Categoría: Cultura

Gastón Baquero: El sinsonte sigue cantando a todo pecho

Gastón Baquero: El sinsonte sigue cantando a todo pecho

Siempre he dicho que para mi formación Professional y para mis gustos estéticos, mucho le debo a la huella que en mí dejaron mis padres. Entre las tantas cosas que le agradezco a mi ya desaparecido viejo, una de las que más significado tuvo es el amor por la radio. MI padre fue alguien totalmente apasionado por la práctica del diexismo y de él adquirí la costumbre de escuchar la onda corta. Aunque hoy ya no lo hago, entre otras razones por carecer de un equipo elemental para ello (los radios que hay en casa solo disponen de AM y FM) en buena parte del decenio de los setenta y ochenta de la anterior centuria, pasé muchas horas nocturnas moviendo el dial por disímiles frecuencias de la onda corta.

Una de mis emisoras favoritas de por entonces era Radio Exterior de España. Fue a través de dicha frecuencia radial que escuché por primera vez la voz de Gastón Baquero, quien laboraba en esa redacción radiofónica y de cuando en vez dejaba circular su peculiar acento caribeño a través del éter, en comentarios que discursaban sobre lo humano y lo divino con amenidad y socarronería, si mis ya lejanos recuerdos no me engañan.

En una jornada de aquellas transmisiones, en la que compartía la audición de los decires de Gastón con mi padre, fue que el viejo me proporcionó los primeros datos que supe acerca de quién era Baquero y qué representaba en el devenir de la cultura cubana. Por razones que he olvidado, ambos se conocían de los tiempos en que el mítico poeta ejercía el periodismo en las páginas de El Diario de la Marina, órgano acerca del cual yo estaba haciendo un trabajo investigativo para una asignatura de mi carrera universitaria. Por supuesto que papi aprovechó la ocasión y me recomendó que si yo pretendía conocer periodismo del bueno de verdad (más allá del maniqueísmo de considerar que identificarse con la obra de un creador es sinónimo de asumir su proyección política), no dejase de leer los trabajos firmados por Gastón Baquero en la prensa cubana anterior a 1959, fecha en la que el autor se marchó de Cuba para nunca volver.

La celebración en el 2014 del centenario del natalicio del poeta, ensayista y periodista Gastón Baquero (Banes, mayo de 1914-Madrid, mayo de 1997) propició la publicación de varios textos que rinden homenaje a esta figura fundamental de la literatura cubana y acerca del cual, el poeta y ensayista Jorge Luis Arcos ha escrito:

«Comentábamos una tarde, César López, Enrique Saínz, Efraín Rodríguez y yo, cómo Baquero padeció las cuatro o cinco parcas: era pobre, mulato, homosexual, provinciano y, como por añadidura, poeta, y después padeció una sexta: la del exiliado. Pero el poeta, en cierto sentido, ¿no es todas esas cosas, siempre, y muchas más? Entonces el poeta da testimonio de su insondable temporalidad, y es siempre el huérfano, el hijo errante (¿de la mar?) –el eterno niño de su poesía–, el peregrino, el huésped, el forastero, el exiliado, el pobre, el mendigo, el viajero incesante –y el viajero es el que hace el tránsito, el que transita–, el inocente, el que escribe en la arena el testimonio fugitivo e imperecedero de la poesía, como si la belleza solo pudiera existir a costa de desaparecer; más: como si la belleza de las formas en la luz fuera el testimonio rapidísimo de otra Belleza eterna, invisible. Por eso el poeta es como el guardián de ese misterio profundo –tal en su poema «El río», por ejemplo–; pero es también el que padece como un desamparo, una orfandad cósmica («la orfandad del planeta / en la siniestra llanura del universo») –el conocimiento tiene ese precio, también–, y de ahí su profundo pathos vallejiano, chaplinesco incluso –tal en su conmovedor «Con Vallejo en París -mientras llueve» (suerte de alter-ego suyo)–; en su desolado, «El viajero» («Silbar en la oscuridad para vencer el miedo es lo que nos queda»); en ese poema tan inquietante, tan extraño, tan turbador, «El viento en Trieste decía»; o en las desesperadas preguntas de Paolo al hechicero, del poeta a su ¿indiferente? Creador. Ese como nihilismo profundo, que no llega a albergar esperanzas ni siquiera –y repárese en que Baquero fue un hondo creyente– después de la muerte, como se aprecia en su poema «El huésped», fue el reverso de su zona luminosa, prístina, matinal, lúdicra incluso. Baquero tuvo, pues, los dos tonos absolutos, los dos eternos registros: el de la Muerte y el de la Vida, y una zona como intermedia, transitoria, existencial, el del viajero incesante entre esos dos reinos intercambiables, que puede entonces, siempre, despedirse así de nosotros: Volveremos de nuevo a decirnos adiós».

Entre los textos que aparecieron para celebrar el centenario de Gastón Baquero, la Fundación Banco Santander puso en circulación en España el volumenFabulaciones en prosa, un conjunto de artículos, ensayos y cartas inéditas de este escritor y que abordan sus preocupaciones por el devenir de la humanidad. En el puñado de escritos sobre historia, filosofía, música, religión y literatura, seleccionados por el investigador Alberto Díaz-Díaz, conviven personajes tan dispares como Cristóbal Colón, Víctor Hugo, George Bernard Shaw o Simón Bolívar, reflejados desde el particular punto de vista que sobre ellos tenía el autor banense.

A propósito de su quehacer periodístico, Baquero le confesó lo siguiente al poeta y editor Felipe Lázaro:

«Quiero tratar ese asunto con guantes de seda, porque en general se me ocurren cosas bastante desagradables cuando pienso en lo que es el periodismo. Balzac dijo una verdad tremenda: «Si el periodismo no existiese, habría que no inventarlo». Lo contrario de lo que se ha dicho de Dios. Porque el periodismo –no los periodistas– es una cosa que no está en la inteligencia. Como se le entiende habitualmente, como se le practica, es algo deplorable y dañino para el espíritu, porque es una escuela cotidiana y pertinaz de vulgaridad (de vulgaridad impuesta por la demanda del mercado). ¿A qué seguir? Uno está en el periodismo y no debe, ni puede, subestimarlo, porque tampoco es una prisión ni un infierno. Sólo que es una profesión que apenas si tiene que ver con la literatura, no obstante que se hace con letras, y apenas tiene que ver con la filosofía no obstante que maneja ideas. El periodismo cotidiano gasta y vuelve roma la sensibilidad de un artista, de un pensador, de un poeta. Comprendo el horror con que vieron algunos amigos de la juventud mi entrada en firme en un periódico. Por cierto buen concepto que tenían formado sobre mis posibilidades en lo literario, se enojaron bastante, y me tuvieron por frívolo y por sediento de riqueza, cuando no sólo entré en el periodismo, sino que a poco fui en la profesión esa cosa nauseabunda que se llama un triunfador».

Otro de los libros que salió al mercado para rendir tributo al centenario de este gran humanista, que en la década de los noventa abogó por la publicación conjunta de textos de escritores de la Isla y la diáspora y por la idea de que la cultura cubana era una sola más allá de la política, es Poderosos pianos amarillos. Poemas cubanos a Gastón Baquero, perteneciente a la colección Capella de Ediciones La Luz, casa editorial holguinera de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y que surgiese allá por 1997. Con trabajo de compilación y edición a cargo de Luis Yuseff y prólogo de Virgilio López Lemus, se recogen aquí textos de alrededor de 140 autores, residentes tanto dentro como fuera de nuestro país.

En su totalidad, el material corrobora que, como pensaba Jorge Luis Borges, Cada generación de escritores crea a sus precursores y el primer acto de creación, como se sabe, no es la escritura sino la lectura, por lo cual no resulta casualidad que el lema de las Romerías de Mayo en Holguín –embrión de donde nacen las Ediciones La Luz– sea justamente la frase »porque no hay hoy sin ayer». El enorme significado cultural de un proyecto como el de este libro, en el que intervienen poetas que van desde Eugenio Florit, Fina García Marruz, Luis Marré, Domingo Alfonso, José Koser y Lina de Feria, hasta Maya Islas, Felipe Lázaro, Bladimir Zamora, Daniel Díaz Mantilla, Norge Espinosa, José Félix León, Alejandro Querejeta, Juan Carlos Recio, Orlando Rossardi, Pío E. Serrano, Jesús Barquet, Gleyvis Coro, Milena Rodríguez, Juan Carlos Valls, Camilo Venegas, Carmen Serrano, Ricardo Riverón, Juana García Abás, Lourdes González, Manuel García Verdecia, Alfredo Zaldívar, Alberto Acosta-Pérez, Roberto Méndez, León Estrada, Reinaldo García Blanco, Arístides Vega Chapú, Rigoberto Rodríguez Entenza, Francis Sánchez, Zurelys López, Carlos Esquivel, Luis M. Pérez Boitel, Ronel González, José Luis Serrano, José Luis Fariñas, Luis Yuseff, Frank Castell, Irela Casañas, Yanier H. Palao, Yunier Riquenes, Moisés Mayan, Jamila Medina y Legna Rodríguez…, se sintetiza en lo asegurado por Erian Peña Pupo al comentar la aparición de la compilación:

«Este es un libro cofre: texto misterioso y sobrecogedor, más que una antología o una selección de poemas inspirados en la lírica de Baquero, Poderosos pianos amarillos… es un puente, una necesidad imperiosa del quehacer editorial cubano, una comunión para rendir tributo a un poeta vital».

Poderosos pianos amarillos… se ajusta a lo afirmado por el homenajeado, cuando a un cuestionamiento acerca de qué le parecía la nueva generación de jóvenes poetas cubanos, que muestran un seguimiento de su obra y que se acercan a él con amistad y respeto, respondió:

«Lo que me encanta, me hace muy feliz para ahora y para después de la muerte, es comprobar cada día la pasión de los y las jóvenes de los territorios en que se desenvuelve hoy la gente cubana, por la poesía. ¡Qué maravilla, cuánta poesía buena se está haciendo dondequiera que late un corazón cubano! El sinsonte sigue cantando a todo pecho. (…) Y soy feliz. Las muestras de cariño que me llegan de la plural geografía cubana, las recibo como una señal de continuidad, de sucesividad invariable de lo cubano en poesía».

Recuerdo que gracias a Bladimir Pascual Zamora Céspedes (O el Blado, como solían decirle, aunque yo prefería llamarlo Pascual) supe por primera vez del trabajo de la editorial Betania, obra del güinero Felipe Lázaro, quien para iniciar dicho proyecto en 1987 decidió comenzar con ese importantísimo libro que esConversación con Gastón Baquero, un título de obligatoria lectura y que ya cuenta con tres ediciones. De la última de ella, que además de aparecer en letra impresa está en formato digital, reproduzco la respuesta que el autor de Memorial de un testigo (poemario considerado por la crítica como esencial en la lírica baqueriana) da a la pregunta de cómo influyó en su formación y vida literaria el haber nacido en un pueblo como Banes, más en contacto con la naturaleza, el campo, los cultivos y su posterior descubrimiento de La Habana, más cercana de lo foráneo, de la influencia extranjera:

«Mi pueblo natal no era exactamente un pueblo campesino con predominio de lo rural sobre lo urbano. Por la presencia allí, desde el año 2, de la United Fruit Company (seamos justos, mal que moleste) la calidad de vida de ese pueblo, que presumía de haber sido la capital indígena de Cuba, Baní, era deseada y envidiada por muchos otros pueblos del contorno.

«Una de las consecuencias o razones de esa calidad de vida era la abundancia de las escuelas públicas y privadas. Hasta los que por razón de pésima condición económica no asistíamos a la escuela a la edad conveniente conocíamos de la fama de los maestros y maestras, caracterizados casi todos ellos por el amor a los versos y por el hábito de decir poesías, en el aula o en la tribuna patriótica, en el café o en las reuniones familiares».

(…)

«Esta persona dominada por la fantasía -por la necesidad o por el gusto de fantasear- es la que sale un día de su pueblo y va a vivir a la capital. A la capital de un país con tradición larguísima de poesía. Y de poesía llena de fantasía, de imaginaciones, de poetas que por lo mismo que no han visto jamás la nieve, escriben cantos y cantos a la nieve, que es lo debido. Hablar de lo que no se ha visto es crear. Intentar describir lo visto es una utopía, porque lo real es inapresable por la palabra y aun por la mirada».

Allá por el primer quinquenio de los noventa de la pasada centuria, el Blado (mi buen amigo Pascual) iba con frecuencia a España y siempre a su retorno, organizábamos unas tertulias en su cuartico de La Habana Vieja, más conocido como La Gaveta. No sabría decir cuándo fue la primera vez que mi siempre recordado hermano y compañero de redacción en El Caimán Barbudo me habló con suma emoción acerca de sus encuentros con Gastón Baquero, en su casa ubicada en la madrileña calle de Antonio Acuña y que, según cuentan los visitantes de la morada, era algo así como una extensión de Cuba en España. A lo mejor fue en 1995, cuando a su regreso de Madrid el Blado (Pascual) se nos apareció en la Editora Abril con un ejemplar de un libro titulado Poesía cubana: La isla entera (1995), una hermosa antología poética que Bladimir Zamora realizó en colaboración con Felipe Lázaro para la Editorial Betania. Esta obra, que reúne a 54 poetas cubanos de dentro y fuera de Cuba, se publicó después del evento madrileño «La Isla entera», en el que participaron ambos compiladores.

El quehacer de Felipe Lázaro al frente de su editorial Betania merece ya un serio estudio, así como el reconocimiento entre nosotros de lo mucho y bueno que le ha aportado a la cultura cubana. Aunque poseedora de un extenso catálogo, a decir verdad un solo título de dicho sello editorial le basta y sobra como puerta de entrada a la perdurabilidad. Por supuesto que me refiero al ya aludidoConversación con Gastón Baquero. Gracias a la maravilla del ciberespacio, atesoro en mi computadora la edición electrónica de este libro, disponible para su descarga gratuita en la red. DE las páginas digitales que dan testimonio del diálogo sostenido por Felipe Lázaro con Baquero, extraigo la respuesta de este último ante una interrogante referida a lo que Roberto Fernández Retamar ha denominado «la generación de poetas trascendentalistas», que gira en torno a José Lezama Lima y la revista Orígenes:

«Ese tema de la «generación de Orígenes«, los trascendentalistas, etcétera, tiene que ser tratado, me parece, con mucho cuidado, para no dejarse arrastrar por el tópico, por el juicio que por inercia se hace lugar común y acaba por convertirse en tradición o en ley fija.

«En rigor, no hay tal generación de Orígenes. Usted no puede hallar nada más heterogéneo, más dispar, menos unificado, que el desfile de la obra de cada uno de los presuntos miembros de la generación. Siempre he tenido la impresión de que Lezama, que era una personalidad muy fuerte, que tenía un concepto exigentísimo para la selección y publicación de un material en «su» revista, aceptó a muchos de nosotros a regañadientes, porque no tenía a mano a nadie más. Creo que literalmente no nos estimaba en lo más mínimo. Lo que cada uno de nosotros hacía estaba tan lejos, a tantos kilómetros de distancia, de lo que él hacía, que la incompatibilidad era no sólo obvia, sino escandalosa.

«En lo personal mismo nos llevábamos bastante mal. Pero esto es propio del ambiente literario, o de los literatos de todos los tiempos. Mi veneración y mi respeto por la obra de Lezama y por su actitud ante la cultura, no me impidieron nunca reconocer que su carácter era muy fuerte, intransigente, con rigor excesivo para enjuiciar personas y obras. Casi siempre estábamos, como los niñitos en el colegio, «peleados». No nos reuníamos en grupo jamás, porque no existía tal grupo, sencillamente. Cuando por una simpleza, nos echó de Orígenes a Cintio, a Eliseo, a mí y a otros, puso una nota que me produjo una risa enorme, porque decía que a partir de ahí la revista iba a ser «más fragante». ¡Y metió a Rodríguez Feo! La palabra «fragante», que nos calificaba de apestados, tenía una gracia enorme, como producto de una rabieta infantil que era.

«Esto no quiere decir que desconozca o niegue el valor de la revista Orígenes. Una cosa es la revista y otra es lanzarse, por comodidad y por obediencia al lugar común, a hablar de «la generación de Orígenes«. La revista fue la expresión de unas tendencias literarias actuales (actuales en aquel momento, por supuesto), pero no fue sino una expresión más del amor sempiterno de los cubanos por la literatura y por la publicación de buenas revistas. Es explicable que los extraños hablen de Orígenes como si se tratara de algo único, insólito y excepcional en Cuba. Dejando a un lado la cuestión de la calidad, que es, en definitiva, cuestión de preferencias y de gustos, ¿cómo desconocer la importancia de revista como la de la Universidad de La Habana, como la Revista Cubana, como la Bimestre, como la del Lyceum, como la de la Biblioteca Nacional, como la de los arquitectos, etcétera? Desdeñar olímpicamente todo lo que hacen los demás, todo lo que no responda textualmente a nuestro criterio, es una agresión a la cultura, es un acto de barbarie. Siempre, en todo tiempo, la nueva generación de poetas hace heroicamente «sus revistitas», como decimos peyorativa e injustamente. Las hemerotecas cubanas deben estar llenas de publicaciones modestas, humildes en la presentación, pero llenas de fe en la poesía. Piénsese en una revista como Orto, de Manzanillo, la revista de Sariol, y se tendrá un ejemplo magnífico de lo que quiero decir. O en aquella santiaguera que tenía el estupendo título de Una aventura en mal tiempo. ¿Y Cuba contemporánea y tantas otras?»

Con una trayectoria artístico literaria en todo tiempo al servicio de la cultura cubana (en particular) e hispánica (en general), acerca de este banense de talla universal cabe expresar lo afirmado por Felipe Lázaro al decir:

«Convertido así, definitivamente en Maestro, por su visión global de todo hecho cultural, Baquero ha trascendido como literato y ya es hoy un faro que ilumina con sus versos y su prosa, que plasmaron el amor a todo lo cotidiano que importa al hombre. Transparente y ejemplar puente por donde debe transitar todo posible derrotero que nos recuerde su mayor anhelo: descubrir el sendero que lo lleve / a hundirse para siempre en las estrellas».

De aquí y de allá

De aquí y de allá

A continuación ofrecemos un compendio de noticias y comentarios acerca
de la apertura de la muestra concurso Post-it 7, la reposición de una
obra a cargo de Teatro del Silencio, la Beca de Creación Literaria
“Aldo Martínez Malo”, un nuevo libro de Antón Arrufat y una exposición
de Luis Enrique Camejo Vento.

Abierta al público muestra concurso Post-it 7
Desde el jueves 19 de noviembre hasta el próximo 10 de enero de 2021,
en las capitalinas galerías de Galiano y 23 y 12, quedará a
disposición del público la muestra concurso Post-it 7. Arte
Contemporáneo Cubano, certamen organizado desde 2014 por Galerías de
Arte “Collage Habana” del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC).

Finalmente y luego de haberse inaugurado virtualmente en el mes de
septiembre, en los espacios digitales de la Red Colaborativa de las
Artes Visuales Behart (www.behart.net) y Artemorfosis: Plataforma de
Arte Cubano (www.artemorfosis.com),  Post-it 7 podrá disfrutarse de
manera presencial y de esta forma ser evaluada por el Jurado de
Premiación.

En su séptima edición, los artistas Nelson Ramírez de Arellano y Luis
Enrique Camejo, junto a las curadoras y galeristas Gretell Medina,
Laura Arañó Arencibia y Miriam Pérez Casanellas, decidirán los
galardones entre los 27 proyectos finalistas de los 101 recibidos,
para el certamen más importante de las artes visuales que realiza el
FCBC.

Pintura, fotografía, dibujo, instalación, escultura y
video-instalación son las manifestaciones que forman parte de la
exposición colectiva en ambas galerías, a las cuales puede acudirse en
el horario de 10:00 a.m. a 5:00 p.m. En ambas sedes se respetarán las
medidas higiénico-sanitarias indicadas por las autoridades cubanas
debido a las circunstancias que impone actualmente la pandemia de la
Covid-19.

Otorgar protagonismo a artistas jóvenes que sobresalen por su
creatividad y talento, es el principal objetivo que persigue este
transcendental evento, convertido en una plataforma por excelencia
para la promoción del múltiple y heterogéneo universo de las artes
visuales contemporáneas cubanas.

Reposición de obra a cargo de Teatro del Silencio

El grupo de artes escénicas Teatro del Silencio repone la obra DOS
PERDIDOS EN UNA SUCIA CIUDAD, en versión libre y puesta en escena
llevada a cabo por Rubén Sicilia acerca del texto original brasileño.
Este montaje  ha tenido ya un par de temporadas con una extraordinaria
acogida de público. La obra se repondrá los próximos 5, 6, 12 y 13 de
diciembre en los horarios habituales para las funciones teatrales, en
la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht sito en 13 esq
I., Vedado. Así pues, en las fechas antes mencionadas Teatro del
Silencio te espera:  Viernes y sábado 8:30 pm. Domingos 5 de la tarde.
El elenco que encarnará los personajes de DOS PERDIDOS EN UNA SUCIA
CIUDAD es de primera línea: Miguel Fonseca en el rol de Toño y José
Ignacio León en el rol de Paco.
Dos Perdidos… es una versión hecha por Rubén Cecilia en relación con
lo que se considera por la crítica especializada como un clásico
latinoamericano, bien conocido entre los seguidores del teatro de la
crueldad y  que ofrece altas posibilidades de lucimiento al dueto
actoral. El texto original del brasileño Plinio Marcos, de nombre
semejante, aborda las relaciones disfuncionales entre dos marginales y
su esfuerzo por sobrevivir y salir a flote. En el proceso de montaje
realizado por Teatro del Silencio, el teatro de la crueldad ha sufrido
una mutación hacia la comedia negra, un génerode fuerte presencia en
el panorama actual de las artes escénicas. La obra tiene también el
atractivo adicional de una banda sonora original para la puesta de
Teatro del Silencio. Todos estos son elementos que acercan la lectura
del material al aquí y ahora, lo cual  la hacen aún más disfrutable
para el público habanero, que hallará  un final sorpresivo y
demoledor, con lo cual los asistentes a la sala teatral  no podrán ser
ajenos a la trama en cuestión de una pieza sencillamente conmovedora.

Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez Malo”

La Filial de Escritores del Comité Provincial de la Uneac en Pinar del
Río y la editorial Cauce convocan a la Beca de Creación Literaria
“Aldo Martínez Malo” 2020.
La presente edición forma parte de las actividades por la celebración
del 33 aniversario de la fundación de la Filial de la Uneac en Pinar
del Río, que será el 12 de diciembre, y homenaje a la memoria de Aldo
Martínez Malo, cuyo nombre lleva la presente beca de creación, quien
fuera escritor, estudioso de la obra de Dulce María Loynaz, Rita
Montaner y otras importantes personalidades de la Literatura Cubana, y
promotor cultural con un importante aporte a nuestra cultura nacional.

BASES
1.-Podrán participar todos los escritores cubanos residentes en el
país, sean o no miembros de la Uneac, que no hayan ganado la beca
anteriormente.
2.-El Género convocado es Poesía.
3.-El tema y las variantes estróficas serán a libre elección de los autores.
4.-Se concursará con una sola propuesta.
5.-El proyecto se enviará en PDF, letra Times New Roman, 12 puntos,
con interlineado de 1.5 e incluirá una breve sinopsis, objetivos y un
fragmento de la obra en proceso de creación, de entre 20 y 25
cuartillas (alrededor del 30% de lo que se pretende sea el libro una
vez finalizado), que permita al jurado apreciar el valor de la
propuesta.
6.-Los textos serán originales e inéditos y no deberán estar en espera
de dictamen de concurso alguno, comprometido con casas editoriales
para su publicación ni publicado electrónicamente o en sitios web.
7.-Las obras se recibirán solo por vía correo electrónico a
albertopccu@pinarte.cult.cu
Escribir en el asunto: Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez Malo”2020.
8.-Se enviarán dos documentos adjuntos, uno con la obra, con
seudónimo, y otro con los datos del autor: título de la obra,
seudónimo, nombre completo, correo electrónico, número de teléfono
fijo y/o móvil y nota curricular que no exceda una cuartilla.
9.-El plazo de admisión vence el domingo 12 de diciembre, aniversario
33 de la fundación de nuestra Filial de la Uneac en Pinar del Río, y
se enviará acuse de recibo de obras a los participantes, por vía
electrónica, al correo desde el que enviaron sus proyectos.
10.-No se dará información telefónica al respecto, ni se mantendrá
comunicación con los optantes durante el proceso de selección.
11.-El jurado estará integrado por dos escritores, y un editor de la
editorial Cauce, todos de prestigio nacional en el género convocado.
La decisión será inapelable.
12.-El autor de la obra premiada recibirá una cuota de $600.00 pesos
(MN), durante seis meses. La editorial Cauce propondrá el libro, una
vez concluido, al Consejo Editorial Provincial, para su posible
publicación. De tener la aprobación para tales fines, se garantizará
el pago correspondiente por derecho de autor.
13.-Los archivos que contienen los proyectos que no resulten premiados
se borrarán un mes después de entregada la beca.
14.-La premiación se realizará el 22 de diciembre de 2020, aniversario
25 de la revista Cauce.
15.-La participación en la Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez
Malo” 2020 implica la aceptación de las bases, las cuales se
difundirán por diferentes vías de manera que los interesados puedan
tener conocimiento pleno de las mismas.

Nuevo libro de Antón Arrufat

El pasado 21 de noviembre, en el archiconocido espacio Sábado del
Libro, que dicho sea de paso no se celebraba desde hace nueve meses,
se presentó el más reciente título del escritor Antón Arrufat, La
ciudad que heredamos. Esta nueva creación del destacado poeta,
teatrista y narrador ha sido publicada por Ediciones Cubanas y su
editora fue Eliana Dávila. Por su parte, el diseño corrió a cargo de
Joyce Hidalgo. En la actividad, el presentador del libro fue Francisco
López Sacha y además, se pudo disfrutar de algunas canciones del
trovador Silvio Alejandro Rodríguez.

Coffee Time: aroma y color en la nueva exposición del artista Luis
Enrique Camejo

Coffee Time, exposición personal del artista visual Luis Enrique
Camejo Vento abre sus puertas al público desde el viernes 27 de
noviembre hasta el 30 de enero de 2021 en la galería Collage Habana
del Fondo Cubano de Bienes Culturales, de lunes a sábado en el horario
de 10:00 a.m. a  4:00p.m.
En la nueva expo de Camejo figuran casi un centenar de acuarelas y una
instalación. En la propuesta, el café, más que la bebida estimulante
disfrutada por muchos, se convierte en recurso para ilustrar sitios,
paisajes, personajes y situaciones impregnadas del consumo y
degustación del brebaje afrodisíaco.
Estas obras de arte quedarán expuestas igualmente en el espacio
virtual con vista 360°, a través de la Red Colaborativa de las Artes
Visuales, Behart, desde el jueves 26 de noviembre a las 9:00 p.m.
Cabe asegurarse que la exposición Coffee Time, más que trazos en
lienzos a base de cafeína, «nos acercará en esta ocasión al color de
la tierra desde su fruto mismo: el café (…)”, explicó Meira Marrero
Díaz, curadora de la muestra y especialista del Centro de Desarrollo
de las Artes Visuales.
Una taza de café puede tener distintos significados: algunos lo
asocian al momento de descanso, de compartir historias y espacios
íntimos; otros lo necesitan como estimulante para arrancar o continuar
el día. Lo cierto es que su aroma seduce a muchos.
En Coffee Time, Luis Enrique Camejo evidencia ser un auténtico
cafetero, no solo degusta y disfruta su sabor sino que también
encuentra en él nuevos matices para la creación.

Poemas de Margarita García Alonso

Poemas de Margarita García Alonso

Tengo el privilegio de poder decir que soy amigo de Margarita García Alonso. La conocí cuando ella trabajaba en la revista Somos Jóvenes, perteneciente a la Casa Editora Abril y yo era parte de Alma Máter. No sé cómo nos fuimos acercando, pero en un momento dado se convirtió en una de las personas con las que por aquella época, fines de los ochenta e inicios de los noventa, más gusto me daba en conversar.

Es que con esta colega de profesión se podía hablar de lo humano y lo divino. Todavía recuerdo nuestras largas charlas sobre filosofía, en las que la solidez conceptual de sus conocimientos siempre me maravillaba.

Empero, lo que más admiraba de Margarita García Alonso en esos lejanos años era la tan hermosa relación que mantenía con su hija Laura, una niña encantadora y que mi amiga llevaba con ella a cuanto sitio fuese, como las largas tertulias que celebrábamos en la vivienda de otra de las hermanas que me ha regalado la vida: Tania Chappi Docurro.

Me parece que fue ayer cuando en 1992 mi amiga Margarita se fue a vivir a Francia. Desde entonces no hemos vuelto a dialogar y nuestros intercambios han sido solo virtuales. Gracias a Internet, sé que esta poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora es Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas.

Igualmente, puedo escribir aquí que antes de su salida de Cuba había publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Al pasar a residir en Francia, ella ha ganado premios en diversos concursos literarios. Así, fue laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. También ha dado a la luz pública títulos como El centeno que corta el aire (Editorial Betania) y MaldicionarioMar de la ManchaLa aguja en la manzanaLa costurera de MalasañaCuaderno de la herboristaBreviario de margaritasCuaderno de la vieja negra y Zupia, (todos estos a través de su proyecto Ediciones Hoy no he visto el paraíso).

En otra arista de su intenso quehacer, en el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Igualmente, ha intervenido en numerosas exposiciones en países como Francia, Polonia, España, Colombia y tradujo el libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc.

Para Miradas Desde Adentro resulta un placer reproducir algunos textos de esta poeta matancera, cubana y universal que, en lo personal, es amiga de quien esto escribe.

ALMAS PERDIDAS

Salud almas perdidas, ambiciosos

e impúdicos viajeros en la noche del caos.

Cuentas de paciencia trazan manantiales de dedos.

Los que partieron no ven la derrota

que provoca andar en razón, lucidamente loca,

en la esquina donde orinan los perros.

Ingrato maquillaje de situación extrema

acurrucada en un país increíblemente desierto.

El caballo tapizado de flechas,

con el ombligo presto a prolongar el tiempo.

Que visitantes de pasada, escupitajos

reiteración de hombre que va, de hombre que viene,

desesperado, por camino de no ser.

El alma perdida en el bosque, de ojos hacia fuera

de vientre y tripas hacia fuera

donde comen, tranquilamente, ciertos carroñeros

disfrazados de pájaros negros.

LOBA

He olvidado cerrar una casa lejana, una puerta.

La loba existe pues la miran

impaciente espera un bosque pequeñísimo,

las entrañas que nombran a la extranjera.

En mi cabeza, entre mallas tejidas por herreros de forja

verbos decadentes y un brutal estruendo que

me arranca la lengua.

Mi madre heredó el cepillo lacerante y trenza

la conversación que tenemos una vez cuando hay dinero

en un escalofriante teléfono de ocasión.

Están mis oídos con la letanía de un himno:

fetos inacabados de una tarde de carnaval

calcinan en el banquete a una isla.

Son como muertos animados de venganza.

En las costas de la Mancha, envuelta en un suave papel

la extranjera camina como barco en el horizonte.

Las brumas golpean un vestido en fino hilo bordado

por una anciana que recuerda cuando nací

en ese pueblo de la colina, de una isla perdida

jamás en la ausencia de mundo.

Gracias por tu obra, Gerardo Mosquera

Gracias por tu obra, Gerardo Mosquera

La cultura cubana está en deuda con Gerardo Mosquera. Y no solo ella, sino además un numeroso grupo de creadores de nuestro país que si hoy son conocidos a escala internacional se debe a lo hecho hace años por ese crítico y curador. Lo que se dio en llamar en los años ochenta “renacimiento cubano del arte” no hubiera sido posible sin el acompañamiento teórico en su momento de este hombre, hoy apenas mencionado en el contexto nacional por las instituciones culturales y los medios de comunicación. Por supuesto que ello no sorprende a nadie pues ya sabemos del proceder del Estado y sus dependencias en Cuba con aquellos que no responden ciegamente a los designios oficiales. Lo triste es que idéntico silencio se produce también en la comunidad de artistas radicados mayoritariamente en la diáspora y que han conseguido ubicarse en determinado peldaño del mercado de las artes plásticas, cierto que gracias al talento individual que cada uno de ellos posea, pero también debido al espaldarazo recibido de inicio de parte de Gerardo Mosquera. Pero en fin, con las glorias se olvidan las memorias.

Afortunadamente, Mosquera no necesita en lo más mínimo del reconocimiento ni de las instituciones cubanas ni de sus compatriotas artistas. Como curador, él ha logrado trascender el ámbito nacional y ejercer su erudición en disímiles rincones del mundo. Una nueva prueba de sus muchos resultados la encontramos por estos días: la editorial española Cátedra ha publicado el libro Arte desde América Latina, una antología de textos de Gerardo Mosquera, la cual abarca trabajos suyos que vieron la luz en la década de los ochenta, hasta ensayos que circulan por primera vez. El volumen contiene también más de un centenar de ilustraciones y estuvo prologado por el investigador griego, radicado en Australia,Nikos Papastergiadis, un teórico de obligatoria consulta en lo relacionado con temas como el de la globalización y el multiculturalismo. Por su parte, el artista mexicano Pablo Helguera fue el encargado de ilustrar la portada.

Una de las cosas que más me llama la atención del libro es que aquí las fronteras geográficas se vuelven difusas, realidad que se ha ido imponiendo poco a poco, al margen de que algunos no se percaten de ello. Así, New York es en la actualidad un epicentro fundamental del arte «desde América Latina». Igualmente, artistas europeos, estadounidenses, africanos o asiáticos son partes de un proyecto de arte público, llevado a cabo en Ciudad Panamá, a la par que los latinoamericanos realizan sus creaciones en sitios como Melbourne, EEUU, Madrid o París.  Ese es el caso, por ejemplo, de la importante creadora cubana Tania Bruguera, artífice de la fundación del Immigrant Movement International, en Astoria, Queens, proyecto comunitario harto interesante y que ya tiene una década de existencia. En dicho proyecto ideado por Tania, los inmigrantes, fundamentalmente los hispanos y los indocumentados, reciben gratuitamente clases de inglés, asesoría legal y asisten a talleres de creación artística.

Como era de suponer, en el libro lo relacionado con Cuba ocupa un buen espacio de todas las páginas. De tal modo, podemos leer estupendos ensayos acerca de Portocarrero y Amelia Peláez,  una entrevista que Mosquera le hiciera a Wifredo Lam, así como un grupo de textos sobre creadores pertenecientes a la generación de los 80, protagonistas del parteaguas que para la cultura cubana representó aquel movimiento iniciado con Volumen 1. Pero Gerardo no se queda únicamente en compilar materiales que discursan en torno al pasado sino que se mete de lleno en el abordaje (siempre desde el pensamiento lúcido) de problemáticas contemporáneas como resulta el «artivismo» que en el presente despliega la antes mencionada Tania Bruguera dentro de la propia Cuba, desde la premisa de incentivar tanto la participación cívica como el diálogo político en nuestro país.

No falta en esta obra publicada por la editorial española Cátedra una aproximación a la Bienal de La Habana, fundada en 1984 y que notablemente contribuyó en una etapa a la internacionalización de las producciones culturales de este lado del mundo. Como explica Gerardo Mosquera, ese proyecto tuvo en sus inicios un enfoque globalizador. No está de más recordar que la misma comenzó cinco años antes de que fuese inaugurada la célebre Le Magicians de la Terre, en el Centro Pompidou en París, que vino a ser una suerte de continuidad de lo que se comenzó en La Habana, aunque a estas alturas del siglo XXI y dado el estado actual de la bienal habanera poco o nada se hable de ello.

Ahora bien, el plato fuerte de una propuesta como la recogida en las 384 páginas de arte desde América Latina viene dado, según mi parecer, por la expresa renuncia al encasillamiento en atributos nacionalistas, algo que tanto daño ha hecho a nuestros pueblos, incluido el cubano. Aquí lo entendido por autóctono no entra en contradicción alguna con lo internacional.

Como queda claro tras leer los argumentos de Mosquera, lo llevado a cabo en este lado del mundo en los últimos años se ubica en los circuitos globales sin la más mínima apelación a determinados regionalismos.  Estamos ante una propuesta artística que participa de un modo fluido en los circuitos establecidos para ello. Con razón, en el prólogo de la compilación, Nikos Papastergiadis  expresa que el artista latinoamericano contemporáneo ha dejado de percibirse a sí mismo como alguien que pertenece a la periferia. Sucede que la oposición entre lo local y lo universal hoy es asunto del pasado.

Antes de concluir, quiero reproducir la nota promocional que en relación con este libro de nuestro compatriota ha puesto en circulación Cátedra Ediciones Grupo Anaya en Internet:

«Podría resultar paradójico que quien en 1996 se pronunció «contra el arte latinoamericano» agrupe ahora en este libro algunos de sus escritos sobre el arte en la región. No es así: la obra de Gerardo Mosquera ha contribuido a superar una noción totalizadora y reductora no solo del arte creado en América Latina, sino del continente mismo. Lo prueban los ensayos reunidos en este volumen, buena parte de los cuales no habían aparecido en castellano, que muestran a un pensador que no se resigna al arte con apellidos y trabaja inmerso en los procesos y eventos de la cultura contemporánea.

«El libro sobrepasa el ámbito latinoamericano para discutir problemas globales. Nikos Papastergiadis ha señalado que una de las lecciones que nos ofrece es la de «modificar el papel del artista en la periferia: pasar del que imita lo dominante para acceder a lo universal, al que produce contenido universal a nivel local. Por tanto, ofrece una metodología distintiva». Es el nuevo paradigma del «desde aquí», defendido por el autor: los contextos son ahora actuados más que mostrados.»

Por último, quiero dar gracias a Gerardo Mosquera no solo por este libro, que ojalá alguna vez se publicase en Cuba, sino por lo mucho y bueno que él ha hecho durante más de cuarenta años en pro de enseñarnos el modo en que el arte contemporáneo echa mano a los contextos, tanto culturales como sociales, para intervenir en el presente que nos ha tocado vivir.

Zona de silencio retorna a las tablas habaneras

Zona de silencio retorna a las tablas habaneras

La compañía de teatro Ciervo Encantado ha retomado las funciones habituales de los fines de semana en su sede habitual de la calle 18 y Línea, en el Vedado habanero, con la puesta en escena de Zona de silencio.

El performance escénico a cargo de la actriz Mariela Brito y bajo la dirección de Nelda Castillo, vuelve los viernes, sábados y domingos en los horarios habituales de teatro, para celebrar el 24 aniversario de la compañía, luego de varios meses de interrupción a causa de la pandemia de coronavirus.

Zona de silencio se estrenó en el mes de marzo y vio interrumpida sus funciones al inicio de la pandemia en el país, una obra performática que dialoga con varios temas y situaciones de la sociedad cubana actual.

Así, la performance coloca a la actriz Mariela Brito durante poco más de una hora a surcar un terreno lleno de alambres de púas para, de ese modo,  sacar a la luz disímiles trastornos que son parte del debate de la esfera pública  en la sociedad contemporánea universal.

Indigencia. Racismo. Militarismo. Disidencia política. Matrimonio igualitario. Maltrato animal. Homofobia. Gentrificación. Alcoholismo. Libertad de expresión. Corrupción. Adoctrinamiento. Censura. Prostitución infantil. Brutalidad policial…, son algunas de las palabras impresas en carteles que va extrayendo la actriz del suelo, tras escarbar con sus manos en la gravilla.

En esta zona de silencio o suerte de escenario de combate, los asistentes pueden ver el cuerpo desnudo de la actriz, que sabe de los peligros de cada gesto y lo que puede ocasionar el más mínimo error.

Nelda Castillo, directora de la compañía Ciervo Encantado, ya ha explorado con anterioridad en otros montajes las posibilidades que ofrece una performance. Puestas anteriores como De donde son los cantantes, Pájaros de la playa, Visiones de la cubanosofía y Variedades Galiano, Cubalandia, Rapsodia para el mulo, Triunfadela, ¡Guan melón!!! ¡Tu melón!, Departures, Arrivals, dan testimonio de lo antes expresado.

Con una puesta de escena minimalista y signada por una excelente iluminación,Zona de silencio es una propuesta cultural que no te deberías perder pues es de esos trabajos que nos ponen a pensar.

Poemas de Susana Haug Morales

Poemas de Susana Haug Morales

Licenciada en Filología por la Universidad de La Habana, Susana Haug Morales (La Habana, 1983) es poeta, narradora, ensayista y traductora literaria. Entre los numerosos galardones que ha obtenido pueden mencionarse: Premio «Farraluque» de cuentos eróticos, 2000; Premio «Ismaelillo» de literatura para niños, 2000 y Premio «Calendario» de cuento, 2000.

En su bibliografía se incluyen títulos como Cuentos sin pies ni cabeza (Ed. Sarriá, Málaga, 2000), Claroscuro (Editora Abril, La Habana, 2002), Secretos de un caserón con espejuelos (Ediciones Unión, La Habana, 2002), Estadios del ser (Ed. Sarriá, Málaga, 2002), Romper el silencio (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006) y Me encanta el sabor de la lectura (Ediciones Unión, La Habana, 2006).

Igualmente, textos suyos han aparecido en antologías como Mucho cuento (Ediciones Unión, La Habana, 1998), El ojo de la noche, nuevas narradoras cubanas (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999), Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2000) y Quemar las naves, jóvenes cuentistas cubanos (Editora da Universidade Católica de Pelotas, Brasil, 2002).

Hoy en Miradas Desde Adentro reproducimos algunos poemas de esta autora, con la idea de mostrarle algo de su obra a quienes no la conozcan.

VISIÓN

Hay una mujer dormida en la jaula de los pájaros 
Una pesadilla la cabalga toda hasta dejarla caliente y húmeda, 
  rosada 
Se ha llevado su desnudez a un rincón más amplio donde 
 poder lavarla con aceite y sangre, 
miel y sudores de cuerpos selectos 
Nada sabe de la olla destapada en la cocina que hierve 
 lenguas negras, 
bestiales, suaves, pálidas, tersas, de vaca o perro 
Desconoce los olores fuertes que crecen dentro 
 de sus grietas rosadas 
Ella yaciente y arqueada sobre la meseta de la cocina 
pasan cuadros blancos y rojos 
se deslizan con flores y el vapor emana de las grietas 
besando su espalda en Venecia un arco 
Sabe a muerte la lluvia o a tarde la muerte no sé 
 allí en su piel 
mientras penetra a la nalga la frialdad de la loza y cerca 
  humea la carne a la parrilla 
Ella dormida la ha visto un ciego y han caído por fin 
  sus ojos.

ANTICRISTO

Como amparado en la ferocidad de un tragaluz 
yo te recorro a destiempo, 
insoslayables ambos porque los cuerpos sí existen 
—las eternidades son segundos dilatados 
con tu calor único, que las hojas ignoran y trocean, 
hilachas de tu carne descomunal, magra, 
feraz hasta el tuétano calidoscópico 
de alguna sustancia fósil— 
y son más que líneas entrecortadas al barniz de la vela. 
En cualquier historia, 
discursión, retórica, nigromancia, cábala, pontificado, 
hay siempre una vela que desafíe 
la vacía hambruna de una porción de infinito: yazga aquí 
en el sumidero ventricular de los cuerpos, benedicite. 
Quien quiera alumbrarnos será bienvenido. 
NO QUEREMOS MAGOS. Tampoco la panacea 
 que embote 
cada una de mis sensaciones, las vulgarice. 
Ya no habrá mal eterno, ni serás un salvador a sorbos cortos, 
penetrando su aroma, su amargura. 
Se acoge también un poco de dolor, casi agradecidamente. 
Las palabras me profanan a su gusto, 
desátanme tiránicas para un breve respiro: 
exorcízame o poséeme por los siglos de los siglos 
que tú, infame Santísimo, bendita o antes maldecida, 
sin queja acaso, me has entregado. 
Nosotros cuajamos el tiempo, la luz, 
 los infra-ultramundos, 
lo inmaterial 
con un simple beso a todo lo visible. 
Caridad del ciego profesante de ciertos enigmas 
sólo lógicos en una partida de dados. 
Jugar a las cartas, ases en tránsito, las Suertes. 
El azar 
El prófugo 
La obscena beatitud 
Las bestias piafantes escapadas del paraíso. 
Pero no un beso de reptil petrificado 
a causa de la inverosimilitud, el escepticismo, 
el miedo a adivinarse. 
La bola de cristal cuarteada cae ante tus pies de vestal. 
Recoges muñones, un ápice 
para que el leproso contemple espejismos, 
se extasíe la vida entera, te bendiga. 
Porque Tú intercediste por él, echaste en tu piel 
la nata legañosa de su enfermedad 
—malditos caminamos hacia la cañada. 
Yo sé que ese beso los redimirá a ambos, a Pandora, 
y a los vástagos culpables-ignorados-estúpidos-facinerosos 
de las calles. 
Sosiega mis quebrantos, mis espumarajos de bilis corrompida 
que sólo mi madre y las moscas se atreven a sorber. 
Acompaña estos retardados estadíos de la conciencia, 
conjunción de todos los cataclismos, letargos improvistos 
y frenéticas dentelladas —acaso sea la rabia— 
con algo más que gárgolas agujereando sus penas 
 en mis pies, 
como perros. 
Acoso de las gárgolas: ellas tañen vengativas las campanas. 
Me oculto dentro, en la cloaca de los caños 
por los que a veces metí el dedo, o empiné una lágrima. 
¡Pobres creyentes que han comprado ya sus cuartos 
 en el reino! 
Así pago Yo tu fe 
y no avivo el pabilo de los cirios ni coloco ofrendas 
en los sempiternos nichos ocupados. 
Ellos también desafían los anales, el parsimonioso afán 
de las ampolletas en su recambio de fluidos 
que verterán —oigo los clarines— a mi garganta. 
Así habré roto el tiempo, 
hipnotizado quizás a la sacerdotisa del reloj. 
Ahora, despojado de aquellos Ilustrísimos demonios, 
me apresto a hincar la frente y al fin santificarme: 
—Perdóname, Padre, porque he pecado 
—Bienaventurados los herejes y los destronados; 
temed los unos a los otros, y confiad en la oveja negra 
que os salvará si Dios ha caído en el Sueño. 
Ya nada tiene lógica, 
motivo, 
fin. 
He mentido sobre ti. 
Regreso, pues, y declaro 
—ante los areopagitas inquisidores de las sagradas 
  cavernas— 
que no he descifrado una palabra. 
Ebrio, desnudo, corrompido yazgo. 
Me amilana luego la confesión: 
Escribimos por gusto. Después la vida será callar.

CIRCO DE ESPEJOS

II 
He quedado sola, 
espejismo que nunca llegó a ser comprendido. 
Sostuve un rosario en la mano y recé a los difuntos, 
a los que van a morir porque tienen que morir. 
Es así, 
yo lo anuncié públicamente: 
no hay lecho para los muertos. 
Pero la arena, 
espectro del sudor, 
está allí fresca. 

III 
Yo también pruebo a reírme de mí misma 
ante la galería de espejos.

¡Y llegamos a dos años!

¡Y llegamos a dos años!

Este 28 de octubre de 2020, justo hace un par de años que salió la primera edición de nuestro espacio. Quienes estamos involucrados en el proyecto, nos sentimos felices por lo hecho. En los anteriores meses, cada edición de Miradas Desde Adentro ha tratado de recoger los sucesos fundamentales de la cultura cubana, pero no solo desde lo inmediato sino desde la perspectiva de preservar nuestra memoria artístico literaria, siempre sin un enfoque excluyente sino todo lo contrario.

Por eso, aquí hemos estado abiertos a informar acerca de sucesos del arte de nuestro país en sus múltiples expresiones, sin establecer distingos entre el facturado dentro de las fronteras cubanas como el llevado a cabo en la diáspora, porque a fin de cuentas siempre es más lo que nos une que lo que nos separa.

Así pues, sobradas son las razones para darnos un autohomenaje porque si bien aún no hemos conseguido lo que nos propusimos de inicio y como toda utopía también atesoramos una que otra frustración, lo importante es intentarlo.

En nombre de quienes hemos participado en el proyecto, Leticia, Chao y yo, puedo asegurar que este  nos ha enriquecido espiritualmente y en él encontramos la energía necesaria para seguir adelante mientras la buena suerte -si al fin y al cabo la misma existe- nos acompañe.

A quienes de una u otra forma han colaborado con la idea en esta más reciente etapa, por ejemplo, Francisco de la Cal y Marla Hernández, o a los que sólo se vinculan con nosotros desde la condición de visitantes esporádicos de Miradas Desde Adentro,  de corazón ¡gracias!

¡Feliz día de la cultura cubana!

¡Feliz día de la cultura cubana!

Tengo un amigo que conocí 30 años atrás, allá por los tiempos en que yo trabajaba en la revista Alma Máter y él estudiaba en la Universidad de La Habana. Hace rato que mi socio vive fuera de Cuba y a decir verdad, en más de un asunto no pensamos igual. Sin embargo, en todo el tiempo que ha transcurrido desde que iniciamos nuestra amistad un día en el muro del malecón mientras hablábamos de temas históricos, jamás hemos discutido por nuestros credos políticos. No recuerdo desde cuándo pero hace rato que todos los 20 de octubre lo felicito por el Día de la Cultura Cubana, dados sus aportes a la misma como escritor y académico que, tras concluir su doctorado,  en la actualidad se desempeña como profesor en un aula universitaria.

Polarización entre mis compatriotas de uno y otro lado

Pensaba en lo anterior a partir de la alarma que me causa la creciente polarización que se está produciendo entre mis compatriotas de uno y otro lado del espectro político y que ha llevado a que se den acciones que juro creía ya eran parte de un triste pasado y que jamás volverían a darse entre cubanos y cubanas.

Debo acotar que en mi opinión, la intolerancia (problema que, como advirtiese Octavio Paz, no estaría tanto en el tipo de doctrina que se porta sino en la forma) entre compatriotas que piensan distinto a la hora de discutir un problema, va más allá de las diferencias políticas e ideológicas, para formar parte de nuestra (in)cultura cotidiana. Pensar lo que otro nos dice y admitir que puede tener parte de o toda la razón, para nosotros es una proeza y así, hemos obviado una moraleja de Jorge Luis Borges: “Hay que saber elegir los enemigos, porque al final terminamos pareciéndonos a ellos”.

De ahí el hecho cierto de que entre nuestros compatriotas perduran las equívocas tendencias que confunden el debate y la discrepancia de corte intelectual, en el peor de los casos, con el linchamiento del enemigo o, en la menos desafortunada de las situaciones posibles, con el mero y llano intercambio de cortesías, por lo que promover y auspiciar la discusión con las múltiples voces e ideas de la esfera pública, no es solo un acto legítimo sino también indispensable para progresar en la aspiración de alcanzar alguna vez un diálogo carente de dogmas y juicios totalizadores, en el que predomine un consenso signado por una buena dosis de serenidad y respeto.

Conseguir un efecto de “los cubanos para Cuba”

En mi caso, la apertura por la que abogo hacia quien piense diferente a mí no parte de hacerlo por cumplir únicamente con los preceptos de una meta nacionalista, expresada en la frase “Cuba para los cubanos”, sino por algo que me parece aún de mayor trascendencia de cara al futuro, es decir, conseguir un efecto de “los cubanos para Cuba” que no solo impulse el desarrollo nacional, sino que también nos ayude a vencer la percepción insularista del mundo, de la cual hemos hecho gala con demasiada frecuencia.

Volviendo al amigo que felicito cada 20 de octubre a propósito del Día de la Cultura Cubana, si algo me ha parecido vital es que, lejos de todas las buenas y malas intenciones que nos acechan aquí y allá, mantengamos nuestra amistad y el respeto por el quehacer y la forma de pensar de cada uno de nosotros. Así solidificamos un puente que construimos con nuestro mutuo afecto hace unos cuantos años, un puente que la amistad y la cultura logró, anticipándose a lo que la sociedad no ha podido resolver: «Esa ininterrumpida locura de acusación e inculpación como enfermedad mortal», a la que se refirió Thomas Berhard.

Reconciliación, diálogo y discrepancia: más que palabras

Siempre habrá minorías, de uno y el otro lado, para quienes la reconciliación y el diálogo serán contrarios a su interés en pro de mantener determinado statu quo. Si bien la inmensa mayoría de los cubanos abogamos por hacer realidad tangible y armoniosa los vocablos reconciliación, diálogo y discrepancia –como me dice una gran amiga–, pendiente tenemos el aprendizaje para ello. Empero, la necesidad del cambio, así como la experiencia vivida en estas décadas, nos urge a poner de un lado nuestras diferencias y buscar soluciones, a sabiendas de que una relación sana tiene que asentarse, esencialmente, en el respeto del criterio del otro, la legitimidad de la independencia del otro, y del mundo asociativo en el cual se constituye su otredad.

Hoy que celebramos el Día de la Cultura Cubana, todos deberíamos ser conscientes de que Cuba es una confluencia telúrica y misteriosa, que alcanza dimensiones místicas y mágicas de reductos extraños, raros y guarecedores de la belleza, aunque haya quienes no se percaten de ello.

En un ensayo de Cintio Vitier en torno a la identidad, con enorme sabiduría este intelectual afirmaba algo que desde que lo leí por primera vez me pareció fundamental: “Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos.”

Llegado a este punto, quiero felicitar a mis compatriotas que, estén donde estén y piensen como piensen, sientan que (por encima de cualquier diferencia política, ideológica, económica, religiosa, racial…) algo les une a la cultura cubana, la cual también es una patria y pertenece a los que experimenten la necesidad de sentirse parte de ella. A ustedes  les regalo unos fragmentos de un poema del desaparecido teatrista cubano Tomás González y que, en mi opinión, lanza un mensaje claro para todos los nacidos en la Isla.

Fragmentos de un poema del desaparecido teatrista cubano Tomás González

“Atrapados en nuestros tristes odios

navegamos en el rito misterioso de un viaje

por mucho tiempo ya prolongado

con rumbo hacia ninguna parte

sin avanzar y sin retroceder

manteniéndonos

a toda costa

a flote en el naufragio.”

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Dos poemas de Legna rodríguez Iglesias

Nadie puede negar que una de las escritoras cubanas más exitosas en los últimos años hes la camagüeyana Legna Rodríguez Iglesias, en la actualidad residente en Miami, Estados Unidos. Uno de los últimos libros suyos que ha salido al mercado es el titulado Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2019). Este cuaderno resultó ganador del Premio Centrifugados de Poesía Joven 2019, que organiza Ediciones Liliputienses.

El texto está escrito a partir de la experiencia del embarazo / maternidad vivida por la creadora, quien además de poeta es narradora y autora de una obra teatral con la que ganase el Premio auspiciado por la Casa de las Américas en la categoría de teatro en el año 2016.

Según ha considerado la crítica, como libro en su conjunto “Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo expande el mapa personal que es, definitivamente, la poesía de Legna Rodríguez”.

En Miradas Desde Adentro publicamos dos poemas de este reciente libro de Legna Rodríguez Iglesias, volumen que aún no se ha editado en Cuba.

Llega un día en que la tristeza te abandona

He estado triste toda mi vida.

Incluso cuando he sido feliz

También he sido

A la par

Triste.

La tristeza me ha beneficiado

Y yo la tomo en cuenta

Para cuanta cosa

Emprenda.

No sé cómo será el mundo

El día que la tristeza me abandone

Cómo será mamá

Y el resto de las personas

Que ya no existen.

Me parece que hace días

Nada existe

Sólo yo y una uva

De dos centímetros

En mi útero.

La cosa en perspectiva

La figura del pez, tan manida,

La encuentro en un libro de crónicas sobre la caída del muro.

Una madre es un delta y su hijo es un pez.

Si el pez sale del delta antes de tiempo fallece.

Error.

El pez no se entera.

Fallece la madre.

Una madre es un muro hasta que su hijo fallece.

Cuando se produce el fallecimiento se produce también la caída.

Yo escribo la crónica sobre mí misma en forma de poema.

El poema es para mi pez.

Es decir para mi hijo

Que salió de su delta antes de tiempo.

Los escombros del muro están en una esquina.

Nadie toque ese cemento.

Nueva presentación del libro Guillén Landrián o el desconcierto fílmico

Nueva presentación del libro Guillén Landrián o el desconcierto fílmico

Si los muertos pudiesen sentir y reaccionar, imagino que en su tumba Nicolás Guillén Landrián (Camagüey, 1938; Miami, 2003) debe estarse riendo de lo lindo en los últimos tiempos. Artista estigmatizado en una larga etapa, hacedor de una obra por muchos años censurada y relegada al olvido en Cuba, fue a inicios del presente siglo XXI que la filmografía de este singular realizador, que también incursionó en la pintura y la poesía, comenzó a ser recuperada por los investigadores y los jóvenes cineastas cubanos, que hoy lo tienen como un paradigma del paisaje fílmico nacional.

Por estos días dos noticias llenan de júbilo a quienes han admirado la obra de Nicolasito, como se le solía decir. Por una parte, se ha sabido que, bajo la dirección del también realizador fílmico Ernesto Daranas Serrano, el ICAIC acomete un proyecto de restauración de la producción cinematográfica del otrora cineasta maldito. Pero si eso no fuera más que suficiente para que Guillén Landrián, en el lugar donde esté su alma -si al fin y al cabo la misma se encuentra en alguna parte-, se esté riendo a mandíbula batiente, este lunes 28 de septiembre el Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños de la Universidad de Nueva York (CLACS) acogerá de forma online la presentación del libro Guillén Landrián o el desconcierto fílmico, publicado en 2019 por el sello editorial Almenara.

Además de la presentación del libro en el Centro de Estudios de la Universidad de Nueva York, tendrá lugar un conversatorio guiado por los editores del volumen, Julio Ramos, profesor emérito de la Universidad de California en Berkeley, y Dylon Robbins, profesor de la Universidad de Nueva York, junto a nuestra compatriota Odette Casamayor Cisneros, quien es profesora de la Universidad de Pensilvania, y autora de uno de los capítulos incluidos en esta compilación de 17 ensayos y 3 entrevistas.

El libro está organizado a partir de cuatro ejes temáticos. El primero de estos ejes temáticos se relaciona con el archivo y la recepción de Nicolás Guillén Landrián, tanto en el decenio de los 60 como tres décadas después, cuando, a principios de los 2000, su obra comenzó a ser recuperada en el contexto de las Muestras de Jóvenes Realizadores (en la actualidad Muestra Joven).

En esta parte del volumen aparecen dos de los investigadores cubanos que más han hecho por el rescate de la figura de Guillén Landrián: Juan Antonio García Borrero y Dean Luis Reyes. Ellos proponen dos ensayos que brindan un detallado panorama acerca del impacto del realizador en su época y de la recuperación de su obra en las últimas décadas. 

En el caso específico del trabajo escrito por dean Luis Reyes y que lleva por título el de “Exhumaciones de Nicolás Guillén Landrián”, el autor persigue evidenciar cómo la exhibición de los documentales de este creador registró un fuerte impacto en la producción de los jóvenes cineastas, lo cual originó una nueva etapa  en el cine documental de Cuba. 

Por su parte, el profesor universitario y ensayista Rafael Rojas Gutiérrez, en su ensayo “Documentos en la sombra. Asedios al texto fílmico de Nicolás Guillén Landrián”, a partir de las agudas reflexiones a las que nos ha acostumbrado, ubica a Nicolasito en el contexto intelectual de su tiempo, poniendo énfasis en la dimensión ideológica de la crítica del cineasta a la razón instrumentalizada del momento  de la Cuba que le tocó vivir.

El segundo eje está concebido en relación con la mirada de Nicolasito Guillén Landrián a propósito de las cuestiones de raza y racismo en el discurso oficial de la Isla. Bajo el nombre de “Desfase racial”, aparecen aquí tres ensayos. El texto de Julio Ramos en cuanto a la intersección entre poesía, cine y la crítica al racismo en los documentales de Guillén Landrián plantea formas hasta ahora no manejadas para meditar en torno a la “locura”, del artista, mediante un cuestionamiento del paradigma biográfico que patologiza el “delirio” liberador de su obra. 

Mientras tanto, la profesora universitaria Odette Casamayor-Cisneros formula una harto interesante lectura del rol de la mirada en la producción fílmica de Nicolasito, la cual contrarresta los estereotipos raciales que, con respecto a estas problemáticas, ha sufrido la obra del realizador. 

Un tercer ensayo de este eje está a cargo de  Anne Garland Mahler, que  describe cómo la obra de Guillén Landrián pone en evidencia el carácter contradictorio de la política y el discurso oficial del gobierno revolucionario cubano con respecto al racismo, cuya estrategia fue por demasiado tiempo la negación cuando se señalaban las continuidades históricas del racismo en la Isla, a partir del silenciamiento del tema.

Esta sección concluye con una entrevista al cineasta  Jorge Luis Sánchez, director de películas como El Benny, Cuba libre y Buscando a Casal, quien  expone criterios que demuestran la diversidad de opiniones recogidas en el volumen, algo que para mí resulta un acierto de los compiladores Julio Ramos y Dylon Robbins.

En el  tercer y cuarto eje  del libro se abordan, respectivamente, los rasgos experimentales y el papel de la tecnología y la mediación en los filmes de Nicolás Guillén Landrián. Aquí se incluyen análisis de aspectos específicos de su obra como la relación del creador con la política institucional, las metáforas de lo urbano y lo rural empleadas por el artista, o el devenir de los documentales en la era digital. Muy recomendables son los ensayos de Ruth Goldberg y Dylon L. Robbins. En el primero, la autora pone su énfasis analítico en las complejidades de las relaciones entre ficción y documental en un material como Reportaje (1966), a partir de un análisis de la edición y el sonido del filme.

Por su parte, el ensayo “Ruido”, de Robbins, se acerca al empleo del plano sonoro en Desde La Habana ¡1969! Recordar (1970) y elabora una teoría en torno al poder de significación del sonido en este documental. Según el autor, el cuestionamiento de categorías como “verdad”, “conocimiento” o “inteligible”, produce “una política sonora del ruido” típica de la obra de Guillén Landrián. 

Otro de los notables aciertos de este libro viene dado por la inclusión en el mismo de testimonios que contribuyen a profundizar en la vida y la obra de Nicolasito. En ese sentido, encontramos en el texto tres entrevistas de suma utilidad. Son ellas las realizadas a Gretel Alfonso, viuda del cineasta, Livio Delgado, fotógrafo de cinco documentales de Landrián y Manuel Zayas, cineasta e investigador.

Recordado y cada vez más respetado por piezas audiovisuales como En un barrio viejo (1963), Los del baile (1965), Ociel del Toa (1965), Retornar a Baracoa (1966), Reportaje (1966), Coffea Arábiga (1968) y Taller de Línea y 18 (1971), para la cultura cubana es edificante el proceso de recuperación que se ha dado en torno a la figura de Nicolás Guillén Landrián, más allá de la pena que se experimenta al saber lo que este hombre pasó por ser incomprendido y denostado. Así pues, el libro Guillén Landrián o el desconcierto fílmico es un paso más que necesario en la producción de investigaciones serias sobre su obra y la desmitificación de un creador que durante años fuese estigmatizado en Cuba por razones extra artísticas. Solo es de desear que más temprano que tarde, el volumen compilado por Julio Ramos y Dylon Robbins pueda circular en nuestro país, lo cual sería parte del desagravio que todavía entre nosotros se le debe a Nicolasito.

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