Category: Cuba

Poemas de Manuel Sosa

Poemas de Manuel Sosa

Este domingo 28 de junio, el poeta Manuel Sosa celebró su cumpleaños 53. Lo sé no porque él y yo seamos amigos sino gracias a Facebook, ese sitio que tanto me hace pensar en las viviendas solariegas de mi querido y destruido barrio de San Leopoldo en Centro Habana. De inicio, pensé en felicitarlo de forma pública, pero a la postre me pareció algo rutinario y a fin de cuentas forzado.

Preferí entonces dejar transcurrir 24 horas y en vez de tener un simple cumplido, dedicarle el espacio de hoy en Miradas Desde Adentro, con el añadido de compartir en el sitio algo de su excelente producción poética. Lo hago, sobre todo, porque las nuevas generaciones cubiches, tanto de lectores como de escritores, desconocen en su gran mayoría lo que en materia de literatura se hizo en este país durante las dos últimas décadas del pasado siglo XX. Y es que son muchos los que entre nosotros se esmeran en hacer realidad lo que proclamaba desde su título aquel viejo libro de Aldo Baroni: Cuba, país de poca memoria.

Natural de Sancti Spíritus, a Manuel Sosa lo asocio de inmediato con los nombres de un grupo de escritores procedentes de la región central de Cuba y salidos a la palestra pública entre fines del decenio de los ochenta y comienzos del de los noventa. Son los casos de figuras como Heriberto Hernández, Sonia Díaz, Frank Abel Dopico, Arístides Vega  y Héctor Miranda.

Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa, entre los libros publicados por Manuel Sosa están Utopías del Reino (Premio David 1991, Premio Nacional de la Crítica 1993), Saga del tiempo inasible (Premio Pinos Nuevos 1995), Canon (2000), Todo eco fue voz (antología, 2007) y Una doctrina de la invisibilidad (2009).  En la actualidad, Sosa reside en la ciudad de Atlanta, Georgia.

Del par de textos que hoy reproduzco, incluyo uno que, según tengo entendido, Manuel Sosa escribió allá por los lejanos ochenta y que versa justo acerca de las palabras como delimitación. El otro es perteneciente a su producción hecha ya en la diáspora.

LA QUEDA

I

La primera palabra en la primera puerta no

advierte y retribuye con su papel de bastimento a la

palabra que golpeará un rostro en el final.

La segunda cita en sombras es otra mentira

como mentira han sido las tumbas, las quedas

anticipadas y estos pobladores sentados en toda su brevedad.

El precio de abdicar se intuye:

si llegara raudo el estafeta,

si vibrase entonces,

si dejara un manto como recuerdo.

Y de recuerdos vive el hombre:

una tregua para amonestarse sin pudor,

una bifurcación cuando los anfitriones rueguen

o acometan.

No es un sitio para evocar, pero hasta donde la vista alcanza,

se vislumbran puntos insalvables,

riscos de sueños y petición,

(adonde nunca llegarán los elegidos)

Acaso alguien camina sin violar la queda

porque no todo descubrimiento es conciliador.

No es un sitio para merecer, pero esta noche se

descubre como una angosta puerta,

y pasan taciturnos a borrar sus cuadernos.

(La primera palabra está en otra página)

La calma suscita un sometimiento que no

importará si es que no importa dividir una casa.

¿Precisan el parlamento esos hombres?

La batalla que interrumpen será olvidada pese a

todo, y en sus memorias continuarán las flaquezas,

los reparos.

«El tiempo que toma hacernos inactuales es el

tiempo del delirio y el afiebramiento»,

y como reza el motivo de los guardas,

y así será, así vendrá la luz sobre sus predicciones.

«La primera palabra, que nadie pronuncie otro

nombre y encontrarán el rastro seguro, el final

prescrito».

Si esta es la noche, decidirá la experiencia:

el asedio comienza inexplicablemente

y alguien confiesa sus delaciones.

(La casa parece tan segura, y será la única razón

para abandonarla esta vez)

II

Palabras: en camino quien desciende y anuncia.

Palabras: esperando como una estación revisitada.

Las palabras en la boca de los sitiadores, que hacen

las paces a espaldas del gobierno.

Para cada gobierno un peldaño, y volver a empezar.

(Valgan los oficios que siembran el desconcierto)

El color local, la caridad de provincia,

el azoro de un delegado amenazante: no todo fluye, poeta.

La noche en la poesía regional es simplemente la queda.

La segunda citas, la segunda muerte, la primera

palabra en su antigua voz.

¿Y quién cambia de parecer, sino el guarda?

Dócil, distanciada otra mujer se estremece.

Nadie necesita esta sorpresa.

No saber del cerco para hacer juego.

En alguna buharda quedan los retratos, las

estampas, las malas noticias.

A la mesa los hijos, las madres que les desconocen

las próximas víctimas.

Así saben cuan larga es la noche, y en la queda

madura el arrobamiento de quienes tardarán

en salir al ruedo.

Así valga el cántico en las afueras, un rumor

casi inaudible y que nadie confiesa.

LUNAS

En cada transposición del silencio, un nido abierto

que busca otro nido triunfal,

dos estoques contra las rejas:

allí he visto juntarse las lunas, en mi piel,

en la garganta que intenta el grito.

Cuando desciende el crisol y sangra la bestia

las lunas se posan sobre yacijas irreales.

Son las noches de untarse esa pócima

abandonada a la indiferencia del muro.

Son las noches de evitar ciertos cumplidos que seducen.

Inapresable mi ánima salvo cuando se juntan

los portentos que ahora confieso,

he tenido que ver cómo talan los sicomoros

y se mella el filo contra la corteza.

He tenido que ver cómo desmenuzan los nidos,

y cómo a mis lunas, en la fragua de la lucidez,

de un golpe separan.

San Juan Murmurante

San Juan Murmurante

Nunca he creído ni mucho ni poco en la reiterada idea del fatalismo geográfico. Los creadores cubanos residentes en cualquier punto del país fuera de los límites de La Habana, cuando son genuinos de verdad, contra viento y marea se abren paso. Otra cosa bien diferente es reconocer que en materia de cultura, no hemos logrado librarnos de un enfoque habanocentrista, expresado en mil y un ejemplos.

De tal suerte, en una manifestación como la música, las discográficas nacionales, todas radicadas en la capital, jamás han conseguido ofrecer una muestra equilibrada de lo mucho y bueno que en materia de arte sonoro, tanto popular como académico, se lleva a cabo desde Pinar del Río hasta Guantánamo.

De ahí que siempre que me encuentro con un fonograma de un artista no residente en mi querida Habana, siento especial interés por escucharlo. Justo eso me sucedió con el álbum titulado San Juan Murmurante, realizado por el Coro de Cámara de Matanzas, bajo la dirección de José Antonio Méndez Plasencia.

Licenciado por Producciones Colibrí del Instituto Cubano de la Música, este CD me resulta uno de los más llamativos entre los hechos en el universo de nuestros coros en años recientes. En ese sentido, tengo que afirmar que, en el plano personal, el disco fue una muy grata sorpresa pues, aunque desde hace tiempo conozco el trabajo de José Antonio al frente de formaciones vocales y experimento gran respeto por lo que él ha hecho con distintos proyectos, no me imaginaba un fonograma al corte de San Juan Murmurante (título tomado a partir del nombre de una composición de Marta Valdés), en especial por el repertorio que en el mismo se registra.

Con piezas que van desde versiones corales de temas harto conocidos hasta obras concebidas por sus autores para el formato de coro, soy del criterio de que el mayor mérito de la grabación está en rescatar del pasado algunas partituras que rara vez en los tiempos que corren son interpretadas.

Magníficos ejemplos en dicho orden son los casos de “Curujey”, obra concebida a partir de versos de Nicolás Guillén musicalizados por Amadeo Roldán, y “El Caballo Blanco”, escrita por otro grande de nuestra creación sonora, el remediano Alejandro García Caturla, composición inspirada en ese clásico de la música popular cubana que es “El fiel enamorado”, original de Francisco Portela. Confieso que hasta la audición del álbum, nunca antes yo había oído estos dos temas, que para mí resultaron todo un muy grato descubrimiento.

El buen tino de José Antonio Méndez Plasencia al escoger el repertorio para el fonograma llevado a cabo por el Coro de Cámara de Matanzas se vuelve a corroborar en la sabia alternancia de la que hace gala al elegir tanto piezas de raigambre popular, como otras en las que el sello de la música académica es lo prevaleciente. Así, entre los momentos más logrados en el álbum, según mi parecer, están la interpretación efectuada del archiconocido “El manisero”, perteneciente a la autoría de Moisés Simons y en este caso, en una acertada reescritura a cargo de Yaniel Fernández Águila, o el corte con el que se pone término a la grabación, es decir, “Un baile muy rápido”, firmado por el compositor y director orquestal Roberto Valera.

Con lo expresado hasta aquí, queda claro que con un fonograma como San Juan Murmurante, del Coro de Cámara de Matanzas bajo la dirección de José Antonio Méndez Plasencia, se verifica que más allá de las fronteras habaneras, a lo largo y ancho de nuestro país hay personas que están haciendo música de primer nivel, tanto o más llamativa que la efectuada por sus compatriotas capitalinos, algo que siempre debería tenerse en cuenta pero que con triste frecuencia es pasado por alto.

Queja de la luna llena

Queja de la luna llena

Justo en coincidencia con una de las celebraciones a propósito del 8 de marzo, por encargo de una revista de una universidad brasileña, preparé un ensayo acerca de la participación de las mujeres en la vida musical cubana. En relación con el asunto, en los cursos acerca de música popular que imparto, en la clase dedicada al tema de la relación entre música y género en nuestro país, utilizo entre otras canciones piezas como “Queja de la luna llena”, “Días de calor”, “Son de Camagüey”, “Convocatoria” o “No tan feliz”, todas compuestas por Lilliana Héctor Balance, una de nuestras creadoras que en su obra musical mejor representa el discurso de clara orientación feminista.

Sucede que en el terreno de la cancionística nacional, de un tiempo hacia acá hay una cada vez más creciente participación de artistas femeninas. Lo interesante es que ya no solo se desempeñan en el área del canto, como ha sido habitual, sino que asumen roles como instrumentistas. Pese al importante papel que tales creadoras vienen jugando, llama la atención que en Cuba no se hayan realizado estudios de género, a fin de establecer diferencias y similitudes entre las canciones compuestas por mujeres y las hechas por hombres.

Si bien es cierto que el arte no está para ser seccionado, las sicologías de ambos géneros son diferentes, a lo cual se une la realidad de que cada persona le aporta su individualidad a lo que hace. De lo anterior se desprende que nuestra condición de hombre o mujer quedará plasmada, al margen de la propia voluntad del individuo, en la creación artística, porque formamos parte de una historia social. Por ello, la importancia en las ciencias sociales contemporáneas de estudios de género o de generaciones.

Esos análisis a partir de enfoques de género, pendientes en el universo trovadoresco cubano y en general en toda nuestra música, quizá podrían responder preguntas como: ¿por qué históricamente han sido pocas en la Isla las mujeres trovadoras en comparación con los hombres, o cuánto de una visión machista del mundo perdura en canciones de trovadores de nuestros días? No está de más señalar que el discurso académico que se define como neutral resulta a la postre muy masculino, o sea, que una perspectiva de género para indagar en torno a la práctica musical es más que necesaria.

Piénsese en que al reflexionar acerca de la presencia de la mujer en la historia de la música cubana, hay una gran cantidad de interrogantes que aguardan por serias exégesis. Por ejemplo: ¿Las cuestiones de género pueden quedar limitadas únicamente a lo corporal-baile? ¿Qué rol ha jugado lo sexual en las estrellas femeninas que ha tenido nuestra música? ¿Han sido acaso expresión de la liberación sexual femenina o, por el contrario, manifestación de convertir a la mujer en mercancía? ¿Cómo ha sido la división social del trabajo en la música cubana? ¿Existen entre nosotros en lo musical estereotipos de género? ¿Cuáles? Digo esto último a propósito de la vestimenta, los movimientos en la escena, las letras de las melodías, la forma de cantar, la publicidad, los videoclips… En fin, que ya es hora de que en Cuba en lo concerniente a los estudios de música y mujer avancemos del imprescindible recuento biográfico a una fase superior y crítica, en la que se intente establecer las diferencias, si es que existen, en la práctica musical por el género masculino y el femenino.

Ocurre que a estas alturas del siglo XXI hay tantas razones para ser feminista, como reclamar que hombres y mujeres seamos iguales en dignidad y derechos, pedir el fin de la violencia del sistema machista que desprecia a los seres diferentes, o luchar porque verdaderamente algún día se haga realidad el ideal republicano de libertad, igualdad, fraternidad, un sueño todavía pendiente. Por todo ello y por mucho más, sobran motivos para continuar haciéndose canciones que nos invitan a identificarnos con esa mitad de la humanidad, exmoradora de la antigua ciudad de Delfos, donde estaba el templo de Afrodita. A fin de cuentas, el canto feminista de cualquier mujer en Cuba o en otro sitio del mundo hace pensar que, como dijese hace años Víctor Hugo, «la utopía de hoy es la realidad de mañana».

De todo un poco

De todo un poco

Tengo el privilegio de conocer el trabajo de Jóvenes Clásicos del Son desde su fundación, allá por 1994. A lo largo de todo este tiempo la nómina de integrantes de la agrupación ha ido cambiando, como suele suceder en la historia de cualquier grupo. Sin embargo, el director del colectivo, el contrabajista Ernesto Reyes y que responde al sobrenombre de “Palma” por proceder del poblado homónimo en la zona oriental de nuestro país, ha conseguido el harto difícil y anhelado sueño de cualquier formación musical, es decir, alcanzar un sello propio, un estilo original y un timbre inconfundible que les identifique.

Ello se puede comprobar si uno escucha de conjunto la discografía de Jóvenes Clásicos del Son, concebida a partir del apego al formato y la sonoridad de un septeto que defiende lo más auténtico de la música tradicional cubana pero que, al propio tiempo, en virtud de las sabias y funcionales orquestaciones que emplea, también suena muy contemporáneo.

En esta nueva producción fonográfica de la agrupación, la octava  en su devenir y que lleva por título De todo un poco, la fórmula por la que han apostado “Palma” y sus compañeros de grupo continúa siendo la misma que ellos han defendido en los pasados 25 años, o sea, interpretar un repertorio en el que están presentes distintos géneros de nuestra música pero con la elegancia y el decir característicos de la trova.

Así, en los doce cortes que recoge este álbum, podemos disfrutar desde un son a la manera en que se interpreta en el oriente cubano, de una trovada tradicional a dos voces, de un bolero o hasta de un riquísimo nengón con rumba. Igualmente, el buen gusto para escoger los temas que se incluyen en el disco se pone de manifiesto todo el tiempo y por dicho camino encontramos aquí, por solo mencionar unos ejemplos,  composiciones de creadores tan prestigiosos como Miguel Matamoros, José A. Nicolás y Amaury Gutiérrez.

Con producción de Ernesto Reyes “Palma” y la participación de varios invitados que también aportan lo suyo en aras de lograr un fonograma atractivo y que solo necesita ser bien promovido, estoy convencido de que el disco De todo un poco, de Jóvenes Clásicos del Son, es de esos trabajos que deleitan al más exigente devoto de la música tradicional cubana de ayer, de hoy y de siempre. Digo yo.

Poemas de Yamil Díaz

Poemas de Yamil Díaz

Conocí a Yamir Díaz Gómez(Santa Clara, 1971) hace alrededor de treinta años. Por entonces yo trabajaba en la revista Alma Máter y él cursaba la carrera de periodismo en la Universidad de La Habana. Me parece que fue ayer cuando un día Yamir se nos apareció en la redacción de la publicación a proponernos una colaboración. Desde entonces he seguido su quehacer, ya fuese como periodista, editor, promotor cultural, estudioso de la obra de José Martí y sobre todo, como el excelente poeta que es. 

Entre sus libros pueden mencionarse Apuntes de Mambrú (1993), Soldado desconocido (2001), Fotógrafo en posguerra (2004), que integran una trilogía aparecida en tomo único bajo el título de La guerra queda lejos (2006, 2009), además del folleto El flautista en la cruz (2000) y el poemario para niños En el buzón del jardín (1999, 2002, 2013).

Hoy quiero proponer algunos viejos poemas de este santaclareño y que disfruto muchísimo cada vez que vuelvo a leer. Ojalá que los seguidores de Miradas Desde Adentro disfruten como yo con la obra de alguien al que respeto por su quehacer intelectual y que además es un buen amigo.

Poesía de Yamir Díaz

EL SOLDADITO DE PLOMO


…fue una caída terrible. Quedó clavado de cabeza entre los adoquines…
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .H. C. ANDERSEN

No vendrás al abismo en que me postro,
porque eres de papel: no has existido.
No escucharás mi último latido,
ni habrá más polizones en tu rostro.

Amada, a causa de mi desconsuelo
todo cae, todo flota, todo yerra.
Ahora el cielo ha bajado hasta la Tierra,
y la Tierra ha subido rumbo al cielo.

Mi humilde eternidad ya no reposa,
porque sé que la muerte no te roza.
Y —aunque el cielo te brinda sus candiles
herido por mi única estocada—
voy descubriendo que la muerte, Amada,
es cruel hasta en los cuentos infantiles.

Muero. Y un espejismo me promete
anunciar a las puertas de palacio 
que un soldado te aguarda en el Espacio
clavado como un Cristo de juguete.

Voy cerrando los ojos, con tal gozo
que detrás de mis párpados te miro,
que lo perenne cabe en un suspiro,
y es otro el cuento, mucho más hermoso.

A este trozo de plomo y remembranzas
le late un corazón porque tú danzas,
porque eres todo lo que hay esta vez,
porque das a un soldado la certeza
de que es bueno pararse de cabeza
cuando todo en el mundo está al revés.

Pero no tengo ya dónde ni cómo
ganar mi apuesta a la melancolía;
pues no vas a morir, amada mía,
a pesar de estas lágrimas de plomo.

Ahora el duende repite sordo, cruel,
que hay una bailarina suspendida
a salvo de la muerte y de la vida.
¡Ay!, mi novia no existe: es de papel.

Amada, ¿te me has vuelto colibrí?
Me he quedado sin quién, sin qué, sin cuándo,
sin más amparo que mi frenesí.

Voy muriendo de un golpe oculto, blando.
Y he cerrado mis ojos, preguntando
cómo será la eternidad sin ti.

LETANÍA MENOR PARA TU MANO

Estoy leyendo el último periódico del siglo,
y llegas tú.
Y tu mano derriba las noticias
y tu mano me toma de la mano.
Soy un niño perdido
en la dulce emboscada de tu mano.

Más allá de tu mano no hay relámpagos,
no existe la palabra nomeolvides
ni cosa tan real como la sombra de tu mano.
Ahora todos mis versos terminan en tu mano
porque yo estoy escrito en las líneas de tu mano.

Yo voto con tu mano.
Aplaudo con tu mano.
Me refugio en tu mano por si mañana Dios está más lejos.

Donde acaba tu mano comienzan las preguntas.
¿Qué será de la lluvia sin tu mano?

Sólo tengo tu mano contra el espanto y la rutina.
Tu mano que me escribe;
tu mano que me toma de la mano,
que me deja perdido en un poema
donde yo estoy leyendo el último periódico del siglo,
y llegas tú.

EL NACIMIENTO DE MAMBRÚ

Te llamarás Mambrú. Tu doble irá a la guerra,

y los dos cantaremos qué dolor

cuando pasen los soldados sobre el puente.

Ya lo sabrás, Mambrú: 

los soldados se matan por un rey al que no han visto respirar;

la guerra queda lejos.

Qué dolor: el pañuelo jadeante de la novia,

el pañuelo que silba junto al tren,

y el tren se arrastra sobre el puente de los tristes.

La historia queda lejos. Qué dolor:

esa novia que gime no es la historia.

Y la muchacha que olvidó nacer a la hora precisa

para aplaudir al padre que nunca volverá,

y esos soldados que pasan, nunca fueron la historia.

Tú has nacido en el puente de los tristes.

En este sitio, nacer no es derramarse

sino estar condenado a no partir.

Aquí vienen, llorosos,

el leñador, el ministro, el nigromante.

Aquí se dan la mano ladrones y verdugos:

todos tienen un doble que roba o guillotina.

Ya lo sabrás, Mambrú:

tu doble un día volverá de la guerra,

y no estará la novia. Qué dolor.

Hijo: la soledad no tiene doble;

la soledad viaja en el tren de los soldados

para que el puente vibre,

y tú y yo nos abracemos,

y cantemos de nuevo qué dolor.

Las palomas no vienen al andén cuando regresan los soldados.

Aquí no nacen héroes. Qué dolor.

Qué dolor.

Qué pena.

DISCURSO EN UNA ESQUINA DE PARÍS 
                                  
                                                               a veronique joncheray

Son las dos de la tarde en los relojes de París,
y la ciudad se llena de viajeros y palomas.
Los viajeros preguntan por Rimbaud,
los viajeros se llevan una torre de juguete:
un país de juguete que gobernaron cuando niños.
Son las dos de la tarde,
y la niñez de los viajeros regresa por las calles de París,
y todos aman a una mujer de treinta y siete años.

Todo el que ama tiene
algo de organillero.
Por eso los viajeros llevan en las arterias una música oculta
mientras las estudiantes navegan por el Sena.

Son las dos de la tarde.

Tener amigos por solo una semana,
es el oficio más triste del mundo.
Y he aquí que los viajeros se consuelan
dando una falsa dirección:
disimulan sus lágrimas poniendo en hora los relojes.

En París, casi siempre, son las dos de la tarde.

EL TESTAMENTO DE MAMBRÚ

Hijos míos: yo nunca seré un héroe.
Nunca tracé las coordenadas por donde debió cruzar el río;
no descubrí la pista hacia la lluvia;
no ordené a los soldados un eclipse.

Hijos míos: yo nunca fui a la guerra.
Mi historia era un pretexto
para que las mulatas salieran al balcón.
                      
                                   Vengo del fango y del trigo
                                   sin más que mi serenata.
                                   Voy a la muerte, mulata,
                                   ¿quieres morirte conmigo?

Yo sé cuán poco vale el hijo de un soldado,
y por eso les dejo este silencio:
nadie recuerde que Mambrú tenía dos hijos
y un telescopio
y un fusil
y unos zapatos blancos.

Un día el tiempo abrirá de par en par las siemprevivas,
asomarán otras muchachas al balcón,
y por eso les dejo estas palabras
con las que les dirán que ellas vienen del trigo.

Hijos míos: yo nunca fui a la guerra;
pero he cruzado las calles donde alguien estafó al ilusionista.
He dormido en portales
sin más que el viento saltando entre mis dedos,
y por eso les dejo las campanas, los puentes, los caminos…
Pero no volveré a prender candiles en los rincones de la casa
porque si vuelvo dejaré de ser eterno.

Mi historia servirá
para que los soldados inventen un eclipse
y descubran la pista hacia la lluvia
y tracen las coordenadas por donde va a cruzar el río
y mueran por la patria,
aunque la patria sea una palabra que no entiendan.

“Quiero verte otra vez”

“Quiero verte otra vez”

Ya son varios meses en los que el mundo y nuestro país en particular están viviendo una situación atípica para la cual nunca estuvimos, ni estaremos preparados. Son tiempos difíciles, empañados por una pandemia global que azota cada área geográfica de nuestro planeta. Muchas han sido las víctimas y los afectados ante tal situación. Es por ello que, los llamados a la conciencia social, al distanciamiento entre las personas y la necesidad de quedarnos en casa (#Quédateencasa), se han convertido en las consignas más importantes para combatir esta enfermedad.

El arte y la cultura en general se han sumado al mensaje de cuidarnos para vencer este mal, y así, volver a vernos otra vez. En muchos países del orbe, como en Cuba, disímiles artistas han realizado actividades e iniciativas con el fin de llegar al público mostrando esta recomendación por el bien de todos.

Uno de estos creadores es Alexander Abreu, director de Havana de Primera, agrupación muy querida y popular en nuestro país y en muchas partes del mundo. En la memoria del pueblo cubano está siempre presente “Me dicen Cuba”, tema de un fuerte sentir patriótico, el cual enaltece los valores que llevamos arraigados todo aquel que se siente orgulloso de ser cubano. Es una canción que marcó pauta, porque no había un rincón de Cuba en el que no se coreara cada una de sus líneas.

Siguiendo la estela del tema anterior y comprometido con estos tiempos, Alexander Abreu presentó hace un mes “Quiero verte otra vez”. Este es un track que desde sus primeras estrofas aborda lo que sucederá cuando toda esta situación compleja pase, que no son más que aquellas acciones que el cubano por naturaleza más extraña de su cotidianidad, un saludo espontáneo lleno de besos y abrazos. Como él mismo expresa y nos hace soñar, cuando te vuelva a ver, algo que debemos decir a cada uno de nuestros seres queridos y amigos, es tiempo de celebrar, brindar y agradecer por haber ganado esta batalla. La invitación a su vez se convierte en un motivo más para valorar todo aquello que tenemos, y que por cosas de la vida no sabemos lo que el destino les pueda deparar. 

El ritmo y el sabor de nuestra música, esa que nos identifica y nos hace bailar en este tema, viene acompañada por ese mensaje que se repite una y otra vez, pero que nunca es suficiente para hacernos entender, la necesidad de quedarnos en casa. Bailando, cantando o tarareando la letra, volvemos a sentir que la mejor manera de cuidar a nuestra familia y a todo aquel que de verdad nos importa, es concientizando que si hacemos lo establecido y nos cuidamos cada uno, estamos cuidando a los demás. 

A partir de aquí, del disfrute de otra de las grandes creaciones musicales de Alexander Abreu, nos toca a nosotros pensar y reflexionar sobre la importancia que tiene cumplir con las orientaciones que nos hacen para vencer más rápido esta enfermedad. Todo aquel que gusta de la buena música y las cosas que se hacen de corazón, puede encontrar en “Quiero verte otra vez” un mensaje claro, con un lenguaje sencillo y directo, en el que se busca llegar a la población para transmitir lo que extrañamos, pero que para llegar a ello tenemos que cuidarnos cada uno de nosotros.

Todas las noches mientras se aplaude bien merecido al personal de la salud, algunos vecinos se rotan para que en el mismo instante que se agradece a esos héroes de batas blancas, en el barrio bailemos al compás de Alexander Abreu y Havana de Primera con esta canción. Ojalá como mismo llegó a los corazones de cada cubano “Me dicen Cuba”, “Quiero verte otra vez” toque la fibra y haga pensar a todos.

Sevilla sin mí

Sevilla sin mí

Le dije a los colegas que me iba a Sevilla aquella Semana Santa del 2008 y
me encerré en mi piso de estudiantes, para acercarme a ella. La llamé tantas
veces  que el teléfono se me quedó sin saldo; entonces cerré los ojos para
que su voz no se escapara. Su voz tan pequeña como ella misma. En la
oscuridad del cuarto recordé todos los detalles: el parto, su cumpleaños, el
primer día de escuela y la magia de los libros. 
Por el balcón se colaba el ruido de las procesiones de Zaragoza, más
modestas, de seguro, que las de Sevilla. Yo tenía miedo de que  la algarabía
de la calle  me robara   su risa. Su risa más grande que ella misma y ahora
tan chica, como todo lo que  queda tan lejos. 
 Ya mi curso está por terminar y estaremos juntas, indivisibles. Ella me
había respondido   un “sí” muy tenue y yo adivinaba sus besos en mi foto y
la comida  de la abuela que no lograba quitarle el frío.  
Aquella semana del 2008,  no pudo ser Santa para mí. Mis colegas de piso
revoloteaban como niñas y llenaban la tarde con sus chistes. Yo salía a
ratos, escondía mis ojeras y me inventaba una sonrisa. 
Y después regresaba a la cama otra vez a tejer un te amo que cruzara el
Atlántico. Casi podía escuchar el ruido de La Habana y  el ladrido del
cachorro que ella escogió como una suave, peluda prolongación de la ternura.

A la siguiente semana volví a la calle. Bajé por Corona de Aragón, crucé
hasta la plaza San Francisco, le sonreí al anciano y al niño  que aún no ha
probado los adioses. Calenté el alma  con un café,  al sol y entre la gente.
Crucé el campus de la Uni Zaragoza y saludé a los colegas.
Bella Sevilla, les dije.  Aun me duelen los pies de tanto taconeo.

Jade y su nueva propuesta fonográfica

Jade y su nueva propuesta fonográfica

“Hay días en que se juntan mis penas / ganándole la partida a mi pobre corazón / pero hay otros en que amanezco cantándole en sol mayor a la vida / y doy las gracias a Dios. / Días en que el amor de tu vida / a la vuelta de la esquina / se te revela imprudente y fatal / sin embargo hay otros / en que me importa bien poco / si el amor es algo grande, puro / o si es un rollo total. / Canto por no llorar, / lloro de tanto reír / y es que la vida encierra un contraste / con el que hay que convivir. / Acaba de aceptar / que la felicidad / nos dura por un instante / y no por toda una eternidad.”

Lo antes reproducido es un fragmento de una canción titulada “La vida”, uno de los temas que más me atrapa del nuevo disco de Jade. Dentro de la polifonía de voces de los músicos cubanos de la actualidad, la propuesta de Yanaysa Prieto y Maygred Felina Bourricaudy en sí misma representa la quintaesencia de lo mucho y bueno que en materia de cancionística vienen haciendo desde hace varios lustros (en unos casos dentro y en otros, fuera del país) creadores nacidos en este lado del mundo y pertenecientes a la generación finisecular.

En el repertorio aquí defendido por Yanaysa y Maygred, ejemplo de la Canción Cubana Contemporánea, se interpretan piezas en la línea de los géneros y estilos tradicionales de nuestra música (“Caminando”, “Por si el peso”, “La vida”, “Prueba y vete”) y otras donde la asimilación de lo foráneo y de una perspectiva híbrida es lo prevaleciente (“Más lejos que el sol”, “Compás de espera”, “Te soñé”, “Mañana tal vez”). 

La audición íntegra del álbum de Jade deja claro que ellas se han librado del narcisismo insular o exceso de localismo que en buena medida ha sufrido la producción artístico-literaria hecha por nuestros compatriotas. Porque si bien Tagore tenía razón al aconsejar: “Conoce a los de tu aldea y conocerás al mundo”, dado que el amor, la soledad, son iguales en México, Holguín, Tokio y en Berlín, la escenografía sí varía de manera radical. Ello trae aparejado un cambio en la forma de ver el mundo, fenómeno que en particular se ha producido entre las más recientes generaciones de cubanos.

De ese modo y a pesar de que se mantiene vigente el orgullo por la pertenencia a nuestra cultura, en un CD como el que nos entrega Jade se percibe que la noción de arte nacional se ha modificado, al igual que los paradigmas que hasta hace poco prevalecían, en correspondencia con el hecho cierto de que los códigos artísticos universales se han vuelto más cercanos a los creadores de cualquier punto del planeta, dada la expansión de la aldea global de la que nos hablase Marshall McLuhan y el desarrollo de un mundo cada vez con un mayor grado de interconexión. 

A tenor con la nueva realidad, Yanaysa y Maygred continúan haciendo una canción esencialmente muy cubana, pero cada vez también resulta más universal y dueña de una mirada supralocal, por encima de haber sido compuesta en La Habana.

Así, con este fonograma, en el que para su resultado final Yanaysa Prieto y Maygred Felina Bourricaudy han contado con el apoyo de una tan prestigiosa figura de nuestro panorama sonoro como Yusa,  se verifica que ellas han logrado construir una cancionística que les trasciende como entes artísticos individuales, para devenir forma de legitimación de toda una promoción, con lo cual Jade ya es algo mucho más que un simple proyecto musical.

Cumpleaños 40 de un poema de Osvaldo Sánchez

Cumpleaños 40 de un poema de Osvaldo Sánchez

Allá por 1980 yo estudiaba en el preuniversitario habanero Saúl Delgado y era (como dice la frase) un adolescente  feliz e indocumentado, seguramente lo uno por lo otro. Han transcurrido cuarenta años  y sin embargo, lo vivido por entonces permanece aferrado a mi memoria.

Fue por aquella época que supe de la existencia de un poeta nombrado Osvaldo Sánchez Crespo (La Habana, 1958) y que para la fecha era estudiante de la carrera de Historia del Arte. El primer poema suyo que leí fue el titulado “Declaración política familiar” y al que he vuelto una y otra vez en el transcurso de estas cuatro décadas, dándole al texto diferentes lecturas bajo las influencias de la época en cuestión y de mis propias vivencias personales.

Para los que no sepan quién es este creador, les informo que en 1981 Osvaldo resultó el poeta laureado con el Premio David por su libro de poemas Matar al último venado, publicado por Ediciones Unión al año siguiente. Tiempo después, al graduarse de Historia del Arte, laboró como profesor en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte, pero sobre todo -en mi opinión- se convirtió en uno de los culturólogos más notables que hemos tenido en nuestro país.

Siempre le agradeceré reflexiones como las que publicase en trabajos suyos aparecidos en El Caimán Barbudo de la etapa y que en su momento me ayudaron a una mejor comprensión del arte hecho en Cuba durante el decenio de los ochenta.

Hoy comparto con los lectores de Miradas Desde Adentro el poema de Osvaldo Sánchez del que hablé líneas atrás y que aborda el tema de la fractura de la familia cubana, con un  discurso textual donde se transmite ¿acusación?, ¿complicidad? Como diría la frase de Taladrí: “Saque usted sus propias conclusiones”.

DECLARACIÓN POLÍTICA FAMILIAR

Osvaldo Sánchez

…………………………………………………Mariel, 1980.

matamos a mi hermana

con un golpe de patria……ahí en la puerta

cómo iba a romper nuestro corazón de cinco

……puntas

cruzando el agua

ella……la que planchaba mi magia de crecer

la de manos perfectas como lo cotidiano

la culpa fue nuestra

la vimos detenerse

decapitarse con el filo derecho que tiene el

……matrimonio

su marido soñaba plataformas de papel de espejo

lluvias de neón……él

no tenía brazos……ni bolsillos

y pronunciaba perfectamente……yellow submarine

tuvimos que matarla

aunque me hacía las maletas

aunque tenía hija y corazón

aunque mi madre llore ahora burguesamente de

……espalda a las ventanas

las gavetas están llenas de arena

y en lo que fue

vientos sepias barren y barren

dividiéndola a ella

todavía muerta en la puerta de mi casa

hoy hemos puesto la bandera y el televisor

matarla fue difícil

pero sabemos sonreír

claro

diferente que los niños.

Cofradía: Tal como son

Cofradía: Tal como son

En la historia de la Canción Cubana Contemporánea, desde fines del decenio de los 80 de la anterior centuria y hasta nuestros días han existido distintos dúos. En una breve enumeración podrían mencionarse nombres como Superávit, Hobby, Cachivache, Gema y Pavel, Postrova, Buena Fe, Karma e Iris. Es como parte de dicha corriente ideoestética que surge el proyecto artístico denominado Cofradía, integrado por Eusebio (Pachi) Ruiz Silvén, que se hace cargo del respaldo guitarrístico así como de los arreglos de voces, y Liamer (Lía) Llorente Góngora, quien además de cantar toca algunos instrumentos de percusión menor.

Conocí a Pachi y a Lía hace ya unos cuantos años, cuando ambos eran miembros de un grupo radicado en Moa y se presentaron en Holguín a propósito de las Romerías de Mayo. En aquella ocasión, ellos interpretaron como parte de su repertorio una muy hermosa canción escrita por Fernando Cabreja y que en un tiempo funcionó, junto con la “Oda a la alegría” de la 9na. Sinfonía de Beethoven, como tema central de la gran fiesta del arte joven cubano. 

Después de que se desintegrara la agrupación y de nuevo gracias a las “Romerías”, me los volví a topar en la ciudad de los parques cuando ya conformaban un dúo, con el que intervinieron en numerosos eventos de los organizados por la Asociación Hermanos Saíz, como los encuentros trovadorescos “Longina”, “Trova Viva” o “Al sur de mi mochila”, así como en otros certámenes al corte de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana y la de la Nacionalidad.

En un primer momento, Pachy y Lía estuvieron muy influenciados por el quehacer de Gema y Pavel, pero de entonces a acá ha llovido mucho y el dúo Cofradía ha madurado, gracias a su intensa labor de investigación musical, así como por sus frecuentes presentaciones en Trinidad (ciudad donde hoy residen) y en otros escenarios, tanto en Cuba como fuera de nuestro país (Argentina, Italia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Alemania y España). Semejante cúmulo de experiencias la vierten ahora en la grabación del que será su nuevo  disco, nombrado Tal como somos, con producción musical a cargo de Rainer Pérez y Manolito Simonet.

Afortunadamente ya he podido escuchar la grabación y puedo asegurar que estamos ante un álbum en el que no se pasa por alto el legado de la música tradicional cubana; claro que aquí este no es jerarquizado por encima de lo contemporáneo, sino que son justipreciados en idéntica medida. 

La apuesta por hibridar sin el más mínimo prejuicio elementos de múltiples orígenes se perciben a través de la totalidad de las piezas del fonograma, todas compuestas por Pachy. Por ello, si bien la canción es el plato fuerte de la propuesta, en el CD se aprecia una propensión a lo lúdico y que hace que la dicotomía entre lo reflexivo y lo bailable desaparezca.

Con orquestaciones realizadas por Rainer Pérez, uno de los rasgos más sobresalientes de este disco es la nómina de invitados a participar en el mismo. Son ellos Gema Corredera, Liuba María Hevia, Lucimila Rodríguez del Rey y Alain Pérez. De tal suerte, si me pidiesen recomendar algunos cortes del álbum, mencionaría “Abeja reina”, “Más arriba”, “Estandarte”, “Blue para ti” y en especial “Testigo único”.

Así pues, el disco que muy pronto estará a la disposición de los seguidores de Cofradía y en general de la Canción Cubana Contemporánea es una propuesta donde conviven tradición y vanguardia, continuidad y ruptura. Resulta otra estupenda muestra de lo que el cantautor Julio Fowler, al referirse en conjunto a este tipo de cancionística,  describe como un proceso convergente de asimilaciones estéticas y culturales, de una sabiduría abierta siempre que incorpora préstamos y “los transforma en un incesante trasiego e intercambio y donde lo único que no varía es esa capacidad de permeabilidad, de innovación y metamorfosis de la experiencia creadora”.

Suscríbase a nuestros boletines diarios

Holler Box

Suscríbase a nuestros boletines diarios

Holler Box