Categoría: Cuba

El mensaje y otros poemas de Reinaldo García Ramos

El mensaje y otros poemas de Reinaldo García Ramos

El poeta, narrador, ensayista y traductor Reinaldo García Ramos nació en Cienfuegos, en 1944. Fue partícipe de Ediciones El Puente. También trabajó en Casa de las Américas, en la Editorial Arte y Literatura y en el Instituto Cubano del Libro. Salió de Cuba por el puente del Mariel, en 1980. Ya en USA, fue integrante del equipo de la Revista Mariel durante sus ocho números. Posteriormente laboró como  editor latinoamericano de la agencia Associated Press y en la sede de las Naciones Unidas. 

Entre los libros publicados por él está Cuerpos al borde de una isla. Mi salida de Cuba por el Mariel (Editorial Silueta, Miami, 2011). Su obra poética escrita entre 1969 y 2012 fue recogida en el volumen Rondas y presagios (Silueta, Miami, 2012). En fecha reciente publicó Espacio circular. Quince nuevos poemas y veintidós respuestas a Gerardo Fernández Fe (Ediciones La Mirada, Las Cruces, Nuevo México, 2017).

En Miradas Desde Adentro se reproduce una breve selección de la obra de este compatriota, desconocido para muchos hoy en Cuba, al margen de  que también tiene ganado su espacio en la historia de nuestra literatura.

Águila y liebre

Al sol, sobre la hierba seca,

un águila desciende

y fija su mirada en esa liebre

que ya escapa.

Las patas del ave se abalanzan

una y otra vez, pero la presa corre más.

Con sus alas inmensas

el ave agita el aire y se retira,

pero muy pronto gira y vuelve a aproximarse

con sus ojos hambrientos.

La bella liebre salta y se estremece,

se revuelca en el aire,

se aleja temblorosa,

pero no encuentra el agujero

de la cueva en su huida.

Ambas criaturas se revuelcan

y el asalto es perfecto,

la lucha se repite,

no encuentra pronto su final.

¿Cuál de los contrincantes

muestra más claro su torpeza?

¿Cuál va a ganar, cuál gana,

cuál es mejor que permanezca?

A solas en el aire

A Brad Gobright,  in memoriam

Hacia arriba el espacio,

hacia abajo la muerte.

Subir hasta encontrarse con sí mismo,

hasta sentir la pequeñez, su peso.

Elevarse hasta que el aire falte,

hasta que el tiempo se disuelva.

Perderse en las alturas,

como un ave espectral,

abandonando la memoria

y la razón de estar en el espacio,

entregando a la salvaje roca

la fuerza absoluta de tus sueños.

En el preciso instante en que mirabas

de frente el vacío y el triunfo,

se quebró la cuerda de tu mundo,

apareció el azar y te salvaste:

de un golpe supiste tu destino.

Ahora en el viento

soplan tus últimos deseos,

se escucha arder tu nombre en la distancia.

Cartas de A. M. S.

Cuando se dobla el papel que usas en tus cartas,

las letras quedan del otro lado de la vida,

se vuelven oscuros relieves,

desplazan una respiración temerosa,

y el negro de la tinta comienza a detenerse

en las regiones donde se esconde el lila,

se enturbian los violetas,

y hay reflejos verdosos, metales vivos, rojos.

Del otro lado del papel me pones que te escriba,

y el laberinto de las líneas me aleja

los jardines de plantas, los museos no vistos,

las túnicas hindúes, los juguetes,

las fuentes un tanto rumorosas,

las palabras.

El mensaje

La respuesta no estaba dibujada

sobre la cal de la pared, sino encerrada en ella,

a salvo de la luz,

de la erosión, del frío.

No se podía leer;

nadie había visto nunca sus palabras o signos.

Pero en la piedra había quedado una señal.

En la callada superficie se abría paso una grieta,

          como un antiguo río,

y esa sinuosa línea conducía

al sitio exacto en que el mensaje descansaba.

Para saber lo que el secreto nos decía

era preciso derribar la casa.

En qué lugar…

Pensando en el escondite, metí en la cartera

las cosas más estúpidas, pero no me arrepiento

Ana Frank, Diarios, 8 de julio de 1942

¿Y en qué lugar ahora te puedes ocultar,

muchacha alucinada,

que todo lo comprendes y lo sabes,

si ya no quedan escondites como el tuyo,

si la ciudad no guarda tu desván,

tu gato, tu ventana para ver la noche,

si todos los caminos arden desde entonces,

siguen ardiendo aún,

aunque ya no podemos vislumbrar

ni siquiera las llamas, ni el humo,

ni nos llega el olor a cosas chamuscadas,

y los perseguidores son ahora

los nuevos perseguidos,

y los perseguidos ya no tienen rostro,

o lo tienen y se lo cubren con la luna,

y sus contornos se confunden

y se borran con la bruma azulosa

y se disuelven como las gotas de rocío

en cada amanecer, antes de que estalle

el explosivo y los cuerpos entreguen

su misma sangre sin razón,

si todos viven convencidos

de que ahora sí tienen la verdad,

que la han tenido siempre,

y los guía el derecho absoluto

a triturar tu voz, tus esperanzas?

Otro discurso al odiador

a la memoria de Reinaldo Arenas

Estos, mi amigo, siguen siendo tus días;

no te molestes en contarlos, son poquísimos.

Esta es la sombra y el resplandor de tu presencia,

aquí se aquietan y enardecen tu salvaje parodia

y tu retiro de las cosas;

esta, no cabe duda, es la precaria

y sucia mano del abismo

apresando tu sangre.

(Si miras con fijeza desde ahora,

podrás ir descubriendo

desordenados filamentos que naufragan sin ruido

en esa lluvia fría y gris dentro del cuerpo)

Enormes y escasos son tus días.

Y es comprensible, digamos, y hasta justo,

que una imprecisa ira te ennegrezca las horas

               (tanta inmundicia y pequeñez

               se expanden y te ahogan);

Pero esos aullidos temporales

no convierten a nadie en un demonio,

bien lo sabes.

Son escasos tus días,

y sin la menor duda suficientes

para dejar en claro que,

dando en limpio la cara

al brutal incendio de las ruinas,

manoteando serenos en la piedra sin fondo,

respirando en la masa siniestra,

sin consuelo de árboles perdidos ni flores exclusivas

ni almas devoradas ni venganzas,

hemos sabido disfrutar esta visita

              con paciencia y coraje.

Evocación de Carlos Victoria

Evocación de Carlos Victoria

La noche que la televisión cubana transmitió el filme Chico & Rita por uno de sus canales, sentado en la sala de mi vieja casa en Centro Habana y mientras seguía la narración cinematográfica acerca de los personajes ideados por Trueba y Mariscal, me preguntaba cuántas historias de vida como las de los protagonistas de esta película, en realidad no se habrán extraviado por ahí, transformadas tan solo en polvo de sueños que nunca se podrán recuperar. Y justo me refiero a eso: “historias de vida”, no hablo ya de la historia en conjunto de los miles de artistas e intelectuales cubanos que un día decidieron marcharse de nuestro país para probar suerte en otros lares sino de las vivencias personales de cada uno de ellos, a veces coronadas con el éxito, a veces coronadas con el fracaso.

De numerosas lecturas de los textos del camagüeyano Juan Antonio García Borrero –en mi opinión–, alguien que es mucho más que un excelente crítico de cine para devenir uno de los pensadores de nuestra cultura de mayor relevancia en la actualidad, he aprendido que entre nosotros, lo que conocemos “es la historia de una utopía, y utopía al fin, se prioriza al sujeto colectivo, su lado más fotogénico.” A tono con semejante proceder, las desgarraduras individuales, o las deserciones del sueño, no cuentan. Estas últimas, desde el punto de vista historiográfico y siguiendo también las ideas de García Borrero en el artículo “Gone with the wind”, publicado en su bitácora personal Cine cubano, la pupila insomne, en otros tiempos solían despacharse con una lacónica línea: “Abandonó el país”, frase cuya lectura despierta la impresión de que se establece el fin de una vida o, para decirlo con Juan Antonio: “Como si el rebasar lo geográfico hubiese implicado el no da más de una existencia”.

Por lo anterior, me resulta en extremo penoso que en Cuba apenas se conozca la obra de un escritor como el desaparecido Carlos Victoria, un nombre imprescindible en el devenir de las letras cubanas de los últimos cincuenta años y que con su ingente quehacer, no solo honró nuestra narrativa sino en general la cultura desarrollada por los nacidos en esta tierra.

La primera vez que tuve noticia de que había un escritor cubano llamado Carlos Victoria fue a fines de la década de los ochenta. Supe de su existencia mientras yo participaba en un curso para guionista de series de televisión. Mi gran amiga Tania Chappi y yo habíamos ganado un concurso de guiones convocado por el ICRT, con una propuesta de serie sobre un grupo universitario y que dicho sea de paso, a pesar de que nos la pagaron, nunca se llevó a la pequeña pantalla. Como parte de los premios que nos entregaron, estaba recibir el aludido curso. Una de las que también asistía como alumna fue Olga Consuegra (luego muy conocida por escribir en los noventa varias series televisivas), una de las dos  hermanas De Carlos Victoria por parte de padre y que fue quien me habló de él.

Con el transcurrir del tiempo tuve conciencia de que en la literatura hecha por nuestros compatriotas en las últimas décadas del pasado siglo XX, uno de los narradores cubanos de mayor importancia es sin la menor discusión el camagüeyano Carlos Victoria. Su obra, profundamente autobiográfica,  se caracteriza por transitar los senderos de lo que vendría a ser una suerte de realismo atormentado, pletórico en personajes marginales. Él pertenece a la llamada Generación Mariel, grupo de creadores que aún está por estudiar en conjunto (sobre todo en Cuba) y en el que sobresalen figuras como los escritores Reinaldo Arenas y Guillermo Rosales, los músicos Alfredo Triff y Ricardo Eddy Martínez (Edito), el artista plástico Carlos Alfonzo o el teatrista René Ariza, por solo mencionar unos pocos ejemplos.

Nacido en la ciudad de Camagüey en 1950 y fallecido el 12 de octubre de 2007 en el Hospital Palmetto de Hialeah tras permanecer varios días allí por consumir una sobredosis de analgésicos, desesperado por los fuertes dolores que padecía después de una operación de cáncer, Victoria se identificó desde muy joven con el mundo de los libros, la lectura y el cine.

Un repaso por su biografía nos hace saber que cuando él era un adolescente, empezó a escribir poemas, narraciones y obras teatrales. Por dicho camino, apenas cuando tenía poco más de 15 años de edad, en la primera emisión de un concurso literario convocado por el entonces naciente mensuario cultural El Caimán barbudo, Carlos se alzó con el premio de cuento con un texto influenciado por Julio Cortázar y los surrealistas, que le deslumbraban por esa época.

Lector impenitente de autores como Dickens, Joyce, Verne, Dostoievski, Flaubert,  Camus, Dashiell Hammett, los cubanos Antonio Benítez Rojo, Lino Novás Calvo y Lorenzo García Vega y, por otra parte,  amante empedernido del rock, género del que fue un profundo conocedor, todo apuntaba a que tendría un porvenir brillante en las artes y letras. Empero, sus gustos estéticos y el estilo de vida por el que optó para su proyección personal (el excesivo disfrute de la bebida lo convirtió en alcohólico, adicción de la que en la diáspora logró curarse), pronto entraron en contradicción con el dogmatismo que reinó en Cuba durante un demasiado largo período de tiempo.

Así, como parte de los acontecimientos suscitados en aquella época de la barbarie de los años setenta cubanos, mientras cursaba la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de La Habana, en 1971 fue expulsado de dicha carrera por el sacrosanto San Benito de “diversionismo ideológico”. Como es lógico deducir, a partir de entonces se vio socialmente marginado, sin posibilidad para llevar adelante su vocación literaria  y en 1980, opta por ser una de las 125 mil personas que emigran a Estados Unidos por el puente marítimo del Mariel.

Al llegar a Miami, para ganar el pan de cada día, Carlos Victoria se desempeña en distintos oficios, como el de almacenero, pero no renuncia a su amor por la escritura. De tal suerte, junto a su gran amigo Reinaldo Arenas, aparece entre los fundadores de la revista Mariel en 1983, publicación que se mantuvo activa hasta 1985.

Por ese entonces, la traductora y ensayista Liliane Hasson, alguien a la que hay que agradecerle lo mucho y bueno que ha hecho por promover la literatura cubana en francés, lleva a dicho idioma un cuento de Carlos Victoria Y el relato es incluido en 1985 en la selección anual del importante diario parisino Le Monde.

En 1992, por iniciativa de Juan Manuel Salvat, Ediciones Universal, en Miami, le publica a Carlos Victoria su primer libro, el titulado Las sombras en la playa, colección de cuentos que lo lanza al mercado literario en América Latina, Europa y el ámbito hispano de Estados Unidos.

Tras el exitoso debut, da a conocer la novela Puente en la oscuridad, ganadora del premio Letras de Oro de Miami. Esta narración rinde homenaje explícito al poeta británico John Keats y también, de algún modo, a autores románticos como Percy Bysshe Shelley, Samuel Taylor Coleridge, Víctor Hugo, Mijaíl Yúrievich Lérmontov, François-René de Chateaubriand, Alphonse de Lamartine, José de Espronceda y Friedrich Holderlin, a partir de reflexionar sobre la historia de muchos exiliados como el propio Carlos Victoria y en relación con tanta gente solitaria que busca un refugio, un asidero.

Vendrían después las novelas  La travesía secreta y La ruta del Mago, así como los libros de relatos El resbaloso y otros cuentos  y El salón del ciego. Al fallecer en octubre de 2007, ya los libros de Carlos Victoria habían sido traducidos al inglés y al francés.

Para ese instante, entre sus logros como escritor habría que mencionar el hecho de haber ganado la importante Beca Cintas para creación literaria y que su novela La travesía secreta, llevada al francés por Liliane Hasson bajo el título de La traversée secrète, resultó seleccionada en el 2001 como el Mejor Libro Extranjero del Año en Francia, donde también aparecieron publicados El resbaloso y La ruta del Mago.

En el 2004, la editorial Aduana Vieja publicó en España una compilación de sus dos libros de relatos bajo el título Cuentos (1992-2004), y organizó en Cádiz un homenaje a Carlos Victoria por su trayectoria literaria. Pude leerme ese libro, un material que tenía un excelente prólogo realizado por la hoy profesora universitaria Madeline Cámara y mi amigo, el  admirado periodista y escritor Luis Manuel García, quien define a este camagüeyano como un «saqueador de vidas ajenas».

Aunque Carlos Victoria no ha gozado entre nosotros del reconocimiento que se merece ni de la porción de patria literaria a la que tiene total derecho, él disfruta de sumo prestigio entre los más afamados estudiosos nacionales y foráneos de la literatura cubana contemporánea, dada su capacidad para describir el desarraigo, la inadaptación, la intolerancia, la incertidumbre de la soledad, el dolor de la diáspora, el alcoholismo y la abstinencia de todo. De ahí que Luis Manuel García haya escrito lo siguiente:

“Junto con Guillermo Rosales, dotó al exilio, a Miami, de una literatura: artefactos de precisión que uno puede recorrer como una guía desolada del alma humana, de la ciudad, como un mapa de esa soledad que sólo abandonaba para frecuentar la amistad de un grupo sólido y fiel: su anclaje para sobrevivir, incluso en temporadas de ciclones.”

En un texto preparado para un volumen que publicará o tal vez ya ha sacado la Editorial Silueta en homenaje a Carlos Victoria, su amigo, el poeta, narrador, ensayista y traductor Reinaldo García Ramos afirma:

“Su obra nos entrega un paisaje sumido en una serena soledad, un universo atravesado por estallidos de espanto y bruscos intentos de lograr alguna forma de consuelo, pero no se regodea en las abyecciones ni en la depravación. Carlos buscaba otra cosa: quería dejarnos un desfile de personajes hermosos, convincentes, palpables en su ilusión y en su derrota, unos seres humanos que a pesar de todo, a pesar de haber perdido en gran medida su alegría y hasta sus mayores esperanzas, nunca llegaron a perder su dignidad.”

Una reciente iniciativa para ir rompiendo las tinieblas que aún rodean a todo el puñado de creadores aglutinados en la llamada Generación Mariel, en especial en el ámbito de la literatura, la ha puesto en marcha la editorial Hypermedia, con la publicación en 2018 de la Colección Mariel, la cual  recoge 11 títulos emblemáticos de dicho grupo de escritores y en la que se incluyen, además del propio Carlos Victoria con su novela La travesía secreta,  los títulos Este viento de Cuaresma (novela), de Roberto Valero ; Curso para estafar y otras historias (cuento), de Leandro Eduardo (Eddy) Campa; Dile adiós a la Virgen (novela), de José Abreu Felipe; Al norte del infierno (novela), de Miguel Correa; Miami en brumas (novela), de Nicolás Abreu Felipe; Boarding Home (novela), de Guillermo Rosales; Impresiones en el viento (cuento), de Rolando Morelli;  El gen de Dios (novela), de Juan Abreu Felipe; Del lado de la memoria (cuento), de Luis de la Paz; y La loma del Ángel (novela), de Reinaldo Arenas.

En relación con la novela de Carlos Victoria titulada  La travesía secreta, perteneciente a la aludida Colección Mariel, de la editorial Hypermedia, puede asegurarse que resulta una narración compleja y con abundante presencia de la intertextualidad, y que tiene en la obra teatral La gaviota, de Antón Chéjov, un referente obligatorio. El libro, signado por un corrosivo escepticismo, relata la vida de un grupo de artistas a finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta de la anterior centuria, con énfasis en el destino de Marcos Manuel Velasco, un joven poeta, y Eulogio Cabada, director de teatro de enorme erudición, que se suicida pero antes se convierte en una suerte de mentor espiritual para el novel hacedor de versos, para quien, como asegura Ubaldo León Barreto en su artículo “Carlos Victoria y Chéjov: un conocimiento de desolación”, publicado en Rialta Magazine:

“el pesimismo sin paliativos no es la última palabra de esta singular novela: tras el suicidio de su mentor algo subsiste en el discípulo que trasciende la desesperación y todos los fastos del aborrecimiento: una fe casi beckettiana en la literatura y sus posibilidades, la terquedad del poeta que ha decidido perseverar en su vocación, «fracasar otra vez, fracasar mejor».”

Como una modesta contribución en pro de divulgar el quehacer de Carlos Victoria, por encima de que sea o no reconocido como se merece en el ámbito de las letras cubanas, en el espacio de Miradas Desde Adentro hoy he evocado a este camagüeyano de talla universal y así, rindo mi personal tributo a uno de nuestros grandes narradores.

Acercándonos a la poesía de Rita Martín

Acercándonos a la poesía de Rita Martín

La habanera Rita Martín es alguien que por igual se mueve en el reino de la poesía, como en el de la narrativa o en el de la investigación literaria. Como académica graduada de un doctorado en Filosofía y Lenguas Romances, ha realizado investigaciones acerca de figuras como Eugenio Florit, Emilio Ballagas y Virgilio Piñera. Entre sus libros de poesía pueden mencionarse El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas, 1991), Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992) y Tocada por el astro (La Torre de Papel, 2006).

Para Miradas Desde Adentro es un placer reproducir los siguientes poemas de esta compatriota, graduada de Filología en la Universidad de La Habana en 1986 y que en Estados Unidos es profesora de lengua española, cultura y literatura latinoamericanas.

TODO ESTÁ escrito

Pero todo transcurre

De otro modo.

Y siempre ha sido

De modo donde la Escritura

Es del Todo Inexistente.

Si al menos creyera en el desastre

De la escritura. Si al menos

En la escritura.

Si al menos en el desastre,

Hijo mío, si al menos

En el hijo

Yo, la madre.

NADA como el papel

Sin escritura ni memoria.

Nada como las líneas

Trazadas para no decir nada.

Todo hacia un fondo

Donde la lluvia clama

Por el origen

De su natura descompuesta.

Ella tan transparente

Tan prístina virgen

Sobre nuestras cabezas.

Relámpagos que traza

Burlándose

Táctil de podredumbre.

Pobrecita la lluvia, pobrecita.

MOTIVOS PERSONALES

Para que no se pudrieran los versos

Como se pudre el ser

Escribí sobre el amor. Sobre el amor

De nuevo. Esa palabra, extraña

A los sentidos de lo humano, esa palabra

Ceniza, escarcha, mito.

Pero el poeta nunca es previsible:

Los versos se pudren sin remedio.

PALABRA DE ESTE TIEMPO

Estos versos

Que nada significan

Han sido escritos

Dentro de una época

Donde la palabra

Adquiere

Sus dúctiles formas

Dentro de la Nada.

Escritos de una tarde

Testificante

Sólo del ojo que no ve.

Otra tarde

De similar

Juego escribe otra palabra.

Pero este lenguaje

Que ahora se ofrece

No fue ni tan siquiera

La provocación de la tarde

Sino del sueño

Y del juego exorcizante

De mi amante. O de una tarde,

Es decir, de otra tarde.

Discos que no son discos: The Pilgrim’s Progress

Discos que no son discos: The Pilgrim’s Progress

Uno de los materiales que más me ha impactado dentro de lo que hace años denominé Música Cubana Alternativa, a propósito de un artículo para la revista que por entonces hacía la Asociación Hermanos Saíz, es un disco inédito hasta el presente, denominado The Pilgrim’s Progress, pero que En Cuba se movió ampliamente entre los amantes de trabajos propositivos en materia sonora.

De inicio, es oportuno aclarar que no puede afirmarse que la New Age Music haya contado en Cuba con muchos seguidores. A fines de los 70 comenzó a circular entre nosotros algo de música electrónica (de atmósferas cósmicas), representado por el quehacer de grupos como The Ones, Psy Free, Ashra Tempel o Tangerine Dream. Ya en los 80 nos llegó el quehacer de Vangelis y en especial Jean Michel Jarre, que sí tuvo aquí una buena cantidad de admiradores. Sin embargo, no fue hasta inicios de los 90 en que nos encontramos con un músico como Esteban Quintana, uno de los pioneros de nuestro medio en asociarse a esta línea creativa.

El caldo de cultivo para la manifestación viene de los derivados del rock (el sinfónico o el psicodélico) y quizás, como que esos estilos rockeros resultan los menos arraigados en nuestro contexto, de ahí que la New Age se haya practicado tan poco por acá. Vale apuntar que la NAM surge dentro de un amplio entramado cultural de carácter internacional, con un conjunto de aspectos ideoestéticos y que llegan a constituir toda una filosofía, heredera del espíritu contracultural de los 60.

Por lo antes expuesto, para mí resultó una tremenda sorpresa cuando supe de la existencia entre nosotros de un proyecto como el dúo Pilgrim, pero aún quedé más boquiabierto al enterarme de que el dueto integrado por Adela Rivas Cruz y Félix Enrique Muñiz Penedo no eran de Ciudad Habana, sino que residían en Santiago de Cuba. Los estereotipos identitarios a los que tanto nos han acostumbrado, me llevaban a pensar que en la tierra santiaguera era punto menos que imposible el surgimiento de algo como Pilgrim, identificados totalmente con los elementos musicales característicos de la NAM: patrones sonoros muy determinados, la componente ideacional con sus correspondientes paratextos, performance, estética visual, etc.

Esta formación musical no se concibió como la sumatoria entre dos músicos, ambos cantantes e instrumentistas, sino que ellos mismos se definían como un dúo de creación, responsables por igual de la composición, las orquestaciones, los textos, así como de las labores de grabación, producción y mezcla de su repertorio, recogido por ahora en el álbum The Pilgrim’s Progress, un fonograma armado a partir de la idea de musicalizar la obra literaria The Pilgrim’s Progress (El Progreso del Peregrino), original del escritor inglés John Bunyan.

La articulación de determinados principios que se produce en la New Age a manera de conciencia planetaria y que presuponen la existencia de puntos de referencia comunes entre cultores de la corriente en disímiles países, hace que en la ópera prima de Pilgrim (una producción independiente), sintamos los ecos de Andreas Vollenweider, Kitaro, Klaus Schulze, o de los ya aludidos Jean Michel Jarre y Vangelis. Sin embargo, ello no implica que en un trabajo como el realizado por Adela y Félix, dejen de estar presentes rasgos que de inmediato destacan la cubanía de ambos creadores, claro que no de la forma convencional con la que muchos suelen ver este asunto.

A través de los nueve temas del CD (nunca publicado de forma oficial pero bastante difundido en varios espacios radiales) se unen componentes sonoros provenientes de distintos géneros y procedencias, concebidos con una dramaturgia a partir de momentos del libro de John Bunyan y que nos llevan a visualizar en una pieza como “Walker” (portada de la grabación) la partida del peregrino, protagonista de la narración literaria. En ese accionar, se hibridan elementos musicales del Renacimiento, alusiones al Barroco, melodías de aliento céltico, todo desde una sonoridad nacida del rock y que en cortes como “Halls of the Interpreter” y «Apollyon» integran de una manera orgánica pasajes de la percusión afrocubana, diseñada desde el mundo de los teclados.

Cuando escucho una composición como “Palace”, una maravilla tanto por la interpretación vocal de Adela como por la parte instrumental que aporta Félix, me pregunto: ¿hasta qué punto la idea de música cubana que se usa con tanta ligereza no requiere una profunda revisión? Y es que trabajos como el de Pilgrim dan señales de que hoy lo cubano en música es un espacio mediador de apropiación creadora de lo universal, como relación y no como sustancia, con lo que cubanidad resulta universalidad propia.

Dos poemas de Rolando Sánchez Mejías

Dos poemas de Rolando Sánchez Mejías

Nacido en 1959, el holguinero Rolando Sánchez Mejías es alguien que como escritor ha incursionado en la ficción, la poesía y el ensayo. Su catálogo de título es en verdad impresionante y entre los libros que nos ha entregado pueden mencionarse 5 piezas narrativas, Escrituras, Collage en azul adorable, Derivas, publicados en la Habana antes de marcharse de Cuba. También están Cuaderno de Feldafing y Historias de Olmo, ambos de narrativa y sacados al mercado en España a través de la editorial Siruela.

En poesía, Rolando Sánchez Mejías ha escrito libros como  Cálculo de lindes (México, Aldus), Mecánica celeste (España,  Ed. Bokeh), Geschichten von Olmo (Frankfurt, Ed.  Verlag Schöffling, la traducción del libro de relatos Historias de Olmo). Como recopilador, a él le debemos  Poésie Cubaine du XXe Siécle (Genève, Ed. C. Couffon), Antología de la poesía cubana siglo XVIII al XX  (España, Ed. Verbum), Antología de la Poesía Latinoamericana del siglo XXI (México, F.C.E.), Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (España, Pretextos), Cuentos latinoamericanos (Alemania, D.T.V), bilingüe), Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (España, Pre-Textos), Cuban Poetry Today (USA, Ed. City Lighs),  Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI (México, Ed. F. C. E.), Prístina y última piedra. Poetas latinoamericanos (México, Aldus), An Anthology of Cuban Stories (Londres / USA, Ed. Quartet Books Ltd. / Grove Press), Pristina y ultima piedra: Antología Hispanoamericana presente (México). Entre sus antologías aparecen: Mapa imaginario. Nuevos poetas cubanos (La Habana), 9 poetas cubanos del siglo XX (España), Obras maestras del relato breve (España) y Cuentos chinos maravillosos (España).

No debe soslayarse que Sánchez Mejías fue director del grupo y revista de literatura y pensamiento Diáspora(s), publicada como “zamisdat” (al margen del Estado) en Cuba y España entre 1993 y 1999. La idea central de dicho proyecto consistió en un intento de “revisión creativa” de la tradición literaria en Cuba e influencias foráneas no usuales a semejante tradición, a través de escrituras personales.

En sintonía con el interés que tenemos en Miradas Desde Adentro de promover la creación artístico literaria cubana que por distintas razones se conoce poco en el país, publicamos un par de poemas de Rolando Sánchez Mejías, galardonado en Cuba en 1993 y 1994 con el Premio Nacional de la Crítica y quien, sin discusión alguna, es  uno de nuestros escritores más sólidos en el presente.

JARDIN ZEN

Sólo un poco de grava inerte

quizá sirva para explicar

(al fin como metáfora vana)

que la dignidad del mundo consiste

en conservar para sí

cualquier inclemencia de ruina.

El monje

cortésmente inclinado

quizá también explique

con los dibujos del rastrillo

que no existe el ardor,

solamente el limpio espacio

que antecede a la ruina.

Alrededor del jardín

en movimiento nulo

de irrealidad o poesía

pernoctan

en un aire civil de turistas y curiosos

sílabas de sutras, pájaros que estallan sus pechos

contra sonidos de gong. Todo envuelto

en el halo de la historia

como en celofán tardío.

El lugar ha sido cercado:

breves muros y arboledas

suspenden la certeza

en teatro de hielo.

La cabeza rapada del monje

conserva la naturaleza de la grava

y de un tiempo circular, levemente

azul: cráneo de papel

o libro muerto

absorbe el sentido

que puede venir de afuera.

En la disposición de las grandes piedras

(con esfuerzo

pueden ser vistas

como azarosos dados de dioses

en quietud proverbial)

tampoco hay ardor. Sólo un resto

de cálida confianza

que el sol deposita

en su parodia de retorno sin fin.

La muerte

(siempre de algún modo poderosa)

podría situarnos

abruptamente dentro

y nos daría, tal vez,

la ilusión del ardor.

Como mimos, entonces,

trataríamos de concertar

desde el cuerpo acabado

el ninguna parte donde hay ardor alguno

en el corazón secreto

que podría brindar el jardín.

Pero hay algo

de helada costumbre

en el jardín

y en el ojo que observa.

Es posible que sea el vacío

(¿por fin el vacío?)

o la ciega intimidad

con que cada cosa responde

a su llamado de muerte.

Y esto se desdibuja

con cierta pasión

en los trazos del rastrillo,

junto a las pobres huellas del monje,

entre inadvertidas cenizas de cigarros

y otras insignificancias

que a fin de cuentas

en el corazón del jardín

parecen caídas del cielo.

HEIMAT

(a J. L. Lima)

No se vio ningún tártaro partir

la línea occipital del horizonte.       

Ni un bárbaro de aquellos

jalando con sogas de yute

jabatos de peso mediano.

Ni tocando trompeta.

En el bosque.

A nadie.

Ahora

Lingua Mater sustenta y amortaja,

su boca húmeda y esponjosa

prodigándonos afectos para-

sintácticos y hasta

locales.

In situ: se sigue bailando

con o sin zampoña y se escribe

bellamente aún al compás de

y va escabulléndose

(va cayendo el telón)

uno con

la bípeda y/o loca velocidad que va dictando

el estado de las cosas.

Un registro de vozes tan amplio

quién te lo iba a quitar, menos que menos

a escribir, por ti, por los demás,

padre mío que nadas como un tonel

en la corriente brumosa de las palabras.

Ahora,

rema.

Es decir parte

y tápate las gordas orejas

y rema, rumbo al poniente.

(No escuches viejo chillar

en el canal que corta el mar

dichas ratas de agua dulce).

María Teresa Vera y su Conjunto: Una huella perdurable

María Teresa Vera y su Conjunto: Una huella perdurable

Para los que amamos lo más auténtico de la música tradicional cubana, sin lugar a duda escuchar a María Teresa Vera y su Conjunto, en el que sobresale la voz y la guitarra de Lorenzo Hierrezuelo, representa una fiesta innombrable, al decir de José Lezama Lima. El dueto de María Teresa y Lorenzo dejó registrados algunos de los temas capitales de nuestro devenir sonoro.

El virtuosismo que animó el trabajo por ellos realizados, queda plasmado ciento por ciento en un álbum como el publicado por la EGREM en el 2007, como parte de la Colección Las Voces del Siglo. Las 14 piezas incluidas en el CD deberían constituirse en base material de estudio para todo aquel que aspire a comprender y valorar la cadencia auténtica de nuestra música, conocimiento fundamental no sólo para quienes pretendan preservar la memoria sonora de la nación sino, incluso, para los que aspiren a renovarla mediante procedimientos como el de la deconstrucción.

Composiciones como «Las perlas de tu boca» (Eliseo Grenet), «He perdido contigo» (Luis Cárdenas Triana), «Mujer perjura» (Miguel Campanioni), «Aurora» (Manuel Corona) o «Porque me siento triste» (María Teresa Vera y Guillermina Aramburu), algunas de las compiladas en el fonograma, resultan clases magistrales o prototipos de cómo desarrollar el arte trovadoresco en sus esencias fundamentales.

Se incluyen también en el CD las piezas «La rosa roja» y «Ella y yo» (Oscar Hernández), «Ausencia» (Jaime Prats), «Aquella boca» (Eusebio Delfín), «No me sabes querer» (María Teresa Vera y Guillermina Aramburu), «Para que te recuerdes de mí» (Manuel Corona y H. Cabrisas), «Lágrimas negras» (Miguel Matamoros), «Eso no es na´» (Graciano Gómez) y «Arrolla cubano», composición firmada sola por la propia María Teresa Vera.

Ahora, mientras me deleito con la audición de los 14 temas compilados en este delicioso disco que viera la luz en el 2007 pero que lamentablemente apenas resulta difundido por nuestras emisoras radiales, pienso que el Premio Nacional de Literatura, el avileño Reynaldo González, tenía total razón cuando hace algún tiempo escribió:

«El virtuosismo de María Teresa Vera consistió, exactamente, en cuidar que el sentido dado a la pieza por su compositor no resultara enrarecido con añadidos y divismos. Por eso esas piezas son, también, documentos de las arcas musicales de Cuba, algo que sentimos palpitar en mucho de lo compuesto luego, pues constituyen una raíz poderosa y saludable. (…) Como me gustaría no haberla escuchado tanto para hacerlo por primera vez y descubrir la almendra pura de la isla. Y devolverme a las extensas joyas del archivo de una gran cantante popular –y ella lo fue en el sentido más amplio y definitivo del vocablo– justo cuando las raíces y otros ritmos que conformaron el acervo de la trova tradicional se refrescan y exaltan como herencia cuya continuidad palpita en las multitudes».

Coincidentemente, escucho el fonograma en un momento en que proliferan debates en relación con el tema de la mujer en la música y las investigaciones desde la perspectiva de género, una riquísima discusión que se da en diversos puntos de la geografía internacional.

Ello me conduce a meditar en helecho de que entre nosotros no son abundantes las exégesis concebidas con semejantes enfoques o, por lo menos, tal clase de abordajes en Cuba no están bien visibilizados, algo significativo porque a estas alturas del siglo XXI es obvio que en cualquier análisis que se realice a propósito de una práctica musical, no es posible soslayar las cuestiones de género. Por supuesto que no se trata de apelar tan sólo a investigaciones provenientes de la Musicología sino de animar a otros especialistas de nuestras ciencias sociales a que se motiven con el tema, porque hay mucha tela por donde cortar.

Por lo pronto y mientras esperamos porque en nuestro contexto se produzcan esos estudios acerca de la obra legada al panorama sonoro cubano por tantas y tantas mujeres en el pasado y el presente, disfrutemos de un fonograma como éste de María Teresa Vera y su Conjunto.

Amaury Muro y sus mil formas de estar

Amaury Muro y sus mil formas de estar

Afortunadamente, desde hace varios años las industrias culturales se han democratizado. De tal suerte, ya los músicos no tienen que esperar por un sello discográfico para registrar un fonograma. Entre las formas que hacen posible dicha realidad se encuentran las campañas de crowdfunding. Como resultado de una de ellas es que ve la luz el CD Mil formas de estar, primer álbum llevado a cabo por nuestro compatriota Amaury Muro.

El caso de este cantautor corrobora que el actual panorama musical cubano ha devenido un fenómeno que desborda con creces nuestras fronteras. Radicado desde hace alrededor de seis años en España, la obra de Amaury Muro, como se comprueba en la audición de su ópera prima, se inscribe dentro de lo que se ha dado en llamar Canción Cubana Contemporánea.

Así, a lo largo de los 11 cortes que arman su propuesta discográfica, se persigue la integración entre lo foráneo y lo puramente nacional, si bien en el tratamiento concedido a cada pieza se trasluce  el interés por no estar ajeno al mercado y sus dictados.

Este es un CD en el que señorea la canción y en correspondencia con ello está concebido para escucharlo de manera reposada. Es, por tanto, un material que fluye de forma tranquila y donde hay que prestar atención a los textos y a las líneas melódicas.

En conjunto, cabe resaltar lo funcional de las orquestaciones de las 11 piezas aquí recogidas, en una producción musical que corrió a cargo de Julián Olivares y del propio Amaury Muro y donde por momentos se sienten aires de vivificantes influencias de figuras como el uruguayo Jorge Drexler.

Con la participación de los invitados Leo Minax, Ro Trejo, José Luis Medina y Jorgito Kamankola, entre mis piezas favoritas de la grabación mencionaría la que le da nombre al fonograma, es decir, “Mil formas de estar”, “Unido al camino” (con clara remembranza  a la música latinoamericana), “Curvas” (suerte de declaración filosófica de la concepción de la vida del cantautor), “Más allá de ti” (con la intervención de José Luis Medina y Jorgito Kamankola) y, especialmente, “Pensando la Isla”, composición que transmite los sentimientos de alguien que experimenta la condición de ser un transterrado.

Mezclado y masterizado por Rubén García Motos y con diseño gráfico a cargo de Roberto Rojas, como músicos intervienen en el álbum Raúl Chiocchio, Cary Rosa Varona, Yago Salorio, Ana Cuenca Ramón, Reynier Aldana, Rodrigo Díaz “El Niño”, Víctor González Aceituno, Miguel Reyes, Jorge Barrero, Frank David Santiuste y los antes aludidos Julián Olivares y Rubén García Motos.

Fonograma muy disfrutable en su conjunto, el trabajo desarrollado en Mil formas de estar por Amaury Muro atestigua una vez más el actual transnacionalismo de la sociedad cubana, fenómeno en el que se incluyen la música y en general las restantes manifestaciones artístico literarias.

Imagen tomada de https://amaurymuro.com/

Regalo por el día de la mujer

Regalo por el día de la mujer

Como cada 8 de marzo, este lunes celebramos el Día Internacional de la Mujer. Establecido por la Organización de las Naciones Unidas en 1975, la conmemoración recuerda la lucha de las mujeres contra todo acto discriminatorio y en pro de la búsqueda de la equidad de géneros.

El origen de la celebración se remonta al 8 de marzo de 1857, cuando las mujeres que trabajaban en la industria textil, conocidas como ‘garment workers’, en Nueva York, organizaron una huelga para demandar salarios justos y condiciones laborales más humanas. Dos años después, las manifestantes crearon su primer sindicato para pelear por sus derechos y 51 años  más tarde, el 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres volvieron a llenar las calles de Nueva York para exigir un aumento de sueldo, menos horas de trabajo, derecho al voto y prohibir el trabajo infantil bajo el lema “Pan y Rosas”.

En 1910, se celebró una conferencia internacional en Copenhague a la que acudieron más de 100 mujeres procedentes de 17 países diferentes. En ella, la alemana Clara Zetkin sugirió la idea de conmemorar un día de la mujer a nivel global y la propuesta fue aprobada por unanimidad.

Miradas Desde Adentro no quiere pasar por alto la fecha del 8 de marzo y hemos pensado en regalarle a nuestras lectoras tres textos dedicados a las féminas. En la breve selección que proponemos como homenaje, incluimos el poema “La mujer y la casa”, de José Lezama Lima, así como dos letras de canciones surgidas en el seno de la Nueva Trova. Son ellas “Mujeres”, de Silvio Rodríguez, y “Mujer si la distancia es esa huella”, compuesta por Rodolfo de la Fuente.

Vaya pues con estos textos la más sincera felicitación por el hecho de ser mujer, que es sinónimo de vida.

La mujer y la casa

José Lezama Lima

Hervías la leche

y seguías las aromosas costumbres del café.

Recorrías la casa

con una medida sin desperdicios.

Cada minucia un sacramento,

como una ofrenda al peso de la noche.

Todas tus horas están justificadas

al pasar del comedor a la sala,

donde están los retratos

que gustan de tus comentarios.

Fijas la ley de todos los días

y el ave dominical se entreabre

con los colores del fuego

y las espumas del puchero.

Cuando se rompe un vaso,

es tu risa la que tintinea.

El centro de la casa

vuela como el punto en la línea.

En tus pesadillas

llueve interminablemente

sobre la colección de matas

enanas y el flamboyán subterráneo.

Si te atolondraras,

el firmamento roto

en lanzas de mármol,

se echaría sobre nosotros.

Mujeres

Silvio Rodríguez

Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos

hacia la estrella de aquella otra madre mayor.

Y cómo los recogía del polvo teñidos

para enterrarlos debajo de su corazón.

Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo,

siempre a la sombra y llenando un espacio vital.

Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos

de la melena invencible de aquel alemán.

Me estremeció la muchacha

hija de aquel feroz continente,

que se marchó de su casa

para otra de toda la gente.

Me han estremecido un montón de mujeres,

mujeres de fuego, mujeres de nieve.

Pero lo que me ha estremecido

hasta perder casi el sentido,

lo que a mí más me ha estremecido

son tus ojitos, mi hija,

son tus ojitos divinos.

Me estremeció la mujer que parió once hijos

en el tiempo de la harina y un quilo de pan

y los miró endurecerse mascando carijos.

Me estremeció porque era mi abuela además.

Me estremecieron mujeres

que la historia anotó entre laureles.

Y otras desconocidas, gigantes,

que no hay libro que las aguante.

Mujer si la distancia es esa huella

Rodolfo de la Fuente

Mujer si la distancia es esa huella

De caminos distantes que me envuelven

Tú no eres la distancia ni lo lejos

Sino lo cerca que se me disuelve

En tantas noches cuando nos buscamos

En la ciudad que ajena parecía

Y con tu risa se fue haciendo mía

La sólida certeza de encontrarte

Mujer en la razón misma de amarte

Está presente el acto de la vida

La vida que construyo con los días

Con estas mismas manos de besarte

Mujer y si los pasos me hacen lejos

Y en otro suelo se me va la vida

Yo sé que en la razón misma de amarte

Está presente el acto de mi vida

Mujer en la razón misma de amarte

Está presente el acto de la vida

La vida que construyo con los días

Con estas mismas manos de besarte

Mujer y si los pasos me hacen lejos

Y en otro suelo se me va la vida

Yo que en la razón misma de amarte

Está presente el acto de mi vida.

El odio a Ben Lerner y otros poemas de Dolan Mor

El odio a Ben Lerner y otros poemas de Dolan Mor

El poeta y narrador Dolan Mor nació en Pinar del Río, en 1968. Licenciado en Literatura y Español, reside en España desde 1999. Por el conjunto de su obra, fue nominado al International Grand Prize for Poetry 2010 de Rumania. Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés y polaco.

Entre sus poemarios publicados se encuentran la tetralogía Maladie bleue, una colección de libros híbridos y experimentales inspirada en la obra esencial de Lewis Carroll y en la Fuente Q de los Evangelios. Los títulos que integran Maladie bleue son: Poemas míos escritos por otros (volúmenes I y II), Después de Spicer (volumen III), Dolan y yo (volumen IV), todos  salidos al mercado a través de la editorial española Aduana Vieja.  En fecha más reciente ha dado a conocer los libros Antología de Spoon Raven (Candaya, Barcelona, 2019) y En los extramuros de Zaragoza. Poemas escogidos (Verbum, Madrid, 2021). En Miradas Desde Adentro publicamos una breve selección de la copiosa obra poética de este compatriota.

El odio a Ben Lerner

Hay mucho más consenso en el odio a la poesía

                        que en la propia definición de lo que es realmente la poesía.

                                                                        Ben Lerner (El odio a la poesía)

                    He salido a recoger unas cartas al buzón

del edificio, con el pijama puesto debajo del abrigo,

y me preguntaba si había empezado a volverme loca.

—¿Te encuentras bien? —me preguntó el vecino

una vez que salió del ascensor,

con las llaves de su apartamento en la mano.

—He salido a mirar la nieve —le respondí.

En realidad no me di cuenta que estaba medio loca

sino unas horas más tarde, cuando me encontraba dormida

y pensé, en vigilias, que el vecino no me había preguntado

«si estaba bien», sino «si me encontraba bien».

Un simple cambio de verbo arruinó mi sueño.

¿Qué vio en mi aspecto que le hizo preguntarme

por mi salud o por mi estado de ánimo?

Estoy casi segura que fue mi vestimenta

lo que le hizo reaccionar de ese modo

porque nadie en su sano juicio sale

con el pijama puesto y un abrigo encima

a recoger una carta en el buzón de su edificio.

Nadie tampoco se levantaría a las tres

de la madrugada, desnuda, como yo ahora,

con la temperatura bajo cero, para escribir estos versos.

Sin embargo, la razón es demasiado simple

para un poeta o para alguien que ame la poesía:

Tal vez en este momento en que me siento desnuda

ante el ordenador (y aquí la palabra «siento»

posee un doble e infinito significado),

en realidad, el pijama y el abrigo se encuentran

debajo de mi piel (como mi propia carne), o sea, dentro de mí.

Puede que esta idea imposible de invertir las prendas

de ropa, y ponérmelas debajo, como si fueran mis músculos

o mi sangre, parezca más demencial todavía que salir

con un pijama y un abrigo a recoger una carta

en el buzón de mi edificio; pero si no lo entiendes,

Ben Lerner, entonces ignoras con qué mierda celestial

se construye de lo ordinario un poema.

Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas…

Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas
de la alberca, ni escribe cisne o dalia al pie de un cardenillo.

Sólo habla de McDonalds, drogas, viajes a Europa,

 la práctica promiscua del sexo en los hoteles.

No está bien ser poeta si no fumas cannabis,

 si no besas a un perro en su esfera de muerte.

Sólo se necesita un coche en la cartera, un anillo

 en la oreja, un polvo en la nariz. No importa

 si eres hembra o macho en tus costumbres

siempre que un vibrador descanse en tu bolsillo

 cual pez de silicona bajo un lago de escarcha.

No debes olvidar las playas de nudismo o leer

 a Bukowski en medio de un spa (aunque ignores

 que Spa se llama un pueblo en Bélgica,

 o que salut per aquam proviene del latín).

Lo importante es decir palabras en inglés e ignorar

 que Lezama vivió dentro de un mulo asmático y rapsoda.

También que lleves gafas en medio de la noche,

 o que hagas como yo que me pongo una gorra

 hasta para ducharme en los meses de invierno.

Un sello en el mercado, los enigmas del marketing

 en cada laberinto que construyen tus dedos

 mientras subes un día al tren, al ascensor que te lleve

 a ese suave destino que es el arte.

Eso sí, nunca olvides borrar de tus poemas las hojas

 de los sauces o ir a un restaurante donde la carta ignore

 ese plato exquisito: el cisne de Darío

 (desplumado y enfermo) con la dalia en el pico.

El poeta

Para J

Dejemos al menos que tenga una silla

de metal que recogió del tanque de basura

Dejemos que escriba por la madrugada

en un pueblo inexistente de un valle en Aragón

Dejemos que juegue como un niño con letras

en la pantalla o en las hojas que hay

sobre la mesa (una mesa que también recogió

de la basura) Dejemos que escriba y escriba

en la arena cuando todos duermen

o hacen el amor en las nubes

Dejemos después que se levante de la silla

vaya a la cocina       abra la nevera vacía

y beba ese último pétalo de leche

que queda en un enano vaso de cristal

Después lo dejaremos entrar en el lavabo

echarse agua en la mente       suspirar en silencio

nadar en el espejo       tocarse la barbilla

y pensar que está viejo y sucio como un perro

Dejemos que regrese del baño a su escritorio

se siente      mire al techo     sepa que no armará

el poema perfecto ni rozará de lejos la blanca eternidad

Aun así dejaremos que vuelva a (re)intentarlo

que escriba al fin sus versos en la arena

en el agua sin fondo de lo efímero

Puede que sea ésta su última función

su velada en un reino que él nunca ha comprendido

y en el que va de un sitio a otro sin carruajes

como un bufón de siervo o un vulgar extranjero

Puede que al menos duerma escribiendo y que sueñe

que el cielo es solo un vaso de leche por las noches

y que vivir       si es niño      le resulta posible

La belleza de la muerte

No es lo mismo conocer la muerte

que oler su perfume.

Cuando mi marido ingresó en una clínica

de psiquiatría en Zaragoza

estuve presa del tiempo y de las ideas

que venían por las noches como pájaros

sin alas a nuestra habitación.

Rodeados de cristales y de médicos

sufríamos como dos ramas separadas

por el invierno. Después le dio

el infarto y comprendí que la muerte

usa diferentes lenguajes

para dejar su huella en el mundo.

A partir de su enfermedad, me convertí

en demente: conversaba con las piedras,

interpretaba el sonido de las nubes

antes de la lluvia en verano,

leía dormida El pabellón de oro

de Mishima, sin despertarme.

Todo lo que escribí antes de ese tiempo

fue vanidad, como un cazador

que se pierde en el bosque del idioma

buscando una presa inexacta.

Hablaré sencillo como las mariposas, dije,

pero sin usar más prendas de ropa

que el vuelo (ni colores ni luz

ni sombra en la mirada).

Confundí en el pasado el brillo,

o la apariencia de las cosas con la joya.

Ahora entiendo que la poesía en esencia era esto:

poner las vísceras llenas de sangre

encima de una hoja vacía.

Un sitio que es tal vez el fin del universo…

Un sitio que es tal vez el fin del universo,

donde escribo un poema sin lógica ni espíritu.

Un silencio muy breve, con versos construidos

bajo golpes de Artaud, un magnolio en la orilla

del ventanal izquierdo, las barandas

repletas de azaleas marchitas, cubiertas

de cristales, ahumadas mientras suena

la música de Mozart en el fondo del patio,

a un lado del salón, incluso entre las plantas

que crecen de los verbos, adjetivos con lluvia

desfilan ante mí, me siento un bello fámulo,

levanto las cortinas del sujeto primario,

voy al televisor, construyo ahora una tila,

después bebo la mesa, pero el poema sigue

sin lógica ni espíritu, se parece más bien

a un hijo de este mundo: suele crecer con lujo,

observa la belleza entre la fealdad,

pero a la hora cero, a la hora de amar

también el universo, ese sitio que dicen

un día tendrá fin, entonces da la espalda,

pronuncia un sustantivo, por ejemplo «mudanza»,

y es entonces que empiezo a cambiar de lugar,

de ciudad, de país, pero siempre termino

bajo el mismo elemento, en idéntico espacio

donde no cabe otro, donde la ceguedad

pronuncia el mismo verso, el mismo

desconsuelo, la misma capital de un sitio

que es tal vez, de un tal vez que no existe

a no ser en el punto final de este poema.

Amaury Pérez y Meme Solís: dos artistas hechos y derechos

Amaury Pérez y Meme Solís: dos artistas hechos y derechos

“Este es un disco para fatigar con agrado los equipos de música, con mucho que descubrir y agradecer a dos artistas hechos y derechos que se dan la mano en 12 oportunidades bien maduras, en la coincidencia y la devoción artística, sin un reproche. Es un acto de justicia cubana y es también una acción de gracias. No por gusto la primera frase de este fonograma es: Señoras y Señores: ¡Qué emoción!”

Las anteriores son las palabras con las que mi amigo, el lamentablemente fallecido poeta, director de programas radiales e investigador de nuestra música, el villaclareño Sigfredo Ariel, concluía su nota de presentación al fonograma Amaury canta a Meme Solís, hermosa idea de Petí González Gutiérrez y que el compositor de “Acuérdate de abril” concretó en 2018, a fin de rendir tributo a uno de los imprescindibles hacedores de canciones entre nosotros: José Manuel “Meme” Solís.

Por un instante trato de evocar el momento en que conocí la obra de Meme y me resulta imposible precisarlo. Solo consigo percatarme del hecho de que desde muy niño, en el ya lejano decenio de los 60, en el tocadiscos de casa y por iniciativa de mi querida vieja, Elga Triana, resultaba presencia constante la música del cuarteto Los Meme. Así, piezas como “Destino de los dos”, “Estos días de lluvia”, “Te dije quédate”, “Todo eso eres” u “Otro amanecer” (esta última, suerte de himno para una generación de compatriotas) han sido importantes componentes de mi particular banda sonora.

Tampoco puedo establecer la fecha exacta en la que Meme se fue en parte de Cuba y digo así, porque está demostrado que nadie se va del todo. Más allá de que tristemente en una etapa sus canciones dejaron de escucharse en la radio cubana por la censura de que fue víctima, siempre hubo intérpretes que, como Rosita Fornés y Elena Burke, mantuvieron de forma activa en sus repertorios creaciones de Solís. Luego, con el transcurrir del tiempo, comenzaron a circular informaciones acerca de los grandes conciertos que, con frecuencia anual, Meme ha protagonizado en Miami y para los que ha armado cuartetos ocasionales con la intervención de figuras como Xiomara Laugart.

Al margen de la lectura de una que otra reseña en periódicos miamenses como El Nuevo Herald y Diario las Américas sobre dichas presentaciones, debo decir que yo no había podido escuchar nuevas composiciones de Meme. En ese sentido, uno de los principales aciertos del álbum grabado por Amaury Pérez viene dado por el hecho de que nos permite conocer, al menos una porción, de la reciente obra de alguien que no se ha conformado con vivir de repetir lo que en el pasado hizo en Cuba.

Y es que, como ha escrito el ensayista Emilio Ichikawa en un texto suyo a propósito del teatrista habanero Víctor Varela, mantener “fuera del locus domiciliar, más allá del jardín fecundo, un nivel de inconformidad creativa que conduzca, una y otra vez, a la obra de arte, requiere una energía descomunal”.

De los 12 cortes que arman el CD Amaury canta a Meme Solís, una producción que -para no perder la costumbre- ha resultado mal promocionada por los medios de comunicación en Cuba, 11 son temas desconocidos por los seguidores de Meme en nuestro país. Se trata de piezas en las que señorea la balada y en las que apreciamos el estilo que ha signado el trabajo de Solís, tanto en lo concerniente a las líneas melódicas como al tratamiento armónico.

La última pista del fonograma es un muy atinado popurrí de viejos éxitos del cuarteto de Meme y en el que se incluyen “Traigo mi voz”, “Ese hastío“, “Vida si pudieras“, “En la distancia“, “La orquídea“, y, por supuesto, “Otro amanecer”.

Digno de resaltar es el desempeño interpretativo de Amaury Pérez a través del álbum, en el  que logra identificarse con la esencia del repertorio de Meme, en lo cual ayuda mucho el hecho de que en lo fundamental sean baladas, manifestación que por excelencia Amaury ha trabajado como compositor. También es sobresaliente lo hecho por Juan Manuel Ceruto, responsable de la producción, los arreglos y la dirección musical, con una propuesta orquestal que mucho le debe a atmósferas jazzísticas.

Así, en la primera versión del material, la sonoridad es acústica, a partir de un formato de quinteto, en el que participan el aludido Juan Manuel Ceruto (saxofón tenor y flauta), Rodney Barreto a la batería (brillante en los pasajes con escobillas), el contrabajista Roberto Vázquez, Dayron Ortiz en la guitarra con cuerdas de nailon y el pianista Víctor Campbell (recomiendo especialmente escuchar con atención lo que hace en el tema “No soy yo”). En una segunda versión, al anterior formato se añaden unas cuerdas, que aportan diferente color y textura a la grabación.

Para concluir, deseo señalar que un CD como este de Amaury canta a Meme Solís, en el que intervienen otros muchos colaboradores, cumple una doble función: sociocultural y sicosocial, dado que posibilita a un músico como Meme incorporarse al que es su ámbito mayor, el constituido por las audiencias de Cuba, y al país le permite recobrar un fragmento de nuestra propia memoria colectiva, hoy desperdigada en los más diversos rincones del mundo. Cuando se piensa en el hecho de que los cubanos no somos un pueblo milenario sino que tenemos una historia bastante joven, apenas cinco siglos, hay que concluir que no podemos darnos el lujo de no incentivar la memoria cultural y perder del patrimonio nacional a figuras que, al margen de vivir en disímiles puntos del planeta y/o de discrepar del sistema sociopolítico imperante en la Isla, son glorias de nuestro devenir musical.

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