he visto irse por el remanso,

casi letánicos al atardecer.

Al atardecer el flechero se evapora,

y la araña de la sala ya no sueña,

porque está ardiendo también con tu fulgor.

EL PÁJARO REVOLOTEA…

El pájaro revolotea,

va y viene hasta el cielo,

y luego prueba a devorarme,

abrazado angustiosamente al abismo.

Lo he visto picotear con desaliento

enhiesto y resplandeciente mis manos y mis sienes,

como un nuncio de la inanición.

El pájaro se balancea

traído en la tempestad.

Siento su hoguera muy cercana

y uno a uno sus picotazos

que viajan siguiendo la muerte.

He despertado mientras se iba

aún ahíto de mi cuerpo

y no hice nada por detenerlo

ni detener su incesante revoloteo,

porque el pájaro dejaba de existir.

JINETES OSCUROS

Deja que la noche entre con sus nieblas

y sus jinetes oscuros en el molino;

deja que desparrame sus manos

recién llegadas a través del vacío,

y ven junto a mí por las sombras,

donde cantan sigilosas las bestias.

Ven sin mirar las siluetas

que mueven el espejo en la luz

y deja que la noche desparrame sus manos

y sus jinetes oscuros en el molino.

MINUET CON ARENA

Nada escucho en tu rostro

hecho de un cendal tembloroso,

ni en tus manos donde se abisma

la transparencia de las vastas marinas.

Te siento venir por la luz

y entre la luz escurrirte

en la ignición de la lluvia

cuando la pradera se enciende.

Amada, dame tus manos,

hermosas como la ceniza

para beber en la oscuridad

su melodía abisal.

Amada, toma mis manos,

refluyentes de fría arena

y escóndelas para siempre,

en el filo de los arroyos,

donde bate la inanición

y somos como ramilletes

lamidos por el vacío.

NADA SINO EL HILO…

Nada sino el hilo

difícil de la araña,

vuelta a la oquedad

ístmica del desván,

ora maestresala

donde plañe lo oscuro.

Una hebra es a otra

tabla, zaquizamí,

sin que sea la araña

quien desdobla nocturna

tensando la espiral

—tiara, pífano, luz—

y una y otra vez,

devenga para brujas,

ya jánica, dos caras,

hilandera luctuosa.

Minicuentos de Ana Teresa Guillemí Moreno

Minicuentos de Ana Teresa Guillemí Moreno

Conozco a la cienfueguera Ana Teresa Guillemí Moreno hace tantos años que ya no quiero acordarme de cuántos son. Nuestro primer encuentro fue en Santiago de Cuba, a propósito de un evento de jóvenes auspiciados por la Asociación Nacional del Ciego, en el que participábamos personas con dicha discapacidad visual y otras que colaboraban voluntariamente con nuestra organización. Ese era el caso de Ana Teresa, que por entonces estudiaba la Licenciatura en Letras.

De entonces a acá ha llovido mucho y mi amiga Ana Teresa Guillemí Moreno vse ha desempeñado en diferentes responsabilidades, como por ejemplo metodóloga provincial de Literatura en Cienfuegos o al frente de la filial de la UNEAC. Pero lo en verdad importante es que Ana Teresa ha continuado siendo la misma muchacha con la que hice amistad en aquellas jornadas santiagueras de hace montones de años, portadora de idéntica pasión por escribir cuentos y poesía, tanto para niños como para adultos.

La última vez que coincidimos fue hace alrededor de tres años, a propósito de una visita mía de trabajo a Cienfuegos. En medio del intenso plan de actividades en el que yo tenía que participar, saqué tiempo para irme a compartir un rato en un café con Ana Teresa y con mi también amigo Andrés Sánchez, primer presidente provincial de la ANCI cienfueguera y una de las personas a las que más le agradezco en mi formación cuando yo era un adolescente. Ese día, Guillemí Moreno me regaló un ejemplar de un libro en braille, del que extraigo los minicuentos que aquí reproduzco.

ALICIA

No puede creerlo. Se ve atrapada en un  punto increíble donde constantemente matan a la fantasía.

Ve al Conejo corriendo porque no se lo coman, al Lirón tomando píldoras para el insomnio y a la sonrisa del gato de Chesire, transformada en una mueca indescifrable.

Desmaravillada, Alicia pide a la Reina de Corazones que le corte la cabeza.

DE PIEDRA

Dos piedras rodando se encontraron, se rozaron y surgió la chispa del amor.

La gente decía: ¡Con lo cuadrado que es él, sin embargo, ella tiene alma de artista! Y así era, ella tenía diferentes modos de ver las cosas, de mostrarse ante los demás. Lo que no variaba era la forma de quererlo a él, así que Adoquín y Adocreto se casaron, vivieron felices y comieron perdices.

EL DILEMA DE PINOCHO

La mujer de Pinocho lo abandonó. Él, se puso como loco: parado ante el espejo lloraba espesas lágrimas de aserrín.

Al cabo de los días, se decidió y esperanzado, fue a ver a un carpintero para que le serruchara la nariz.

Pero su mujer no volvió: ella lo había abandonado por mentiroso, no por narizón.

JUEGO DE NIÑOS

Los niños juegan a la guerra. El barullo es enorme. La madre, despeinada de impotencia,trata de contenerlos.

Su ¡está bueno yaaa! No sirve de mucho: los dos hijos menores mueren en zafarrancho de combate; el mayor se sopla el humeante dedo-pistola y sonríe. Su puntería es muy exacta.

La madre siempre ha sospechado que este hijo es abikú pero nunca le puso cadena en el tobillo. Ahora le pesa.

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Una de las cosas que más he hecho durante los meses de confinamiento en casa por el coronavirus ha sido leer. No puedo decir la cantidad de libros que he consumido entre los que he leído en formato digital con la ayuda del software que empleo como lector de pantalla, mi querido Jaws, y los que me ha leído mi novia, en unas sesiones de intercambios de criterios muy enriquecedoras para ambos. Sí tengo claro que uno de los títulos que más me ha impactado en este período es el titulado Los perros de Amundsen, poemario del holguinero José Luis Serrano publicado por la Editorial Letras Cubanas y que en el 2018 recibiera el premio Nicolás Guillén.

El puñado de sonetos aquí recogidos y galardonados por un jurado que estuvo integrado por Edel Morales, Rogelio Riverón y Yanelis Encinosa debería ser materia de estudio para todo el que se interese por los actuales derroteros de la poesía cubana. Ahora bien, solo una advertencia: nadie se piense que es una lectura fácil, ¡todo lo contrario! Quien desee adentrarse por lo que José Luis Serrano ha escrito en Los perros de Amundsen, debe hacerlo a sabiendas de que tendrá que disponer de un buen diccionario a mano, porque de no ser así, se perdería buena parte de lo que el autor nos propone.

Selección de poemas del libro Los perros de Amundsen

Por lo pronto y como pequeña muestra, en Miradas Desde Adentro publicamos una breve selección de un libro que en materia de poesía, nadie lo dude, es de los más importantes editados en nuestro país en los últimos años.

¿Depuraciones en la ludoteca?

¿Quiénes son los estúpidos que temen

a los frágiles músicos de Bremen?

Los masoquistas pagan su hipoteca.

Yo intercambio las cláusulas. Yo digo

una cosa por otra. En algún lado

estarán los botones, el cableado

de la perversa máquina. Al abrigo

de conjeturas tópicas confrontas

la realidad, las disyuntivas tontas

que nos conducen a engordar un cerdo.

Hay una dimensión en que la práxis

entra en conflicto con la profilaxis.

Hay una lógica del desacuerdo.

Hay sin lugar a dudas un desfase

entre la máquina que nos vigila

y la estructura sorda que asimila

la crudeza del dato. En el trasvase

los parámetros mutan. Toda magia

es un chantaje. Todo pase mágico

consiste en imponer un orden trágico.

Una fatalidad que se presagia.

Imperceptibles superestructuras.

Disfruta el cerdo sus enjuagaduras.

Detrás del esplendor está la inopia.

Mientras hay progreso habrá declive.

Es importante que el dolor se archive.

Todo lo que es verdad se fotocopia.

Bailan los muñecones tenebrosos.

La mano izquierda lava a la derecha.

Entre la multitud Pilato acecha.

Las utopías llegan con endoso.

Bestias que rumian en los pastizales.

Una felicidad inconsistente.

En el placer hay un dolor latente.

Olvidamos los ritos primordiales.

Los que van a acoplarse en el granero

no calcularon el cucarachero,

ni la humedad, ni el polvo. Habitaciones

donde solo se escucha el pizzicato

de la desilusión. Meprobamato

Diazepam. Tropicales depresiones.

Aquí terminan los desciframientos.

Entre los superhombres y la plabe

Hay un muñeco de impoluta nieve.

Combinatorias. Encadenamientos.

Un cúmulo de formas discursivas.

Una interpretación que desvincula

la causa del efecto y manipula

al objeto desde otras perspectivas

Montaje sin fisuras. Entre el acto

y la conciencia hay mecanismos, tracto,

carne deshidratada, tortas ácimas,

lipotimias, axiomas, arbolitos

de navidad, alcohol, pescados fritos,

insurrectos colgados de las guásimas.

Como por arte de birlibirloque

el receptor contagia al emisario.

Reducidos de placer involuntario

en el instante del electrochoque.

Levantan los apóstoles sus carpas.

Hemos comprobado todos los boletos

y seguimos ausentes e incompletos.

¿Dónde están los salterios y las arpas?

¿De qué sustancia somos el envase?

¿Escrutar a un objeto que no hace

más que fingir obedecer las leyes

mecanicistas por así complace

a los peritos? ¿Similar enlace

vincula a los bufones y los reyes?

Una felicidad que decepciona.

Que nadie se aproxime a la mezquita.

Aquí lo que hace falta es dinamita.

Aquí nos sobra la testosterona.

Trasplantes. Diálisis. Urocultivos.

¿Enfrentar de una vez al que más mea?

¿Darle estricnina al perro de pelea?

Hipotensores. Anticonceptivos.

Anatemas disueltos por la bula

Fornicación. Concupiscencia. Gula.

Adulterio. Pereza. Clic derecho.

Un par de bofetones y una multa.

El policía bueno nos indulta.

Salimos bien. Salimos por el techo.

Cuerpos que tienden a variar de estado

Es un error llamarles disolutos.

Para contravenir los estatutos

hay cierto personal autorizado.

Hay prendas de vestir fosforescentes.

Hay humo, hay frío, albaricoques, fresas.

Hay lagunas mentales. Hay tres mesas

ocupadas por tres adolescentes

con máscaras doradas. Pobrecitos.

Qué precarios, qué audibles, qué bonitos,

dentro de sus costosos envoltorios.

El huracán de la belleza amaina.

Hernán Cortés su espada desenvaina.

Convalecencias. Posoperatorios.

Nos inventamos acontecimientos.

La democracia encuentra a sus vasallos.

Dos cosas igualitas son los gallos

y las mujeres. Desmantelamientos.

Estaban dando la telenovela.

Es un revólver lo que necesitas.

Nos van a liquidar con sus tacitas

y sus biscochos de obediente muela.

Con más presión esperan que te ablandes.

Hay demasiados clítoris y glandes

en las pantallas. Válvulas pilóricas.

Contribuciones que no van al fisco.

Chivos expiatorios en el risco.

Retóricas. Retóricas. Retóricas.

El carnaval te aplica sus charangas

La oveja negra y el patico feo

pagan de sus bolsillos el paseo.

Prósperos vendedores de fritangas

capturan a la reina. Mojigangas

del carnaval. Feroz chisporroteo.

Las congas, las sirenas, el goteo

de los sueros, las incisivas tangas.

Se acercan los behiques con sus brevas

apestosas. ¿Abrirnos a las nuevas

causalidades? Sarta de guiñapos

que empinan sus canecas en cuclillas.

Han llegado los tristes cabecillas.

los malolientes y rabiosos capos.

La historia asoma su colmillo trunco

Las interpretaciones nos marean.

Tragedias que lo cómico bordean.

Rebaños infectados de carbunco.

Amordazada la ciudad se ahoga.

Esquizofrenias. Embrutecimientos.

Borrachos con disímiles talentos.

Convoyes que tantean el Ladoga.

Después que la utopía se desnutra

tendremos que elegir: el Kama Sutra,

el tornillo de banco o las chinampas.

Descalificación archisabida.

La culpabilidad es tu comida.

El plato de lentejas que te zampas.

¿Es una broma de los fabricantes?

¿Cuál es el truco? ¿Dónde está el piloto?

¿Al simulacro quién le pone coto?

¿Quién detiene al hatajo de farsantes?

Empiezan a bailar los primerizos.

Objetos ilusorios. Formas puras.

Distribuciones. Tráficos. Texturas.

Cámaras lentas. Nudos corredizos.

Nos quedan los museos, la impotencia

de los museos, la supervivencia

ficticia del zoológico. ¿Hasta cuándo

será el reinado de los energúmenos?

¿Una conspiración de catecúmenos?

¿Una prosperidad de contrabando?

¿Dónde estaban los toros de Pamplona?

¿Quiénes hicieron el primer envite?

¿Algún chivato dijo el escondite?

¿Un agujero negro nos succiona?

Pajas mentales. Cápsulas de ideas.

Un montón de utopías confinadas

en pomos de cristal y etiquetadas.

Un sistema de válvulas y apneas.

¿Caminar por lo oscuro como necios

o disfrutar la luz que a los efesios

recomendara Pablo? Consanguínea

precariedad que pone en entredicho

los despojos plantados en el nicho.

Entre el cuerpo y el alma hay una línea.

Cadáveres envueltos en sus mantas.

La conmiseración y sus enmiendas.

Al infierno se va por siete sendas

y las bifurcaciones no son tantas.

Desbordamientos. Cláusulas. Tembleques.

Formas de articular el amasijo.

Acepta el antropólogo cobijo

en los narcotizados bajareques.

¿Estamos en Ceilán? El agiotista

puede determinar a simple vista

la solvencia del prójimo. Un compendio

de alocuciones disimula el fiasco.

Pájaros que regresan al peñasco.

Objetos sustraídos del incendio.

Inoperantes focos de insurgencia

Los pobres ovacionan al famoso.

Ventrílocuos del títere rabioso.

Islas tocadas por la incandescencia.

No vamos a lograr con la docencia

lo que no pudo el sueño riguroso

de los patriarcas. El facineroso

sabe delimitar nuestra incumbencia.

Antes de comenzar te desmoronas.

Los cuerpos de caballos y personas

carbonizados. Un buche de sake

que nos haga volver. Unas granadas

que desmantelen nuestras barricadas.

Algo que nos obligue al contrataque.

Reflexiones debajo del enebro.

El triste beneficio de la duda.

Las ocho etapas que propone Buda.

Las circunvoluciones del cerebro.

El homo faber ama sus tarecos

tecnológicos. Nadie nos educa

en la contemplación. Dios se acurruca

en nuestro búnker, cámara de ecos

o campana de Gauss. ¿Incursiones

de las lesbianas y los maricones

en el dominio del dolor? Arcillas

que no comprendo, dices, que no culpo.

Los viscosos tentáculos del pulpo.

La perfección que muere de rodillas.

¿Alguien comprende las necesidades

de los vencidos? Frágil estamento.

¿Alguien sabe tocar el instrumento

dentro de cuyas posibilidades

y límites se expresa el repertorio

de los vencidos? Marcas de familia.

Estratos que conforman la vigilia,

las diferentes capas del velorio.

Que nadie se levante del pupitre

sin un par de utopías. El salitre

es un verdugo silencioso. Trepa

el buen salvaje al árbol, idolatra,

sufre… Lo mismo en Cuba que en Sumatra.

¿Alguien de estos capítulos discrepa?

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Nadie puede negar que una de las escritoras cubanas más exitosas en los últimos años hes la camagüeyana Legna Rodríguez Iglesias, en la actualidad residente en Miami, Estados Unidos. Uno de los últimos libros suyos que ha salido al mercado es el titulado Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2019). Este cuaderno resultó ganador del Premio Centrifugados de Poesía Joven 2019, que organiza Ediciones Liliputienses.

El texto está escrito a partir de la experiencia del embarazo / maternidad vivida por la creadora, quien además de poeta es narradora y autora de una obra teatral con la que ganase el Premio auspiciado por la Casa de las Américas en la categoría de teatro en el año 2016.

Según ha considerado la crítica, como libro en su conjunto “Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo expande el mapa personal que es, definitivamente, la poesía de Legna Rodríguez”.

En Miradas Desde Adentro publicamos dos poemas de este reciente libro de Legna Rodríguez Iglesias, volumen que aún no se ha editado en Cuba.

Llega un día en que la tristeza te abandona

He estado triste toda mi vida.

Incluso cuando he sido feliz

También he sido

A la par

Triste.

La tristeza me ha beneficiado

Y yo la tomo en cuenta

Para cuanta cosa

Emprenda.

No sé cómo será el mundo

El día que la tristeza me abandone

Cómo será mamá

Y el resto de las personas

Que ya no existen.

Me parece que hace días

Nada existe

Sólo yo y una uva

De dos centímetros

En mi útero.

La cosa en perspectiva

La figura del pez, tan manida,

La encuentro en un libro de crónicas sobre la caída del muro.

Una madre es un delta y su hijo es un pez.

Si el pez sale del delta antes de tiempo fallece.

Error.

El pez no se entera.

Fallece la madre.

Una madre es un muro hasta que su hijo fallece.

Cuando se produce el fallecimiento se produce también la caída.

Yo escribo la crónica sobre mí misma en forma de poema.

El poema es para mi pez.

Es decir para mi hijo

Que salió de su delta antes de tiempo.

Los escombros del muro están en una esquina.

Nadie toque ese cemento.

Poemas de Nelson Simón

Poemas de Nelson Simón

Hace años que conozco la obra de Nelson Simón (Consolación del Sur, 23 de noviembre de 1965) y siempre he admirado la tremenda capacidad de trabajo de este creador pinareño. El quehacer desarrollado por él como poeta, narrador, editor y escritor radial o para la grey infantil ha sido intenso y demostrativo de que cuando se quiere, se logra vencer el tan llevado y traído fatalismo geográfico de no residir en La Habana sino en otro punto del país, experiencia que comparte con coterráneos suyos como el pintor Pedro Pablo Oliva, la escritora Nersys Felipe y la trovadora Yamira Díaz. 

Prueba de lo mucho y bueno hecho por Nelson Simón son libros de poesía suyos como El amolador de tijeras pregunta por su casa (1987), Ciudad de nadie (1992), El peso de la Isla (1994), Criatura de Isla (1995), Con la misma levedad de un náufrago (1996), el que es mi favorito de todos:  A la sombra de los muchachos en flor (2001), Carta inconclusa a Dulce María Loynaz (2002), Para no ser reconocido (2002), De la mala memoria y el verano (2008).

No pueden obviarse sus títulos de literatura para niños, como por ejemplo,  En el cofre de un pirata (1998),  Brujas, hechizos y otros disparates(2000), Cuentos del buen y mal amor (2007) y  Marilola la vaca que canta (2008). 

Como consumidor de la poesía de Nelson Simón y sin ser especialista en la materia, puedo asegurar que la misma es serena, fina y hermosa. Sus textos son de esos que nos inspiran. En algunos de sus versos se transmite una profunda y diría que estimulante melancolía, siempre sin ningún tipo de estridencias en el tono. En su poética sobresale la pureza en el empleo del lenguaje y algo así como una belleza clásica de imágenes de un enigmático lirismo. 

En mi caso personal, nunca olvido versos suyos y que cada día hago más míos, como esos donde dice: “Y ahora que soporto el peso de la isla, / que cargo con mi país / como quien carga una pesada cruz/ o el más necesario de los equipajes; / no sé hacia dónde voy, / no sé lo que me aguarda si logro amanecer…” o estos otros: “Y ahora que llevo mi país / como quien lleva una corona de espinas / hiriéndome la frente, / es mi país el sitio más querido, / también el más odiado, / es el ruedo de muerte, es la desesperanza, / otro golpe de mar, su inminente presencia.” 

Lírica a la que hay que acudir si nos interesa conocer uno de los derroteros de la actual poesía cubana, hoy en Miradas Desde Adentropublicamos una pequeñísima muestra de la obra de ese notable escritor que es Nelson Simón.

CASA QUE NO MUEVE EL VIENTO

Ya llegan. Esto es un escenario,

un espacio de transparencias sin inicio ni fin

o un rechinar de campanas

que en algo se asemejan a una tarde de abril recién llovida.

Siempre supe que el telón de fondo no era un telón.

La ciudad no era la ciudad sino la ausencia,

el vacío, la navaja en la cal,

esa herida que va trazando el miedo en los recuerdos.

Ya llegan. Para entrar a la noche yo preferí tus ojos

y jugué a ganarme o perderme en su brillo, jugué

y el juego fue cierto hasta morder mi carne

y la noche voló en círculos,

borrándose despacio al pié de los ciruelos.

No se puede salir a recoger ciruelas en la lluvia

y exponer las blancas llanuras de la infancia a sus agujas.

No se puede esperar nada de la espera

ni de las aves que se vuelven efímeras al doblar de la esquina.

No se puede esperar.

…………….…………..Siempre lo supe y esperé.

Soñé todas tus latitudes

reuniéndose allí

donde no llego yo ni mi memoria,

donde el mar y las sombras y los barcos se unen

y son un mismo nudo encendido por la espuma del tiempo.

Ya llegan, mi casa es hoy el vértice

y a mi casa ya no la mueve el viento.

¿Dónde están las ventanas

abiertas hacia la infinitud vertiginosa de la sangre?

¿Dónde quedó el murmullo del cazador,

los poemas que colgaban del techo como flautas

cuando yo era una sombra entre tus brazos

y tu eras otra sombra a la sombra de mis brazos enmudecidos?

Ya llegan, ¿Soy acaso otra vuelta de espiral?

Hay una estación del año que me olvida;

hay una escalera que siempre me conduce

al necesario ronquido de la lámpara.

¿Alguien presiente mi urgencia

el olor de los altísimos ciruelos?

No soy el historiador de las lluvias

pero su filo clavado en los terrones

es el anuncio del sueño donde sigues.

Yo también vi verdades roídas por el sueño.

Busqué entre los días y auguré que faltaría uno.

Yo también te imaginé como una hoguera

en la pupila de los peces

y oí los techos levantarse

y los trenes tragarse los paisajes

y tu voz llenarse con la inmovilidad

de los enamorados de Pompeya,

quise irme con las últimas señales del invierno,

tocarme, sentir que ya no estaba;

pero entre ojos miro y entre equilibristas

acecho el equilibrio.

. Ya vienen. En algún lugar siempre estuvo escrito que vendría.

De qué vale mentir, decirles:

-no, yo no soy el que fui ni soy el que seré.

De qué vale ocultar la cicatriz que va dejando el miedo

y resultar ajeno. Han entreabierto el humo.

Está aquí la lluvia y su salvaje ejercito de recuerdos.

El túnel continúa y yo sigo cayendo hasta tu vientre.

¿Dónde surge esa música?

¿Qué reloj me oculta en su inmunidad?

¿Qué maderas son estas que me envuelven?

Hay un niño que escribe sobre las hojas secas,

repletos de distancia veo moverse sus ojos.

Hay un patio inmenso donde no cabe el niño

ni el límite entre su corazón y la sonrisa

ni el animal que gota a gota se fuga hasta sus pies.

Hay árboles talados y un abuelo de polvo colgando en las paredes.

Hay un miedo feroz a los silencios,

que espera en la lluvia de un sábado sin fecha ni estatura,

que regresen los trinos nunca vueltos

y le traigan noticias de todo lo que aguarda,

allá, tan lejos,

en la casa que no mueve el viento.

IMPOSIBLES

Ahórcate un momento.     Cuelga de uno de esos días

en que el país asfixia.

Cae y deja fluir la leche de tu carne

pasto para el gusano y el absurdo.       Permanece.

El sueño no basta.        La escritura no libera tu espíritu.

La culpa ha de ser la misma

y a esta hora las vacas pastan sigilosas

en sus jugosos cuartones turísticos

bien diseñados, de un verde que deslumbra

y seduce.     Para ti la fiebre.

La cabeza que se parte de tanto pensamiento atascado

y tanto animalito fosforescente e imposible

que entra por los ojos.

El mundo ante ti,     virtual,     ajeno,     futurista;

pero aclimátate en la cueva

donde sueñas aquello que ya soñaron otros hombres.

No alces la mirada.      Sé humilde

hasta en el modo en que te tiendes a contemplar el cielo.

Envejece con resignación

ahorrando el oxígeno y los días

que se deslizan bajo tus pies:

“se están vendiendo parcelas en la luna…”

“Dolly tiene otra hermana…”

“El Euro ha unido a Europa…”

“Por la calle Alcalá un millón de homosexuales

demuestran que las aguas de un río 

nunca son las mismas…”

Las palabras no alivian.     Son la cáscara

atascada en los remolinos del fregadero.

Entramos al milenio y creo oír las mismas voces. 

Pedaleo en mi bicicleta forever siempre forever

azul pastel                    

y el cielo oxidado sobre tus párpados,

el plátano que abunda

y el sinsonte sin argumentos sobre la madrugada:

maneras de asumir la resignación y el sexo 

cada vez más escaso y necesario,

cada vez más caro un minuto de tierno placer.

Asómate.     Sé el gato que imperturbable,

en la ventana,   

ve pasar la vida.

Ahórcate un momento.    Cuelga de uno de esos días

en que el país asfixia.

Poemas de Carlos Augusto Alfonso

Poemas de Carlos Augusto Alfonso

Creo que sanamente puedo afirmar que me siento orgulloso de la generación a la que pertenezco, esa que en el decenio de los ochenta de la anterior centuria pidió y asumió la palabra, con el resultado de representar  un parte aguas para la cultura cubana. En aquella histórica movida, la poesía no se quedó atrás, como lo demuestra una antología al corte de Retrato de grupo, publicada en 1989 por Letras Cubanas. Uno de los gestores de dicho proyecto (se desempeñó como co-compilador), fue el habanero Carlos Augusto Alfonso, nacido el 20 de enero de 1963. 

No digo nada nuevo al expresar que Carlos Augusto Alfonso ha devenido uno de los poetas de mayor originalidad en el panorama literario cubano de entre siglos, en virtud de su capacidad para hacer del poema una suerte de manifiesto o de hecho conceptual. Su trascendencia en la lírica nacional se corrobora por los numerosos galardones que ha recibido, como el Premio David, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 1986; el Premio Abril, el  Pinos Nuevos, el Dador, el Julián del Casal, el Raúl Hernández Novás, el de la Crítica Literaria y la Distinción por la Cultura Nacional.

Entre los libros de poesía que ha publicado, se encuentran: El segundo aire (1987), Población flotante (1994), La oración de Letrán (1996), Fast Delivery (1997), Cabeza abajo (2001), Cerval (2004) y El rey sastre (2010).

Hoy Miradas Desde Adentro se honra con la publicación de un puñado de textos de Carlos Augusto Alfonso, alguien que ya se ha ganado con creces su espacio propio en la historia de las letras cubanas. 

Poemas de Carlos Augusto Alfonso

PASTOREO IRRACIONAL.

………………………..se producirá mayor cantidad de pasto,

……………………..en la misma área, y por tanto se

……………………..alimentará un mayor número de cabezas

……………………………..André Voisin, Científico..

No sé mi alma

en qué hades del mundo está penando.

Pasto en silencio.

En mi cuartón, apacentado,

aprovecho los metros en redondo.

Como a nadie le importo,

me alejo de la estaca sin los metros de soga.

No crean que me escapo

(porque ya lo viví),

ya no soy un marcado, no soy un manierista,

que al salir de la escena sin el retraimiento

convierte inmolación en detalle de un cuadro.

Se amplía un sarraceno con su bastón de médula,

en la pradera me guía con ajenos cencerros.

Mi Trinidad de estómagos

son ahora el padre y el hijo del espíritu,

lo dijeron en silencio,

como a los desperdicios de las ideologías;

todo ese pienso líquido fue pensado por mí,

vertido en los ríos

por doncellas de viejos intereses,

matarifes de soplos en el pecho.

No sé ahora si mi alma resiste,

quien dijo conducirme no es otro que mi hermano.

Ya no doblan campanas en mi oreja,

porque sabe con quienes me han cruzado.

Cuando cierro los ojos los embisto,

pero me voy de lado.

Yo no sé si mi hambre,

es un hambre de alma,

yo no sé mi alma,

de qué hambre me engaña.

Siento a las consonantes

como los banderines,

que en su hierro caliente me penetran,

porque todos insisten en darme el pedigree,

oigo a las multitudes,

en estadios norteños del Pradesh.

Yo sé ahora mi alma de qué hades me engaña.

He limpiado de hierbas la redonda.

Al comerme los vitros de un libelo,

al mudarme de cuadro,

convertido en pastor,

he vuelto de la especie,

adentro,

muy adentro de la vaca sagrada.

EL CINE AL QUE NO IBA LEZAMA 

Salgo de mi butaca hacia el proscenio 

(como sucede siempre) 

orín de Menelao a la ciudad perdida. 

Para los que vivimos películas vaqueras el Cine Majestic 

es modus operandi en Trocadero, 

pase a la diligencia que hay que frenar; 

rienda la tendedera en Consulado. 

El nailon que colgué se me tiró en el suelo. 

—No lo voy a asfixiar, Cabrera no. 

Dentro en la oscuridad de Pernambuco, 

se molestan hablantes, porque a otros, 

abanican libretas que se desencuadernan. 

Cine pundonoroso a cine vándalo (pequeño recadero) 

pasa sus anteojos para cazar alondras. 

Por los tantos huequitos que le infringe 

se las ve con los degenerados y chiflistas; 

el cara de muñeca; el ofiuco de la media en el rostro; 

el maestro de piano que deshonra. 

Le sacan el sillón para que los case. 

Los Montenegro, los Melgares, los músicos de Chuki. 

Se lo ponen allí concretamente donde hace calor, 

en la gaveta de Bladimir, en una recogida de carnés, 

en la ciudad perdida de Menelao. Te lo ratificamos bostas. 

Después del tokonoma viene el nai-lón, el combate pancrasio, 

Pascasio, los Speek. Te lo ratificamos bostas, 

los travestis (los negros) los bozales, los nietos de Nené.

REBAÑOS

Rebaños de trashumantes segovianos, 

pastando en el invierno de la Ciudad Real. 

Rebaño de trashumantes. 

Rebaño de trashumantes segovianos 

pastando en el invierno de la ciudad real. 

Hora de percutir 

Hora de aseo. 

Rebaño 

Rebaños 

Rebaño 

Rebaños de trashumantes segovianos 

oh ya! 

vetas que parten, 

porque le hemos dejado 

por fin 

en paz. 

MITAD DE STEPHEN HAWKING

……………………………………………(la carta)

Ayuno inmediato en memoria del asedio

y la destrucción de los dos templos Que estalle estado denso y caótico en creación perpetua

(nebulosa tardía como púlsar) dejándome la masa de la explosión

en calabozo mal ventilado.

Que estalle la estructura del Common Wealth

con todos sus adeptos en Tonga

respirando los gérmenes de Mali.

Que sean de La Franja (cenefas de Esquilache).

Entre Savonarola al trompo inquisidor.

No piense que lo cuelgan (como seso de mono)

granjeros de lo hidrogeno luchando

contra virus del moteado plumoso.

Rendidos mis exámenes de Amauta,

(después que decidí hacerme notar,

y lo pensé al revés al saco viejo

colgado construyendo paredes nuevas)

usaré la expresión “Lúa del templo”.

Uno de la estructura: una del templo.

Cierto que mi esclerosis da que pensar.

Un colono ya frío sin agujeros

deja de producirme en criogenia.

Tan solo producir precipitados,

un verso que me acerque y me aleje.

Poemas de Edelmis Anoceto Vega

Poemas de Edelmis Anoceto Vega

No podría expresar con precisión las razones que hacen que la ciudad de Santa Clara sea una fuente inagotable de importantes nombres para la poesía cubana. Entre esas numerosas figuras villaclareñas que cuentan con una sobresaliente obra en el mundo de los versos se encuentra Edelmis Anoceto Vega.

Nacido en el convulso año de 1968, Edelmis es licenciado en Lengua y Literatura Inglesas por la Universidad Central de Las Villas (UCLV). Dicha formación, le ha posibilitado a Anoceto Vega desempeñarse como traductor, editor y colaborador de numerosos medios de prensa, tanto en su provincia natal, como en diversas publicaciones de carácter nacional e incluso, algunas en el extranjero. Textos suyos pueden ser leídos en SignosVanguardiaHuellaArielCauceJuventud RebeldeUmbralHacerse el CuerdoEl Caimán Barbudo y El Cuervo (Puerto Rico).

Entre los libros publicados por el villaclareño Edelmis Anoceto Vega pueden mencionarse Cantos del bajo delta (1998); De todas las almas creadas, traducciones de Emily Dickinson (1998); A una alondra y otros poemas, traducciones de  Percy B. Shelley (2003); Mortgana (2002); Imago Mundi (2002); La cólera de Aquiles (2005); La cosecha y el incendio (2005); Desertor del cielo (2007); Poemas agrestes, Traducciones de Robert Frost (2008) y El sueño eterno (2009).

Con los poemas de Edelmis Anoceto Vega que hoy se publican en Miradas Desde Adentro va una exhortación a los amantes de leer poesía a buscar la obra de este creador, con la certeza de que encontrarán en ella una de las voces harto interesante en el panorama actual de la literatura cubana.

MATERIA OSCURA

Sospecho de la flor, de la silueta que no se deja esculpir.

El agua trae muertos, movimiento de la naturaleza

para seducirme, hacer de mí un nombre,

un número.

No hay otra cosa en el lugar donde estuvo la flor.

Yo creo en lo vacuo y es esa perfección la que me tienta

a quedarme en el límite del límite,

desguarnecido, al centro de apagadas intemperies.

La luz tiene fronteras que el hombre no atraviesa.

El agua trae muertos virtuales a mis ojos,

deposita sus cuerpos,ojos de mis ojos.

PELIGROS.

Cansado del tropiezo y de la burla, por ese breve albedrío 

que es estar vivo,

muerto de sed y de palabras dulces por decir en oídos extraños,

diamantes, resplandores,

ya no sé cuánto tiempo me separa del destierro,

los hierros oxidados de las horas finales,

sus ruidos en lo remoto se dejan escuchar desde el pasado,

la rosa mirada a través de los remolinos del viento

no sabe la espera en los umbrales de un bosque

cada vez más lejos de casa,siempre menos creíble, inalcanzable.

Nada me incita.

Sin rumbo es la marcha cuando no hay espíritu 

dentro de los cuerpos

y en las calles de aceras sucias con restos de comida 

y periódicos de ayer,

los ritos de la muerte se entremezclan

unos en otros convertidos, como páginas de un mismo libro,

hojeado por quien busca en él su rostro

y solo puede visualizar una pequeña estrella que se apaga

y se aleja sin sentido,

queda únicamente un poco de sosiego, un canto de alabanza para nadie.

Dejarse seducir por el aliento de una bestia, 

entrar en los laberintos sin muros del olvido,

vida sin nombre, hacia el amanecer de cualquier fugitivo en la noche.

Callar es el peligro, sentarse a ver el suicidio de los hijos,

ver los rostros morirse poco a poco,

con el silencio cayendo en las espaldas.

Salideros por donde se filtra la demencia

acumulada en recipientes hechos con la arcilla de un osario,

es una trampa de fuego que han puesto en la ventana

para saquear toda la esperanza, incinerar las mariposas

que antes vendrían a bendecirme,

cegar la luz divisada en la mañana. Pequeñas sumisiones,

harán de mí un cuerpo abandonado con desdén en una playa.

Pequeños ocasos,

harán de mí el ocaso definitivo.

SALTOS 

Si lo que te conmueve es la piedra,

así pondrás en el diamante tu esperanza

y tendrás el cuerpo exhausto.

Si lo que te conmueve es el fuego,

así serás el pico del águila en la víscera del héroe

y tendrás lumbre.

FÚNEBRE 

Miserable el temblor en los espejos,

la sorda transparencia del cristal

en los bares donde perdí el amor

por no tener respuestas que poner sobre la mesa.

No podré ver la llamita sobre la piel

acercarse al rojo de las paredes

como en cualquier película.

Mejor no desandar ese trayecto

que va desde el festín a los despojos,

mejor quedarse con la vida

gratuitamente

observando el escombro que florece

en el borde donde fuimos dos amantes,

a punto de asumir cualquier mentira,

una extinción que nos dejara todo.

Desde ese desfiladero me pregunto

cuán triste es en verdad nuestra estancia

en una geografía devastada por las olas

que regresan de una orilla imaginaria,

traen sus humedades a los puertos

de donde no parte ni siquiera el viento.

Nadie es culpable de la fiebre y la náusea

a la salida de un túnel sin amigos.

Nadie es culpable de ser el último en marcharse,

el que cierra la escotilla de mármol

y nos deja encerrados para siempre.

CASTILLO DE IF

La poesía no sirve para cavar un túnel

si este me conduce hacia otra celda

y no hacia el salto desde el desfiladero.

Preciso es fingir alguna muerte

para quedar con vida y ver el mar.

Al reencuentro de Celestino antes del alba

Al reencuentro de Celestino antes del alba

“Pocos libros se han publicado en nuestro país, donde las viejas angustias del hombre de campo se nos acerquen tan conmovedoramente, haciendo casi de su simple exposición una denuncia mucho más terrible que cualquier protesta deliberada. Y junto con las angustias, el propio espacio en que se vive, la tierra, las plantas y sus nombres, el habla campesina, hasta las malas palabras, todo significado en el trajín de su agonía con la visión empeñada en transfigurarlo, y frente a la cual, para resistirle, debe todo apelar a su raíz, a su necesidad última.”

Las anteriores son palabras del gran poeta  Eliseo Diego, a propósito de la aparición en 1967 del libro Celestino antes del alba, debut en el mundo de las letras por parte de  Reinaldo Arenas y una obra de culto en el devenir de la literatura cubana.

Un jurado presidido por  Alejo Carpentier había galardonado la aludida narración en 1965, con una primera mención en un concurso convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Dicen que aquella edición cubana (la única obra de Arenas publicada en su país natal) se agotó en una semana. La novela es una defensa de la libertad y de la imaginación en un mundo conminado por la barbarie, la persecución y la ignorancia. 

Celestino antes del alba inicia el ciclo de una pentagonía integrada por esta novela, así como por las narraciones El palacio de las blanquísimas mofetasOtra vez el marEl color del verano y El asalto. Lamentablemente, la producción creativa de Arenas, quien salió de La Habana vía Mariel hacia Miami en 1980, es desconocida por el que debiera ser su público natural.

Como ha escrito el prestigioso investigador Carlos Espinosa Domínguez al referirse a Celestino antes del alba:

“El protagonista de la novela es un niño campesino que, para sobrevivir a la ignorancia del medio, se inventa un primo imaginario, Celestino. Este viene a ser su alter ego, el otro, el cómplice, el poeta que escribe en las hojas de los árboles y una de las personas que forman su personalidad. Su ingenua fantasía infantil se opone a una realidad vulgar y lo rescata del entorno inmediato, llevándolo a otro ámbito, la gran realidad, la verdadera realidad. Se va formando así un mundo de filiación mágica, hecho a la medida de sus anhelos y necesidades, y en el cual las cosas suceden y no suceden, las personas mueren y no mueren, el mundo es objetivo y no lo es. Alguien sugirió el rótulo de surrealismo tropical para definir esta sucesión de anécdotas fantásticas que mantienen una atmósfera poética, y donde las fronteras entre realidad y ficción no se distinguen”.

Obra debut de alguien nacido para escribir (al decir de José Lezama Lima) y cuyo valor emblemático no deja de aumentar, hoy en Miradas Desde Adentro publicamos un fragmento de esta novela, caracterizada en conjunto por ser una lectura sugestiva y al mismo tiempo inquietante

Celestino antes del alba (fragmentos)

Reinaldo Arenas

Mi madre acaba de salir corriendo de la casa. Y como una loca iba gritando que se tiraría al pozo. Veo a mi madre en el fondo del pozo. La veo flotar sobre las aguas verdosas y llenas de hojarasca. Y salgo corriendo hacia el patio, donde se encuentra el pozo, con su brocal casi cayéndose, hecho de palos de almácigo. 

Corriendo llego y me asomo. Pero, como siempre: solamente estoy yo allá abajo. Yo desde abajo, reflejándome arriba. Yo, que desaparezco con sólo tirarle un escupitajo a las aguas verduscas. 

Madre mía, ésta no es la primera vez que me engañas: todos los días dices que te vas a tirar de cabeza al pozo, y nada. Nunca lo haces. Crees que me vas a tener como un loco, dando carreras de la casa al pozo y del pozo a la casa. No. Ya estoy cansado. No te tires si no quieres. Pero tampoco digas que lo vas a hacer si no lo harás.

Lloramos detrás del mayal viejo. Mi madre y yo, lloramos. Las lagartijas son muy grandes en este mayal. ¡Si tú las vieras! Las lagartijas tienen aquí distintas formas. Yo acabo de ver una con dos cabezas. Dos cabezas tiene esa lagartija que se arrastra. La mayoría de estas lagartijas me conocen y me odian. Yo sé que me odian, y que esperan el día… «¡Cabronas!», les digo, y me seco los ojos. Entonces cojo un palo y las caigo atrás. Pero ellas saben más de la cuenta, y enseguida que me ven dejan de llorar, se meten entre las mayas, y desaparecen. La rabia que a mí me da es que yo sé que ellas me están mirando mientras yo no las puedo ver y las busco sin encontrarlas. A lo mejor se están riendo de mí. 

Al fin doy con una. Le descargo el palo, y la trozo en dos. Pero se queda viva, y una mitad sale corriendo y la otra empieza a dar brincos delante de mí, como diciéndome: no creas, verraco, que a mí se me mata tan fácil. 

«¡Animal!», me dice mi madre, y me tira una piedra en la cabeza. «¡Deja a las pobres lagartijas que vivan en paz!» Mi cabeza se ha abierto en dos mitades, y una ha salido corriendo. La otra se queda frente a mi madre. Bailando. Bailando. Bailando. 

Bailando estamos todos ahora sobre el techo de la casa. ¡Qué de gente sobre el techo! A mí me encanta encaramarme en las pencas de guano, y siempre encuentro algún que otro nido de totises acá arriba. Yo no me como los huevos de los totises, porque dicen que siempre están podridos, y entonces lo que hago es que se los tiro a la cabeza a mi abuelo, que siempre que me ve arriba de la casa, coge la vara larga de desmochar palmas y empieza a juzgarme como si yo fuera un racimo de palmiches. Uno de los huevos se le ha reventado a mi abuelo en un ojo, y yo no sé por qué, pero a mí me parece que se ha quedado tuerto.

Pero no: a ese viejo hay que sacarle los ojos con una garrocha, porque lo que tiene ahí es más duro que el fondo de una caneca. 

Bailando yo solo sobre el techo. A mis primos ya los he hecho bajar y están durmiendo entre los pinos. Dentro del cercado de ladrillos blancos. Y cruces. Y cruces. Y cruces.

«Para qué tantas cruces», le pregunté a mamá el día que fuimos a ver a mis primos. 

«Es para que descansen en paz y vayan al cielo», me dijo mi madre, mientras lloraba a lágrima viva y se robaba una corona fresca de una cruz más lejana.

Yo arranqué entonces siete cruces y cargué con ellas bajo el brazo. Y las guardé en mi cama, para así poder descansar cuando me acostara y no sentir siquiera a los mosquitos, que aquí tienen unas digas peores que las de los alacranes. 

«Estas cruces son para poder descansar», le dije a mi abuela, cuando entró en el cuarto. Mi abuela es una mujer muy vieja, pensé, mientras me agachaba bajo la cama. «Toma estas dos cruces para ti», le dije a abuela, dándole las cruces. Y ella cargó con todas. «Hoy hay escasez de leña», dijo. Y cuando llegó al fogón las hizo astillas y las echó en la candela. 

«¡Qué has hecho con mis cruces, desgraciada!», le dije yo, y, cogiendo un pedazo de cruz encendida, le fui arriba para sacarle los ojos. Pero con esta vieja no se puede jugar, y cuando yo tomé el palo encendido, ella cogió la olla de agua hirviendo que estaba en el fogón y me la tiró arriba. Que si no me aparto ahora estuviera en carne viva. «Conmigo no juegues», dijo abuela, y luego me dio un boniato asado para que me lo comiera. Yo salí para el guaninas, con el boniato a medio comer, y allí hice un hoyo y lo enterré. Luego inventé una cruz con una mata de guanina seca, y también la enterré junto al boniato muerto. 

Pero ahora debo dejar de pensar en esas cosas y ver cómo me bajo del techo sin que abuelo me ensarte con el palo. Ya sé: iré por entre las canales de zinc como si fuera un gato, y cuando él menos se lo piense, me tiro de una canal y salgo corriendo. ¡Ah, si pudiera caerle encima a mi abuelo y aplastarlo!

Él es el único culpable. Él. Por eso nos reunimos aquí yo y todos mis primos. Aquí, en el techo de la casa, como lo hemos hecho ya tantas veces: tenemos que planear la forma de que abuelo se muera antes de que le llegue la hora. 

Esta casa siempre ha sido un infierno. Antes de que todo el mundo se muriera ya aquí solamente se hablaba de muertos y más muertos. Y abuela era la primera en estar haciendo cruces en todos los rincones. Pero cuando las cosas se pusieron malas de verdad fue cuando a Celestino le dio por hacer poesías. ¡Pobre Celestino! Yo lo veo ahora, sentado sobre el quicio de la sala y arrancándose los brazos. 

¡Pobre Celestino! Escribiendo. Escribiendo sin cesar, hasta en los respaldos de las libretas donde el abuelo anota las fechas en que salieron preñadas las vacas. En las hojas de maguey y hasta en los lomos de las yaguas, que los caballos no llegaron a tiempo para comérselas. 

Escribiendo. Escribiendo. Y cuando no queda ni una hoja de maguey por enmarañar. Ni el lomo de una yagua. Ni las libretas de anotaciones del abuelo: Celestino comienza a escribir entonces en los troncos de las matas. 

«Eso es mariconería», dijo mi madre cuando se enteró de la escribidera de Celestino. Y ésa fue la primera vez que se tiró al pozo. 

«Antes de tener un hijo así, prefiero la muerte.» Y el agua del pozo subió de nivel. 

¡Qué gorda era entonces mamá! Sí que era gorda. Y el agua, al ella zambullirse, subía y subía. ¡Si tú hubieras visto!: yo fui corriendo al pozo y pude lavarme las manos en el agua, y, sin inclinarme casi, bebí, estirando un poco el cuello. Y luego empecé a beber utilizando las manos como si fueran jarros.

¡Qué fresca y qué clara estaba el agua! A mí me encanta mojarme las manos y beber en ellas. Igual que hacen los pájaros. Aunque claro, como los pájaros no tienen manos, se la toman con el pico… ¿Y si tuvieran manos y fuéramos nosotros los equivocados?… Yo no sé ni qué decir. Como las cosas en esta casa andan tan mal: yo no sé, a la verdad, ni en qué pensar. Pero, de todos modos, pienso. Pienso. Pienso… Y ya Celestino se me acerca de nuevo, con todas las yaguas escritas bajo el brazo, y los lápices de carpintería clavados en mitad del estómago. 

-¡Celestino! ¡Celestino! -¡El hijo de Carmelina se ha vuelto loco! 

-¡Se ha vuelto loco! ¡Se ha vuelto loco! -Está haciendo garabatos en los troncos de las matas. -¡Está loco de remate! -¡Qué vergüenza! ¡Dios mío! ¡A mí nada más me pasan estas cosas! -¡Qué vergüenza! 

Fuimos al río. Las voces de los muchachos se fueron haciendo cada vez más gritonas. A él lo sacaron del agua y le dijeron que se fuera a bañar con las mujeres. Yo salí también detrás de Celestino y entonces los muchachos me cogieron y me dieron ocho patadas contadas: cuatro en cada nalga. Yo tenía deseos de llorar. Pero él lloró también por mí. 

Y nos cogió la noche en mitad del potrero. Así, de pronto, llega la noche en estos lugares. Cuando menos uno se lo imagina, nos sorprende. Nos envuelve, y luego no se va. Casi nunca aquí amanece. Aunque, desde luego, mucha gente dice que sale el sol. Yo también lo digo de vez en cuando. De vez en cuando. De vez en cuando. De… 

«Que en la casa no se enteren de lo que han hecho los muchachos», me dijo Celestino, y se secó los ojos con una hoja de guayaba. Pero al llegar a la casa, ya ellos nos estaban esperando en la puerta. Nadie dijo nada. Ni media palabra. Llegamos. Entramos en el comedor y ella salió por la puerta de la cocina. Dio un grito detrás del fogón y echó a correr por todo el patio, lanzándose de nuevo al pozo… Cuando yo era más chiquito, abuela me dio una gallina y me dijo: «Síguela hasta que encuentres su nido, y no vuelvas a la casa si no traes los bolsillos llenos de huevos». Yo solté la gallina en mitad del patio. Salió corriendo. Dio tres revoloteos en el aire. Y desapareció, cacareando por entre las mayas y las espinas. -Se me ha perdido la gallina, abuela. -¡Desgraciado! ¡Mejor sería que te murieras! 

Celestino se me acercó y me puso la mano en la cabeza. Yo estaba triste. Era la primera vez que me habían echado una maldición. Yo estaba triste y empecé a llorar. Celestino me levantó en alto, y me dijo: «Qué tontería…, debes ir acostumbrándote». Yo miré entonces a Celestino y me di cuenta que él también estaba llorando, aunque trataba de disimularlo. Y entonces comprendí que él todavía no se había acostumbrado. Por un momento yo dejé de llorar. Y los dos salimos al patio. 

Todavía era de día.

Había caído un aguacero. Y los relámpagos, que no se habían satisfecho con el agua, pestañeaban y volvían a pestañear detrás de las nubes y entre las hojas altas de las matas de cañafístulas. Qué olor tan agradable queda después de un aguacero… Yo nunca antes me había dado cuenta de esas cosas. Me di entonces. Y tragué aire con la nariz y con la boca. Y volví a llenarme la barriga de olor y de aire. Ya el sol no saldría, porque había demasiadas nubes. Pero aún todo estaba claro. Caminamos por debajo de las matas de anones y yo sentía el fango mezclado con las hojas, traspasando los huecos de mis zapatos. El fango estaba frío, y a mí se me ocurrió pensar que estaba caminando por entre la nieve y que las matas de anones eran pinos de Navidad, y que toda la familia estaba en la casa, entre un no sé qué tipo de abejeo y bulla, que hasta entonces no había yo oído. «Qué lástima que en este lugar no haya nieve», le dije a Celestino. Pero ya él no estaba conmigo. «¡Celestino! ¡Celestino!», grité yo, muy bajo, como si no quisiera despertarme y encontrarme en mitad de un fanguero.

¡Celestino! ¡Celestino!…

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