Categoría: Cuba

¡Feliz día de la cultura cubana!

¡Feliz día de la cultura cubana!

Tengo un amigo que conocí 30 años atrás, allá por los tiempos en que yo trabajaba en la revista Alma Máter y él estudiaba en la Universidad de La Habana. Hace rato que mi socio vive fuera de Cuba y a decir verdad, en más de un asunto no pensamos igual. Sin embargo, en todo el tiempo que ha transcurrido desde que iniciamos nuestra amistad un día en el muro del malecón mientras hablábamos de temas históricos, jamás hemos discutido por nuestros credos políticos. No recuerdo desde cuándo pero hace rato que todos los 20 de octubre lo felicito por el Día de la Cultura Cubana, dados sus aportes a la misma como escritor y académico que, tras concluir su doctorado,  en la actualidad se desempeña como profesor en un aula universitaria.

Polarización entre mis compatriotas de uno y otro lado

Pensaba en lo anterior a partir de la alarma que me causa la creciente polarización que se está produciendo entre mis compatriotas de uno y otro lado del espectro político y que ha llevado a que se den acciones que juro creía ya eran parte de un triste pasado y que jamás volverían a darse entre cubanos y cubanas.

Debo acotar que en mi opinión, la intolerancia (problema que, como advirtiese Octavio Paz, no estaría tanto en el tipo de doctrina que se porta sino en la forma) entre compatriotas que piensan distinto a la hora de discutir un problema, va más allá de las diferencias políticas e ideológicas, para formar parte de nuestra (in)cultura cotidiana. Pensar lo que otro nos dice y admitir que puede tener parte de o toda la razón, para nosotros es una proeza y así, hemos obviado una moraleja de Jorge Luis Borges: “Hay que saber elegir los enemigos, porque al final terminamos pareciéndonos a ellos”.

De ahí el hecho cierto de que entre nuestros compatriotas perduran las equívocas tendencias que confunden el debate y la discrepancia de corte intelectual, en el peor de los casos, con el linchamiento del enemigo o, en la menos desafortunada de las situaciones posibles, con el mero y llano intercambio de cortesías, por lo que promover y auspiciar la discusión con las múltiples voces e ideas de la esfera pública, no es solo un acto legítimo sino también indispensable para progresar en la aspiración de alcanzar alguna vez un diálogo carente de dogmas y juicios totalizadores, en el que predomine un consenso signado por una buena dosis de serenidad y respeto.

Conseguir un efecto de “los cubanos para Cuba”

En mi caso, la apertura por la que abogo hacia quien piense diferente a mí no parte de hacerlo por cumplir únicamente con los preceptos de una meta nacionalista, expresada en la frase “Cuba para los cubanos”, sino por algo que me parece aún de mayor trascendencia de cara al futuro, es decir, conseguir un efecto de “los cubanos para Cuba” que no solo impulse el desarrollo nacional, sino que también nos ayude a vencer la percepción insularista del mundo, de la cual hemos hecho gala con demasiada frecuencia.

Volviendo al amigo que felicito cada 20 de octubre a propósito del Día de la Cultura Cubana, si algo me ha parecido vital es que, lejos de todas las buenas y malas intenciones que nos acechan aquí y allá, mantengamos nuestra amistad y el respeto por el quehacer y la forma de pensar de cada uno de nosotros. Así solidificamos un puente que construimos con nuestro mutuo afecto hace unos cuantos años, un puente que la amistad y la cultura logró, anticipándose a lo que la sociedad no ha podido resolver: «Esa ininterrumpida locura de acusación e inculpación como enfermedad mortal», a la que se refirió Thomas Berhard.

Reconciliación, diálogo y discrepancia: más que palabras

Siempre habrá minorías, de uno y el otro lado, para quienes la reconciliación y el diálogo serán contrarios a su interés en pro de mantener determinado statu quo. Si bien la inmensa mayoría de los cubanos abogamos por hacer realidad tangible y armoniosa los vocablos reconciliación, diálogo y discrepancia –como me dice una gran amiga–, pendiente tenemos el aprendizaje para ello. Empero, la necesidad del cambio, así como la experiencia vivida en estas décadas, nos urge a poner de un lado nuestras diferencias y buscar soluciones, a sabiendas de que una relación sana tiene que asentarse, esencialmente, en el respeto del criterio del otro, la legitimidad de la independencia del otro, y del mundo asociativo en el cual se constituye su otredad.

Hoy que celebramos el Día de la Cultura Cubana, todos deberíamos ser conscientes de que Cuba es una confluencia telúrica y misteriosa, que alcanza dimensiones místicas y mágicas de reductos extraños, raros y guarecedores de la belleza, aunque haya quienes no se percaten de ello.

En un ensayo de Cintio Vitier en torno a la identidad, con enorme sabiduría este intelectual afirmaba algo que desde que lo leí por primera vez me pareció fundamental: “Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos.”

Llegado a este punto, quiero felicitar a mis compatriotas que, estén donde estén y piensen como piensen, sientan que (por encima de cualquier diferencia política, ideológica, económica, religiosa, racial…) algo les une a la cultura cubana, la cual también es una patria y pertenece a los que experimenten la necesidad de sentirse parte de ella. A ustedes  les regalo unos fragmentos de un poema del desaparecido teatrista cubano Tomás González y que, en mi opinión, lanza un mensaje claro para todos los nacidos en la Isla.

Fragmentos de un poema del desaparecido teatrista cubano Tomás González

“Atrapados en nuestros tristes odios

navegamos en el rito misterioso de un viaje

por mucho tiempo ya prolongado

con rumbo hacia ninguna parte

sin avanzar y sin retroceder

manteniéndonos

a toda costa

a flote en el naufragio.”

Con Frank en su onomástico

Con Frank en su onomástico

Hoy 19 de octubre, mi amigo Frank Delgado está de cumpleaños. No sé con exactitud cuándo lo conocí. Quizá fue en algún Festival de la FEU entre 1981 y 1982, en los que él intervenía en representación de la CUJAE mientras que yo lo hacía a nombre de la Universidad de La Habana. Tal vez fue en uno de los tantos conciertos llevados a cabo en el anfiteatro del parque Almendares a fines del decenio de los 70 o a inicios de los 80. O quizá me lo presentó el querido Bladimir Zamora Céspedes al término de un espectáculo de trova y poesía bajo el nombre de “Ejercicios del corazón”, del que Blado  era algo así como la columna vertebral y donde Frank era uno de los participantes, junto con el también trovadorAlejandro Zayas Bazán y la poeta matancera Jacqueline Fong, por aquellos lejanos días estudiante de la carrera de Derecho en la colina universitaria.

Lo cierto es que, aunque me considero alguien con excelente memoria, claro que no al punto de la de nuestro hermano Humberto Manduley, precisar ese dato me resulta imposible. Lo que sí puedo asegurar es que pronto llegaré a los 40 años que a cada rato me sorprendo tarareando una de las muchísimas canciones de este ingeniero, que un día renunció a ejercer la profesión que había estudiado, para dedicarse en cuerpo y alma al quehacer trovadoresco.

Al pensar en el hecho de que Frank Delgado estuvo montones de años entregándonos canciones, muchas de las cuales son imprescindibles para acercarse a lo ocurrido en Cuba en un pasado reciente, me parece imposible aceptar que sea cierto que en un cuarto de siglo de destacadísimo trabajo como trovador, él no pudiese grabar ni tan siquiera un disco con los sellos cubanos (si se exceptúa un casete de la colección “A guitarra limpia”, llevado a cabo por el Centro Pablo), dado que las instituciones manejaron con resquemores el carácter problémico de la propuesta del creador, por lo cual le respondían que no a los proyectos presentados en diferentes etapas.

Una probable explicación a que entre nosotros sucedan cosas así tiene que ver con que el modelo cultural de nuestro país, a pesar de que en su formulación se ha distinguido por ser explícito, no siempre ha resuelto las vías ejecutivas más eficientes para su realización porque, como dijera Carlos Rafael Rodríguez en su magistral intervención durante el IV Congreso de la UNEAC en 1988: (…) lo que nos han faltado no son las definiciones y las líneas de políticas (…). De lo que hemos carecido es de la capacidad para ponerlas en práctica.

Recuerdo que cuando yo trabajaba en Radio Metropolitana como conductor y guionista en un programa especializado sobre música que heredé de Humberto Manduley, en repetidas ocasiones discutí con el entonces director de la radio provincial de La Habana porque aquel funcionario prohibía que en la red de emisoras bajo su mando se pusieran canciones de Frank. Yo le argumentaba que en ese propio tiempo en mi desaparecida columna “Los que soñamos por la oreja”, en Juventud Rebelde, yo escribía comentarios y reseñas acerca de los discos y conciertos realizados por el mismo trovador que él censuraba en sus predios. Por supuesto que el “pobre hombre” (de cuyo nombre ahora ni puedo acordarme) y yo nunca nos entendimos.

Cuando en distintas universidades he impartido cursos sobre historia de la música popular cubana a partir de 1959 hasta nuestros días, en la clase que aborda el tema acerca de cómo las realidades impuestas por la tecnología han generado que entre nosotros los músicos no tengan que esperar porque alguien venga a propiciarles la grabación de un disco, así como su posterior distribución y comercialización, siempre digo que en semejante modo de hacer Frank Delgado ha devenido desde mediados de los 90 ícono que funciona a manera de modelo para quienes optan por este estilo de trabajo, hoy tan popular y común en el país.

El enfoque aportado por las zonas de alta tecnología en cuanto al principio descentralizado de hágaselo-usted-mismo respecto a la producción (proveniente de la frase en inglés do-it-yourself del movimiento punk), en convergencia con las características propias de la “ética hacker” y del “cortar y pegar” (cut ‘n paste), derivado  de los movimientos artísticos previos que utilizaron el bricolaje y el collage como formas de composición, de cuyas prácticas dejó constancia el inglés Dick Hebdige en su libro Subculture: The meaning of style, ha introducido una nueva dinámica en el panorama cultural cubano, gracias a la cual alguien como Frank Delgado, durante los 25 años en los que fue rechazado por las discográficas cubanas, pudo autoproducirse al menos siete álbumes y un DVD.

En ese tiempo, pese a la no presencia oficial de grabaciones de Frank en el mercado fonográfico nacional y a ser pobremente o nada promovido por los medios cubanos de comunicación, él se las ingenió para que su música circulase de mano en mano entre su numerosa legión de seguidores en Cuba. Hoy la situación ha cambiado para Frank en relación con las instituciones musicales del país y ya no es un apestado como antes, por lo que sus discos se publican a través de empresas oficiales como Bis Music.

Pero volviendo al onomástico de Frank, me parece que fue ayer el momento en que yo era un estudiante de periodismo y me aprendía de memoria canciones suyas como “Cima”, “Son de la suerte”, ”El duende y la lavandera”, “Dos habaneras”, “Son de la muerte”, “Juanita me da jaqueca”, “Miami, luces y sombras”, “Soñar despiertos”, “Orden del día” o “Senderos”, todas composiciones típicas de la filosofía popular. Sin embargo han transcurrido montones de años desde entonces y este 19 de octubre de 2020, mi buen amigo “arriba a un aniversario tan redondo que lo pueden jubilar y atenderlo en un hospital por una especialidad diferente”, como él mismo escribe en su perfil de Facebook.

Dado que Frank me lleva apenas 24 meses, en un abrir y cerrar de ojos lo acompañaré en ese cada vez más nutrido grupo cubano de la tercera edad y aunque ya casi somos dos viejos cagalitrosos, ambos podemos gritar a los cuatro vientos lo que él asegura en el tema “Hipibano”:

“Yo soy un hipibano,
una canción clandestina,
un corazón en la mano,
viviendo en la comuna
de las mentes desnudas
que no tienen salario.

Yo soy un hipibano
que quería mostrar
que era posible, mi hermano,
parar guerras con flores
y expandir con el humo
el alma del ser humano.”

Foto tomada de: https://www.facebook.com/Frank-Delgado-Fans-141833409204765/

Minicuentos de Ana Teresa Guillemí Moreno

Minicuentos de Ana Teresa Guillemí Moreno

Conozco a la cienfueguera Ana Teresa Guillemí Moreno hace tantos años que ya no quiero acordarme de cuántos son. Nuestro primer encuentro fue en Santiago de Cuba, a propósito de un evento de jóvenes auspiciados por la Asociación Nacional del Ciego, en el que participábamos personas con dicha discapacidad visual y otras que colaboraban voluntariamente con nuestra organización. Ese era el caso de Ana Teresa, que por entonces estudiaba la Licenciatura en Letras.

De entonces a acá ha llovido mucho y mi amiga Ana Teresa Guillemí Moreno vse ha desempeñado en diferentes responsabilidades, como por ejemplo metodóloga provincial de Literatura en Cienfuegos o al frente de la filial de la UNEAC. Pero lo en verdad importante es que Ana Teresa ha continuado siendo la misma muchacha con la que hice amistad en aquellas jornadas santiagueras de hace montones de años, portadora de idéntica pasión por escribir cuentos y poesía, tanto para niños como para adultos.

La última vez que coincidimos fue hace alrededor de tres años, a propósito de una visita mía de trabajo a Cienfuegos. En medio del intenso plan de actividades en el que yo tenía que participar, saqué tiempo para irme a compartir un rato en un café con Ana Teresa y con mi también amigo Andrés Sánchez, primer presidente provincial de la ANCI cienfueguera y una de las personas a las que más le agradezco en mi formación cuando yo era un adolescente. Ese día, Guillemí Moreno me regaló un ejemplar de un libro en braille, del que extraigo los minicuentos que aquí reproduzco.

ALICIA

No puede creerlo. Se ve atrapada en un  punto increíble donde constantemente matan a la fantasía.

Ve al Conejo corriendo porque no se lo coman, al Lirón tomando píldoras para el insomnio y a la sonrisa del gato de Chesire, transformada en una mueca indescifrable.

Desmaravillada, Alicia pide a la Reina de Corazones que le corte la cabeza.

DE PIEDRA

Dos piedras rodando se encontraron, se rozaron y surgió la chispa del amor.

La gente decía: ¡Con lo cuadrado que es él, sin embargo, ella tiene alma de artista! Y así era, ella tenía diferentes modos de ver las cosas, de mostrarse ante los demás. Lo que no variaba era la forma de quererlo a él, así que Adoquín y Adocreto se casaron, vivieron felices y comieron perdices.

EL DILEMA DE PINOCHO

La mujer de Pinocho lo abandonó. Él, se puso como loco: parado ante el espejo lloraba espesas lágrimas de aserrín.

Al cabo de los días, se decidió y esperanzado, fue a ver a un carpintero para que le serruchara la nariz.

Pero su mujer no volvió: ella lo había abandonado por mentiroso, no por narizón.

JUEGO DE NIÑOS

Los niños juegan a la guerra. El barullo es enorme. La madre, despeinada de impotencia,trata de contenerlos.

Su ¡está bueno yaaa! No sirve de mucho: los dos hijos menores mueren en zafarrancho de combate; el mayor se sopla el humeante dedo-pistola y sonríe. Su puntería es muy exacta.

La madre siempre ha sospechado que este hijo es abikú pero nunca le puso cadena en el tobillo. Ahora le pesa.

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Poemas del libro Los perros de Amundsen

Una de las cosas que más he hecho durante los meses de confinamiento en casa por el coronavirus ha sido leer. No puedo decir la cantidad de libros que he consumido entre los que he leído en formato digital con la ayuda del software que empleo como lector de pantalla, mi querido Jaws, y los que me ha leído mi novia, en unas sesiones de intercambios de criterios muy enriquecedoras para ambos. Sí tengo claro que uno de los títulos que más me ha impactado en este período es el titulado Los perros de Amundsen, poemario del holguinero José Luis Serrano publicado por la Editorial Letras Cubanas y que en el 2018 recibiera el premio Nicolás Guillén.

El puñado de sonetos aquí recogidos y galardonados por un jurado que estuvo integrado por Edel Morales, Rogelio Riverón y Yanelis Encinosa debería ser materia de estudio para todo el que se interese por los actuales derroteros de la poesía cubana. Ahora bien, solo una advertencia: nadie se piense que es una lectura fácil, ¡todo lo contrario! Quien desee adentrarse por lo que José Luis Serrano ha escrito en Los perros de Amundsen, debe hacerlo a sabiendas de que tendrá que disponer de un buen diccionario a mano, porque de no ser así, se perdería buena parte de lo que el autor nos propone.

Selección de poemas del libro Los perros de Amundsen

Por lo pronto y como pequeña muestra, en Miradas Desde Adentro publicamos una breve selección de un libro que en materia de poesía, nadie lo dude, es de los más importantes editados en nuestro país en los últimos años.

¿Depuraciones en la ludoteca?

¿Quiénes son los estúpidos que temen

a los frágiles músicos de Bremen?

Los masoquistas pagan su hipoteca.

Yo intercambio las cláusulas. Yo digo

una cosa por otra. En algún lado

estarán los botones, el cableado

de la perversa máquina. Al abrigo

de conjeturas tópicas confrontas

la realidad, las disyuntivas tontas

que nos conducen a engordar un cerdo.

Hay una dimensión en que la práxis

entra en conflicto con la profilaxis.

Hay una lógica del desacuerdo.

Hay sin lugar a dudas un desfase

entre la máquina que nos vigila

y la estructura sorda que asimila

la crudeza del dato. En el trasvase

los parámetros mutan. Toda magia

es un chantaje. Todo pase mágico

consiste en imponer un orden trágico.

Una fatalidad que se presagia.

Imperceptibles superestructuras.

Disfruta el cerdo sus enjuagaduras.

Detrás del esplendor está la inopia.

Mientras hay progreso habrá declive.

Es importante que el dolor se archive.

Todo lo que es verdad se fotocopia.

Bailan los muñecones tenebrosos.

La mano izquierda lava a la derecha.

Entre la multitud Pilato acecha.

Las utopías llegan con endoso.

Bestias que rumian en los pastizales.

Una felicidad inconsistente.

En el placer hay un dolor latente.

Olvidamos los ritos primordiales.

Los que van a acoplarse en el granero

no calcularon el cucarachero,

ni la humedad, ni el polvo. Habitaciones

donde solo se escucha el pizzicato

de la desilusión. Meprobamato

Diazepam. Tropicales depresiones.

Aquí terminan los desciframientos.

Entre los superhombres y la plabe

Hay un muñeco de impoluta nieve.

Combinatorias. Encadenamientos.

Un cúmulo de formas discursivas.

Una interpretación que desvincula

la causa del efecto y manipula

al objeto desde otras perspectivas

Montaje sin fisuras. Entre el acto

y la conciencia hay mecanismos, tracto,

carne deshidratada, tortas ácimas,

lipotimias, axiomas, arbolitos

de navidad, alcohol, pescados fritos,

insurrectos colgados de las guásimas.

Como por arte de birlibirloque

el receptor contagia al emisario.

Reducidos de placer involuntario

en el instante del electrochoque.

Levantan los apóstoles sus carpas.

Hemos comprobado todos los boletos

y seguimos ausentes e incompletos.

¿Dónde están los salterios y las arpas?

¿De qué sustancia somos el envase?

¿Escrutar a un objeto que no hace

más que fingir obedecer las leyes

mecanicistas por así complace

a los peritos? ¿Similar enlace

vincula a los bufones y los reyes?

Una felicidad que decepciona.

Que nadie se aproxime a la mezquita.

Aquí lo que hace falta es dinamita.

Aquí nos sobra la testosterona.

Trasplantes. Diálisis. Urocultivos.

¿Enfrentar de una vez al que más mea?

¿Darle estricnina al perro de pelea?

Hipotensores. Anticonceptivos.

Anatemas disueltos por la bula

Fornicación. Concupiscencia. Gula.

Adulterio. Pereza. Clic derecho.

Un par de bofetones y una multa.

El policía bueno nos indulta.

Salimos bien. Salimos por el techo.

Cuerpos que tienden a variar de estado

Es un error llamarles disolutos.

Para contravenir los estatutos

hay cierto personal autorizado.

Hay prendas de vestir fosforescentes.

Hay humo, hay frío, albaricoques, fresas.

Hay lagunas mentales. Hay tres mesas

ocupadas por tres adolescentes

con máscaras doradas. Pobrecitos.

Qué precarios, qué audibles, qué bonitos,

dentro de sus costosos envoltorios.

El huracán de la belleza amaina.

Hernán Cortés su espada desenvaina.

Convalecencias. Posoperatorios.

Nos inventamos acontecimientos.

La democracia encuentra a sus vasallos.

Dos cosas igualitas son los gallos

y las mujeres. Desmantelamientos.

Estaban dando la telenovela.

Es un revólver lo que necesitas.

Nos van a liquidar con sus tacitas

y sus biscochos de obediente muela.

Con más presión esperan que te ablandes.

Hay demasiados clítoris y glandes

en las pantallas. Válvulas pilóricas.

Contribuciones que no van al fisco.

Chivos expiatorios en el risco.

Retóricas. Retóricas. Retóricas.

El carnaval te aplica sus charangas

La oveja negra y el patico feo

pagan de sus bolsillos el paseo.

Prósperos vendedores de fritangas

capturan a la reina. Mojigangas

del carnaval. Feroz chisporroteo.

Las congas, las sirenas, el goteo

de los sueros, las incisivas tangas.

Se acercan los behiques con sus brevas

apestosas. ¿Abrirnos a las nuevas

causalidades? Sarta de guiñapos

que empinan sus canecas en cuclillas.

Han llegado los tristes cabecillas.

los malolientes y rabiosos capos.

La historia asoma su colmillo trunco

Las interpretaciones nos marean.

Tragedias que lo cómico bordean.

Rebaños infectados de carbunco.

Amordazada la ciudad se ahoga.

Esquizofrenias. Embrutecimientos.

Borrachos con disímiles talentos.

Convoyes que tantean el Ladoga.

Después que la utopía se desnutra

tendremos que elegir: el Kama Sutra,

el tornillo de banco o las chinampas.

Descalificación archisabida.

La culpabilidad es tu comida.

El plato de lentejas que te zampas.

¿Es una broma de los fabricantes?

¿Cuál es el truco? ¿Dónde está el piloto?

¿Al simulacro quién le pone coto?

¿Quién detiene al hatajo de farsantes?

Empiezan a bailar los primerizos.

Objetos ilusorios. Formas puras.

Distribuciones. Tráficos. Texturas.

Cámaras lentas. Nudos corredizos.

Nos quedan los museos, la impotencia

de los museos, la supervivencia

ficticia del zoológico. ¿Hasta cuándo

será el reinado de los energúmenos?

¿Una conspiración de catecúmenos?

¿Una prosperidad de contrabando?

¿Dónde estaban los toros de Pamplona?

¿Quiénes hicieron el primer envite?

¿Algún chivato dijo el escondite?

¿Un agujero negro nos succiona?

Pajas mentales. Cápsulas de ideas.

Un montón de utopías confinadas

en pomos de cristal y etiquetadas.

Un sistema de válvulas y apneas.

¿Caminar por lo oscuro como necios

o disfrutar la luz que a los efesios

recomendara Pablo? Consanguínea

precariedad que pone en entredicho

los despojos plantados en el nicho.

Entre el cuerpo y el alma hay una línea.

Cadáveres envueltos en sus mantas.

La conmiseración y sus enmiendas.

Al infierno se va por siete sendas

y las bifurcaciones no son tantas.

Desbordamientos. Cláusulas. Tembleques.

Formas de articular el amasijo.

Acepta el antropólogo cobijo

en los narcotizados bajareques.

¿Estamos en Ceilán? El agiotista

puede determinar a simple vista

la solvencia del prójimo. Un compendio

de alocuciones disimula el fiasco.

Pájaros que regresan al peñasco.

Objetos sustraídos del incendio.

Inoperantes focos de insurgencia

Los pobres ovacionan al famoso.

Ventrílocuos del títere rabioso.

Islas tocadas por la incandescencia.

No vamos a lograr con la docencia

lo que no pudo el sueño riguroso

de los patriarcas. El facineroso

sabe delimitar nuestra incumbencia.

Antes de comenzar te desmoronas.

Los cuerpos de caballos y personas

carbonizados. Un buche de sake

que nos haga volver. Unas granadas

que desmantelen nuestras barricadas.

Algo que nos obligue al contrataque.

Reflexiones debajo del enebro.

El triste beneficio de la duda.

Las ocho etapas que propone Buda.

Las circunvoluciones del cerebro.

El homo faber ama sus tarecos

tecnológicos. Nadie nos educa

en la contemplación. Dios se acurruca

en nuestro búnker, cámara de ecos

o campana de Gauss. ¿Incursiones

de las lesbianas y los maricones

en el dominio del dolor? Arcillas

que no comprendo, dices, que no culpo.

Los viscosos tentáculos del pulpo.

La perfección que muere de rodillas.

¿Alguien comprende las necesidades

de los vencidos? Frágil estamento.

¿Alguien sabe tocar el instrumento

dentro de cuyas posibilidades

y límites se expresa el repertorio

de los vencidos? Marcas de familia.

Estratos que conforman la vigilia,

las diferentes capas del velorio.

Que nadie se levante del pupitre

sin un par de utopías. El salitre

es un verdugo silencioso. Trepa

el buen salvaje al árbol, idolatra,

sufre… Lo mismo en Cuba que en Sumatra.

¿Alguien de estos capítulos discrepa?

Lo nuevo que propone Pavel Urquiza

Lo nuevo que propone Pavel Urquiza

Conozco a Pavel Urquiza desde 1981. Por entonces, ambos recién comenzábamos a estudiar en la Universidad de La Habana, él en la Facultad de Economía y yo en la de Artes y Letras. La primera vez que intercambiamos fue durante un ensayo de un grupo que el hoy destacadísimo creador tenía desde su etapa anterior a la universidad en la Vocacional Lenin, si mal no recuerdo llamado Yara.

El ensayo se realizaba en casa del ya desaparecido  Vladimir Prieto, que por aquellos días estudiaba como yo la carrera de periodismo. Después de aquel primer encuentro, compartimos varias veces en la vivienda de nuestro común amigo Vladimir y desde entonces he seguido paso a paso la carrera musical de Urquiza, una figura decisiva en el devenir de lo que se ha dado en llamar Canción Cubana Contemporánea.

Ahora, a 39 años de haber conocido a Pavel, continúo profesando la misma admiración que sentí por él desde aquella lejana tarde en casa de Vladimir Prieto. Por eso, cuando hace unas semanas supe que Urquiza había hecho una versión del tema “rosas en el mar”, para rendir homenaje al autor de la pieza, el recientemente fallecido Luis Eduardo Aute, me propuse rastrear dicho trabajo en la red de redes y que fuese estrenado el pasado 1 de mayo, en el contexto de la cuarentena que ha vivido la humanidad por causa del coronavirus. No me dio ningún trabajo encontrar el video en la siguiente dirección: https://youtu.be/sWEaWKnW0Og

Es interesante que Pavel no quiso hacer este tributo a Luis Eduardo Aute en solitario, sino que apostó por realizar un trabajo colectivo y para ello invitó a un grupo de amigos y amigas a sumarse al proyecto. Así, en el video musical aparecen Lena Burke, Luis Bofill, Leslie Cartaya, Boris Larramendi y Sory Pérez, como intérpretes vocales, mientras que el trabajo instrumental corre a cargo de Yadam González en el bajo, el percusionista Alfredo Chacón, Ivette Falcón desde el violonchelo, Irving Aday como pianista y Rigel Pérez en el bongó.

Vale la pena comentar para los más jóvenes que la canción “Rosas en el mar” fue la primera composición de Luis Eduardo Aute que se conoció en Cuba a fines del decenio de los sesenta de la anterior centuria y que algo más de cincuenta años atrás, llegó a ser muy popular no en la voz de su autor sino en la interpretación realizada de la pieza por la cantante Massiel.

En las numerosas visitas que Luis Eduardo Aute realizara a nuestro país para presentarse ya fuese en eventos o en conciertos personales suyos, el tema nunca podía faltar. Sucede que el mensaje de “Rosas en el mar” en relación con la libertad, la intolerancia y la realización individual mantiene absoluta vigencia, más allá de que el texto fuese hecho a propósito de la época de la dictadura de Francisco Franco en España.

Es por ello que desde el sitio donde en la actualidad reside, Coconut Grove, Pavel pensó que el mejor modo para rendir homenaje al gran Luis Eduardo Aute era por medio de versionar su canción más renombrada y popular. Para Urquiza, esta pieza resulta «una reflexión universal sobre la libertad y la intolerancia, un canto al amor y a la  vida contra los dogmas que nos limitan».

En fin, creo que si eres amante de la música de corte propositivo, te recomiendo vayas al canal de Pavel Urquiza en YouTube para que disfrutes de esta harto interesante versión de “Rosas en el mar”.

Otro aporte de Rosa Ileana Boudet al teatro cubano

Otro aporte de Rosa Ileana Boudet al teatro cubano

Hace rato que la teatróloga, crítica y narradora Rosa Ileana Boudet ha inscrito su nombre en la nómina de figuras que con su quehacer mucho le han aportado a lo más auténtico de la cultura cubana de todos los tiempos. Entre sus numerosas responsabilidades en el pasado habría que decir que fue fundadora de la revista Tablas, así como directora de la publicación Conjunto y del Departamento de Teatro de la Casa de las Américas. Como cuentista, relatos suyos han sido incluidos en compilaciones como Estatuas de sal (Ediciones unión; La Habana, Cuba; 1996) o Cuentistas cubanas contemporáneas (Editorial Biblioteca de Textos Universitarios; Salta, Argentina; 2000). 

Entre sus libros pueden mencionarse Alánimo, Alánimo (1977), El vaquerito (1983), Teatro nuevo, una respuesta (1983), Este único reino(1988), Potosí 11, dirección equivocada (2000), Teatro cubano: relectura cómplice (2010), Luisa Martínez Casado en el paraíso (2011) y Cuba entre cómicos: Candamo, Covarrubias y Prieto (2015). Pero si todo eso fuera poco, hay que señalar además que es la madre de una de las principales actrices de nuestro país de los ochenta hacia acá, la archi conocida Broselianda Hernández. 

El más reciente trabajo investigativo de Rosa Ileana Boudet es una obra descomunal por el esfuerzo que debe haber implicado para ella el llevarla a cabo, me refiero al libro titulado El Teatro Alhambra contado por un conde. En dos tomos, el primero de 391 páginas y el segundo de 393, esta estudiosa del devenir del arte dramático cubano recupera del pasado las crónicas teatrales escritas por Aniceto Valdivia y Sisay de Andrade (1857-1927), bajo el seudónimo Conde Kostia (personaje de la novela de Victor Cherbuliez). En el primer tomo aparecen además crónicas de Francisco Calderón (Santi-Báñez) y varios ensayos y anotaciones de la propia Rosa Ileana.

Es interesante acotar que la mayoría de estas crónicas fueron publicadas de inicio en el periódico La lucha Y tratan acerca de obras presentadas en el teatro de variedades Alhambra, así como algunas del Payret, Lara, Tacón, Albisu y Politeama.

Para los más jóvenes hay que decir que el Teatro Alhambra estaba situado en la esquina de las calles Consulado y Virtudes, a una cuadra del céntrico Paseo del Prado, en lo que hoy es el barrio Colón en Centro Habana. Inaugurado el 13 de septiembre de 1890, cerró definitivamente sus puertas el 18 de febrero de 1935, después de casi cincuenta años de éxitos de público y taquilla. Con posterioridad a enero de 1959, en el sitio funcionó la sede del Teatro Musical hasta que, entrados los noventa del anterior siglo, la desidia, el desinterés y la abulia de los responsables en darle mantenimiento constructivo a la instalación hicieron que un lugar de tanta historia se convirtiese en ruinas.

Según se ha calculado, en el Teatro Alhambra, durante sus 45 años de funcionamiento, se escenificaron Entre 2.500 y 4.000 obras originales. La primera de las crónicas recuperadas por Rosa Ileana Boudet está fechada el 15 de septiembre de 1890, dos días después de inaugurarse el teatro. En los dos volúmenes aparecen en total más de 300 crónicas

Además de lo que pudiera considerarse como el eje que vertebra en su conjunto la compilación, es decir, el Alhambra, sus actores, músicos y dramaturgos, podemos leer en ambos tomos alusiones a acontecimientos relacionados con el mundo artístico y teatral de la época.

Igualmente, en el libro se comentan  acontecimientos destacados ocurridos en esas convulsas décadas. Por ejemplo, la guerra España-Cuba-Estados Unidos y el hundimiento del Maine en la bahía de La Habana el 15 de febrero de 1898. Cuando se lee toda la información recogida en estos dos volúmenes, hay que sorprenderse ante la gran cantidad de obras llevadas a escena en el Teatro Alhambra. La misma sensación me asalta  al pensar en la fecundidad de los autores que trabajaban para dicho escenario. Entre los más prolíficos, el binomio Villoch-Mauri (Federico Villoch, libretista y Manuel Mauri y su hermano José, compositores) y el renombrado músico Jorge Anckermann.

El segundo tomo, con material comprendido  en el periodo 1909-1935, incluye crónicas tanto del Conde Kostia, como de Max Henríquez Ureña y precisas anotaciones y ensayos de Rosa Ileana Boudet. Para los investigadores, resulta de suma utilidad el hecho de que se citen En orden cronológico las obras presentadas en el Alhambra en esos años, así como  la idea de poner una sección «De la A a la Z» a manera de glosario de personas, palabras y frases relacionadas con el mundo teatral. En el sentido de beneficio para posibles estudiosos interesados en el tema,  vale destacar que en este trabajo también se alude a algunas de las personalidades que asistieron como espectadores al teatro: Federico García Lorca, Harold Hart Crane, Waldo Frank, Ruth Page, Vicente Blasco Ibáñez, entre otras.

Finalmente, ante algo como lo recogido en El Teatro Alhambra contado por un conde, Vol. 1 y 2 (Ediciones de La Flecha, 2020, Santa Mónica, California), solo queda felicitar a Rosa Ileana Boudet, a sabiendas de que tiene que haber dedicado muchísimas horas  para investigar, transcribir y comentar el conjunto de textos retomados por ella del pasado, notable aporte a la memoria del teatro en nuestro país y puente de partida para que otras personas continúen semejante imprescindible labor.

Jorge Luis Piloto: un compositor de éxitos

Jorge Luis Piloto: un compositor de éxitos

Al hablar de la música cubana facturada en Miami en las últimas décadas, obligatoriamente hay que aludir a la presencia de músicos pertenecientes a la llamada Generación Mariel en dicha ciudad, los cuales habitan y trabajan no solo en la aludida urbe floridana sino también en lugares tan diferentes como New York, Chicago o Nuevo México. Si bien, como asegura Iván de la Nuez:

(…) cuando se piensa en Mariel, como grupo intelectual, suele situarse en un cono de luz a Reinaldo Arenas y, acaso, al artista plástico Carlos Alfonzo –espacio alcanzado con todo merecimiento– esa promoción ha dado nombres de envergadura en sus respectivos campos de creación.

Es el caso de varios músicos, entre los que sobresalen Alfredo Triff, Ignacio Berroa, Jorge Soler (“Yoyi»), Ricardo Eddy Martínez (“Edito”), Jorge Luis Piloto, René Luis Toledo, Daniel Ponce, Orlando Ríos (“Puntilla”) y Manuel Martínez Olivera (“el Llanero”). Dicho grupo de creadores, en no pocos casos, fue tratado con reservas por parte de la comunidad cubana ya asentada en Estados Unidos, que no asimilaba los cambios de ritmos, de maneras, de compases y, por supuesto de color de piel, introducidos por quienes llegaban en aquella oleada de 1980. Estos músicos, así como el conjunto de los que arribaron a costas estadounidenses a través del éxodo del Mariel, puso ante los ojos del exilio tradicional cubano, una realidad hasta entonces desconocida o pretendidamente ignorada por ellos, o sea, la de “un país también negro, pagano, homosexual, iconoclasta y plebeyo”, al decir del ensayista Iván de la Nuez.

Voy a ejemplificar el quehacer de estos músicos integrantes de la Generación Mariel, refiriéndome al trabajo de Jorge Luis Piloto, compositor que acumula una extensa y prolífera carrera como “hitmaker”, término con el que la crítica estadounidense cataloga a los hacedores de éxitos en distintos géneros y estilos de la música. Amante del béisbol, antes como seguidor de los Industriales (equipo insignia de la pelota cubana) y luego como admirador de los Marlins (franquicia representativa de Miami en las Grandes Ligas), el nombre de este creador comienza a ser noticia cuando allá por 1979 resultó uno de los laureados en el concurso de canciones “Adolfo Guzmán”, evento organizado por el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), donde su tema “Decir tu nombre”, con orquestación de Paquito d’Rivera e interpretado por Bobby Carcassés, fuese una de las piezas galardonadas en el certamen.

A partir de su traslado a Estados Unidos como parte de la oleada migratoria llevada a cabo a través del puerto del Mariel, en muy poco tiempo Piloto aprendió y, sobre todo, aprehendió las reglas para hacer música concebida para el consumo masivo, acorde con lo que tanto la radio hispana estadounidense como la latinoamericana por lo general evalúa de programable. En ese camino, su gran éxito inicial fue la canción “Por ella”, coescrita con su compatriota Rudy Pérez y que, además de proporcionarle una primera nominación a un Grammy en 1985, es uno de sus temas que mayor número de versiones ha recibido, entre las que la de más popularidad es la realizada por el dúo de José José y José Feliciano.

Son muchas las composiciones de Jorge Luis que diversos cantantes han escogido para incluirlas en sus repertorios. Entre ellas pudieran mencionarse “Isla desnuda” (Chayanne), “MI mundo” (Luis Enrique), “Me estoy cansando” (Lolita), “Que le den candela” (Celia Cruz), “Perdóname” (Gilberto Santa Rosa), “Todo tiempo pasado fue mejor” (Oscar d’León) y “Hablas de mí” (Gloria Estefan). Junto a la aludida “Por ella”, otras piezas de Piloto que han resultado nominadas al Premio Grammy (en estos casos ya en la versión latina del evento) son “Cómo olvidar” (Olga Tañón), “Quítame ese hombre” (Pilar Montenegro), “La salsa vive” (en coautoría con Sergio George e interpretada en conjunto por las voces de Celia Cruz, Gilberto Santa Rosa, Cheo Feliciano, Ismael Miranda y Tito Nieves), “Creo en el amor” (compuesta en colaboración con el tecladista Raúl del Sol y cantada por Rey Ruiz, ambos cubanos) y “Esa boquita” (firmada con nuestro compatriota Yoel Henríquez e interpretada por Tito Nieves).

Por sus numerosos logros en el ámbito de la música de corte comercial, Jorge Luis Piloto fue seleccionado en 1993 como Compositor Latino del Año, por la American Society of Composers, Authors and Publishers (ASCAP). De igual modo, gracias a su elevado prestigio, en dos compañías de tanto renombre como Sony y Warner Brothers, laboró en las funciones de Director A&R (artistas y repertorio), con la importantísima tarea de coordinar, en relación con la producción de discos, su concepto y contenido, así como sugerir la firma de posibles nuevos talentos artísticos. De lo expuesto, se comprueba el éxito alcanzado por este “hitmaker” durante su estadía en tierras norteamericanas.

Poemas de Alberto Rodríguez Tosca

Poemas de Alberto Rodríguez Tosca

Alberto Rodríguez Tosca es un nombre imprescindible de la poesía cubana. Y digo es, así en presente, porque aunque él haya muerto en la madrugada del miércoles 16 de septiembre de 2015 para quienes le conocimos o simplemente fuimos sus fieles lectores, no cabe hablar en pasado de alguien que tan memorable literatura nos ha regalado.

En esa zona donde uno se guarda todo aquello que forma la memoria o, para ser más explícito aún, nuestra particular biblioteca cerebral, del decenio de los ochenta atesoro los decires de un grupo de poetas pertenecientes a mi generación y en el que figuraban, entre otros, Ramón Fernández Larrea, Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Damaris Calderón, Omar Pérez, María Elena Hernández, Carlos Alfonso, y de manera muy especial  Alberto Rodríguez Tosca  o Tosquita, como se le solía decir en los predios de la emisora Radio Ciudad…

Para Miradas Desde Adentro es un honor reproducir algunos textos de este gran poeta, cubano y universal.

Las derrotas

Aquí comienza la enumeración de mis derrotas. Las que me propiné y me propinaron. Les ordeno marchar en fila india como bestias marcadas con broquetas de azufre a la vista de una horda de ángeles. Les tapo los oídos para que no se distraigan con la euforia de los triunfadores. Las beso en la boca para que se distraigan con mi beso mientras pasa la quinta columna de los hombres felices. Este lunes, mis derrotas y yo nos pusimos de acuerdo para mirarnos a los ojos. Ya nos estamos viendo, rozando con los dedos, casi amándonos a la sombra indiferente de un cielo en llamas: Amigos idos, cuerpos enfermos, espíritus en ruina, vinos baratos, endiablados alcoholes, heridas en la cara, lenguas traidoras, mujeres en fuga, puertas clausuradas, plegarias, miedos, hambres, fiebres, cansancios, filias, fobias, héroes, mártires, extravíos de fe, hojas en blanco, naves a la deriva, falsos poemas, entierros, destierros, nombres propios, recónditos adioses, mis 38 años, todas las tumbas: mi madre en una de ellas, y polvo, polvo, mucho polvo cayendo sobre la realidad como chispas de agua sin consagrar en un bautizo embrujado. Ya fueron despedidas todas las plañideras. No habrá lamentos pero habrá un gemido. Un solitario gemido de papel a la luz de dos lunas. La mía y la vieja luna del mundo sobre cuyas laderas se acuestan con la muerte todos los derrotados. Buenos días, siglo. Por fin nos encontramos. Ojalá no hayamos llegado tarde a la cita.

Los muertos y la luna

al milagro de vivir suma el milagro

de seguir viviendo no preguntes por qué

no preguntes conserva tu ignorancia

sobre la seducción de los escarabajos

nocturnos ladea el rostro y esquiva la mirada

de esos arqueólogos del conocimiento

compra un ramo de espinas y sale a repartirlo

cada peatón espera con ansia su pequeña

mordedura de plata no preguntes por qué no

preguntes simplemente camina y al filo

de la noche acércate a una vidriera contempla

fijamente tu rostro como si fuera de otro

(en realidad no es tuyo) ese otro sabrá explicar

lo que sucede después lava tus manos en todas

las pilas bautismales sécalas con el viento

no mires hacia atrás no mires camina

simplemente camina y ruega porque ningún

desprevenido reproduzca el juego (es peligroso

jugar cuando se borraron las reglas de antemano)

no preguntes por qué no preguntes lo que sólo

los muertos y la luna podrían responder.

Mi sombra y yo

No estamos para nadie mi sombra y yo. No estamos para el cobrador de impuestos, la prostituta, el argonauta, el ministro, el alienígena, el banquero, el

bibliotecario, la viuda alegre, la monja, el cura, el pastor cuáquero, el hijo pródigo, el aprendiz de brujo ni para el último de los Mohicanos. No estamos

para el Señor de los Anillos, el Corsario Negro, el dueño de las nubes, el cazador solitario, la voz de la conciencia, la mejor usanza, los días de guardar,

el Ángel de la Jiribilla, los ratones de Hamelin, el Cardenal Masarino, Rómulo y Remo, Hansel y Gretel, Tristán e Isolda, Jonás y su ballena, San Jorge

y su dragón. No estamos para el coleccionista de mariposas, el general de cinco estrellas, el soldado desconocido, el vendedor de Biblias, la niña, el

parapléjico, el suicida, el borracho, el proxeneta, el médico de guardia, el terrorista talibán, el falso amigo, el jugador de póker, el corredor de bolsa,

el contrabandista de huracanes. No estamos ni para Dios si llega con sus perros a llevarse mi sombra.

Todos los días lo mismo

todos los días lo mismo levantarse

tomar café bañarse vestirse salir a

caminar lo mismo todos los días todos

lunes martes miércoles jueves viernes

la misma resurrección después de una

madrugada de muerte todos los días

saludar beber comer besar a una mujer

desear la del prójimo sentir envidia por

el que sonrió sábado domingo lunes

martes miércoles jueves pagar cuentas

hablar siempre de más despedir amigos

masturbarse con rabia vender el alma

al diablo negar asentir (no señor sí señor)

redactar burdas lamentaciones que no

conducen si no a todos los días lo mismo

burlar las leyes acatarlas sortear deudas

dudar mentir reír llorar huir pedir perdón

arrepentirse hojear la prensa arrepentirse

escuchar la radio arrepentirse (se acaba

el mundo) viernes sábado domingo vagar

como alma en pena por calles de otros

tropezar en ellas con lánguidos transeúntes

enceguecidos por la indiferencia del ser

la inmortalidad del miedo y la rueda dentada

de la repetición todos los días lo mismo

todos los días lo mismo todos los días.

Ailem Carvajal: de la electroacústica a la música contemporánea

Ailem Carvajal: de la electroacústica a la música contemporánea

Creo que nunca olvidaré el impacto que causó en mí hace años la lectura del libro Feminine Endings: Music, Gender and Sexuality, de Susan McClary, y que llegó a mis manos gracias a la investigadora (ya fallecida) Jan Fairley, buena amiga de Cuba y de varios de los que por acá nos acercamos a la música desde la perspectiva académica.

Conocer el aludido texto me permitió adquirir conciencia sobre el hecho de que el registro de compositoras femeninas en Cuba resulta abrumadoramente inferior al de sus colegas hombres, así como formularme algunas preguntas para las que aún no he encontrado respuestas, como por ejemplo: ¿Las cuestiones de género pueden quedar en nuestro caso circunscriptas solo a lo corporal-baile? ¿Cómo es la división social del trabajo en la música cubana? ¿Existen entre nosotros estereotipos de género? ¿Cuáles?, pienso en la vestimenta, movimientos escénicos, discurso letrístico, forma de cantar, videoclips…

Las investigaciones en el campo de la música popular y académica en nuestro país aún tienen un largo camino por recorrer y numerosos temas que no han sido abordados en lo más mínimo. Un buen ejemplo de lo anterior es lo relacionado con las exégesis a propósito de los vínculos entre música y género, donde hasta el presente no hemos pasado del mero recuento histórico de lo hecho por las mujeres, algo importante para un primer momento, pero que es insuficiente a estas alturas del siglo XXI.

El día en que empiecen a llevarse a cabo tales estudios, uno de los asuntos que, en mi opinión, tendrá que recibir atención especial es el concerniente al rol de las féminas como compositoras de música académica, y a las particularidades que en comparación con sus colegas masculinos asume el discurso practicado por ellas.

A la mente me viene de manera rápida un listado de notables creadoras de las generaciones que han ido apareciendo a partir de la de los 80, como son los casos de Beatriz Corona, Mirta de la Torre, Marietta Veulens, Ileana Pérez, Magaly Ruiz, Keyla Orozco Alemán, Mónica O’Reilly, Irina Escalante Chernova, Janet Rodríguez, Evelin Ramón, Teresa Núñez y Ailem Carvajal.

A propósito de la última mencionada, o sea, Ailem Carvajal, hace unos años los amantes de la música académica en Cuba tuvimos la oportunidad de conocer su disco titulado Isla, llevado a cabo gracias a la colaboración entre personal ubicado en los países de Italia y España bajo el sello de Rey Rodríguez Productions. El fonograma, que resultase galardonado en la emisión del premio Cubadisco correspondiente a 2013, es contentivo de una representación de la obra de esta compositora, que en su carrera ha incursionado por terrenos como el de la electroacústica y el de la creación sonora de perfil contemporáneo. Aunque sea de forma limitada a tenor de la extensión que puede tener un álbum digital, la riqueza de lo hecho por Ailem y la diversidad de intereses musicales que la animan, aparecen representadas en el CD.

El eje de la grabación lo constituyen varias obras en las que instrumentos acústicos interactúan con la electrónica. Ejemplos de ello lo encontramos en piezas como “¡Aé! Mañunga”, para chelo y tape; “Resonancias”, para clarinete en si bemol y tape; y “Eón”, para clarinete en mi bemol y tape. De algún modo, y aunque con sus propias características, temas como los antes aludidos me hacen evocar el legado del máximo impulsor de la electroacústica entre nosotros, el desaparecido pero siempre recordado maestro Juan Blanco.

Un elemento que le da realce al fonograma Isla viene dado por las notas escritas para el mismo por la prestigiosa musicóloga Marta Rodríguez Cuervo, compatriota que en años recientes se ha desempeñado como profesora en esa institución de larga trayectoria y amplio reconocimiento social que es la Universidad Complutense de Madrid. Así pues, el disco de Ailem Carvajal, que dicho sea de paso cuenta con un excelente trabajo de masterisación, nos brinda la posibilidad de entrar en contacto con una porción del riquísimo mundo sonoro que anda por la cabeza de esta compositora, alguien que ya resulta un nombre de obligatoria referencia al hablar del panorama actual de la música académica facturada por nuestra gente, tanto en Cuba como allende los mares.

Foto Tomada: http://www.ailemcarvajal.com/uploads/9/3/0/5/9305829/7851550_orig.jpg

Pablo Milanés y José María Vitier: ¡dúo para recordar!

Pablo Milanés y José María Vitier: ¡dúo para recordar!

Parece mentira, pero lo cierto es que hace unos meses, el pasado 24 de febrero, Pablo Milanés cumplió 77 años. Cuando uno le escucha cantar en sus más recientes grabaciones, nadie podría calcular a partir de la voz que él tiene dicha edad. En mi caso personal, uno de los artistas con el que permanezco permanentemente conectado es Pablo Milanés, más allá de criticarle en ocasiones las repeticiones melódicas y armónicas que se aprecian en varios de sus trabajos compositivos, sobre todo entre los pertenecientes a las últimas décadas.

No obstante a ello, en virtud del enorme placer que para mí representa oírle cantar, con frecuencia programo en mi compactera los álbumes pertenecientes a su discografía, entre ellos uno que realizase en compañía de José María Vitier: el CD titulado Canción de otoño, que salió al mercado en el 2014 a través del sello Bis Music.

Este es uno de esos fonogramas que tras escucharlo, uno tiene que dar gracias por la existencia de algo tan especial como es la música. Con un total de 14 temas, el disco es un material que se ubica en la ya larga tradición trovadoresca cubana, solo que aquí el acompañamiento está a cargo del piano y no de la guitarra, como es lo usual.

José María y Pablo habían compartido una experiencia más o menos parecida, cuando allá por los 90, y junto a la directora de coros y también excelente cantante María Felicia Pérez, grabaron un álbum destinado a la grey infantil, como parte del trabajo desplegado por entonces en PM Records. Aquel disco es uno de los mejores trabajos que he escuchado dentro de la música concebida entre nosotros para niños y niñas, y es una lástima que apenas sea conocido, dada la pésima promoción de que resultó víctima. Ahora, en Canción de otoño, de cierto modo la fórmula se repite, con la peculiaridad de que aquí hay una apuesta por mezclar elementos de nuestra música tradicional con otros de la llamada música académica, en particular la de cámara.

En el repertorio escogido para el fonograma aparecen varios poemas a los que José María ha puesto música. Tal es el caso de “Canción de otoño” (Rubén Darío), “Besos” (Gabriela Mistral), “Tengo miedo a perder la maravilla” (Federico García Lorca), “Deseos” (Salvador Díaz Mirón), “Amor” (de su padre, Cintio Vitier), “Se dice cubano” (José Martí), “Solo el amor” (de su madre, Fina García-Marruz), “Al perderte yo a ti” (Ernesto Cardenal) y “Un Pastorcito” (San Juan de la Cruz). Por su parte, Silvia Rodríguez Rivero aporta un par de textos para ser musicalizados por su esposo, ellos son “Quizás fue ayer” y “Solía un ángel”. El mismo José María contribuye al listado de piezas con tres obras en las que es responsable de música y texto, como sucede en Al pie de tus altares, Tus ojos claros y El aire que te rodea.

Los conocedores de la obra de Vitier se habrán percatado de que varios de estos temas figuraron en el álbum Canciones del buen amor(Unicornio, 2002), lo que en aquella ocasión las piezas tenían diferentes orquestaciones, mientras que ahora solo están revestidas con el piano, lo cual da un tono de mayor intimidad. En cuanto al rol de Pablo Milanés como intérprete, solo decir que cada día canta mejor. Es increíble lo bien que conserva su voz. A ello une su sapiencia al interpretar, con un dominio que abarca tanto lo técnico como lo expresivo.

Aunque este es un disco que no ha sido ni será de los promovidos en nuestra radio, donde hoy suele programarse otro tipo de propuestas sonoras, para los interesados en la música de verdad, les recomiendo busquen el CD Canciones de otoño. Dado el nivel registrado en el material tanto en el plano compositivo como en el interpretativo a cargo de José María Vitier y Pablo Milanés, de seguro no se van a arrepentir.

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