Autor: Redacción Miradas Desde Adentro

«Nadie», un cuento de Carlos Ávila Villamar

«Nadie», un cuento de Carlos Ávila Villamar

Nacido en Holguín en 1995, el narrador, poeta, ensayista y editor Carlos Ávila Villamar Es graduado de Filología hispánica en la Universidad de La Habana. Ha publicado cuentos, poemas y ensayos en revistas como LiteralEl Papel Literario de El NacionalOnCuba y El Caimán Barbudo.

De manera independiente en 2020 se editó el primer volumen de su libro Fabulario. El relato que hoy reproducimos en Miradas Desde Adentro, “Nadie”, vio la luz inicialmente en la Revista Marabunta, localizable en:

https://revistamarabunta.net/nadie/

Nadie

Barrabás había tenido tres esposas, pero actualmente no hablaba con ninguna. Solo la última le había dado hijos, un varón que ahora estaba a punto de cumplir veinte años y una muchacha llamada Selena, cuya edad él nunca recordaba. La muchacha, que lo había visto tres o cuatro veces en su vida, fue la única persona que aceptó acompañarlo durante la fase terminal de la enfermedad. Lo bañaba, lo alimentaba y le cambiaba las sábanas, pero la mayor parte del tiempo se quedaba en un sillón entretenida con el teléfono. Cuando Barrabás necesitaba ayuda gritaba y ella acudía con una resignación proletaria.

Al llegar por primera vez a la casa de su padre Selena descubrió que las ventanas permanecían cerradas durante todo el día para que no entrara la luz. Se respiraba un aire rancio. Los vasos y platos yacían en la cocina con restos fosilizados que ya no eran del interés de las cucarachas. El viejo lavaba el vaso o el plato que iba a usar en el momento. Selena echó agua hirviendo a los platos y a los vasos y le dio una barrida al piso y anunció una política de ventanas abiertas hasta por la tarde e inciensos durante la noche. Barrabás veía desde la cama cómo la hija, que tenía edad para ser su nieta, arreglaba la casa y lo cuidaba y luego se sentaba en un rincón para andar en su teléfono móvil hasta altas horas de la madrugada. Su rostro se iluminaba en la oscuridad por el brillo del teléfono. Usaba un solo audífono para tener una oreja libre en caso de que la llamara. La música secreta e involuntaria del otro audífono, el colgante, en medio de la quietud nocturna, fue lo último parecido a una escena feliz que vivió el viejo antes de que las cosas empeoraran de verdad.

Selena resultaba una cocinera pésima, pero el viejo no se quejaba. Tragar ya le costaba suficiente trabajo como para preocuparse por el sabor de la comida. La enfermedad le producía un gusto desagradable y constante en la boca, como si su aliento supiera a muerte. En cualquier caso la comida ya no parecía alimentarlo. La piel seca y grisácea se le hacía más y más delgada y por tanto enseñaba los huesos que había debajo, los pómulos, las rodillas, las falanges. Los músculos se quedaban sin fuerzas. Levantar un brazo le costaba. Del malestar solía escapar durmiendo, aunque no le gustaba la idea de dormir mucho. Me voy a morir, dijo Barrabás. No, te vas a poner bien, contestó la hija, y aunque el viejo primero pensó que se lo decía como consuelo, después se dio cuenta de que la pequeña mocosa en verdad lo creía.

El cuarto donde reposaba Barrabás estaba lleno de estantes de libros, hasta el punto en el que no había lugar en las paredes para una pintura o una fotografía. Solo una foto ostentaba el privilegio de notarse en la mesa de noche, la imagen de él joven durante una expedición a unas cordilleras, junto a otros geólogos. Barrabás miró sus manos translúcidas y sus uñas largas y amarillas y miró al tipo extraño de la foto, el joven que había sido él mismo. Selena hablaba por teléfono con su hermano y le decía que ya había hecho más de lo que le tocaba, que también debía ayudar, que ya bastante grande estaba él, que ella no era hija única. Barrabás miraba débilmente el techo lleno de humedad y cuarteaduras, el planisferio de un mundo perdido. Lo había visto surgir a lo largo de toda su vida, sin saberlo. Selena insistía en que ella no se iba a pasar seis meses cuidando al padre y que había que decretar un sistema de turnos. El viejo sonrió. En todo caso iban a ser unas pocas semanas, unos pocos días.

El tiempo solía pasar despacio. Un reloj digital marcaba la hora con sus números pragmáticos y silenciosos, tan distintos de las rayas pintorescas de los relojes mecánicos. Le gustaba cuando en la quietud se escuchaba el recorrido intermitente de una aguja. Cuando Barrabás era joven los relojes no medían el tiempo. Al contrario, daban la impresión de fabricarlo. El tiempo corría porque disímiles aparatos a lo largo y ancho del mundo hacían que corriera. Si un reloj en una isla desierta se detenía a medianoche la madrugada podía durar para siempre, por eso el cuidado de la gente con los relojes. Mi hermano va a venir a cuidarte, dijo Selena, ya verás. Cuando lo vea lo voy a creer, respondió el viejo y siguió en sus pensamientos aberrados, su único modo de entretenerse.

Una noche ocurrió lo que tanto temía. Estaba despierto y Selena dormía en el otro cuarto y él podía percibir una presencia en la oscuridad, algo lo estaba observando. La sensación ya la había tenido un par de veces y era horrible. No sabía si fingir que estaba dormido o mejor dejar los ojos abiertos por si algo pasaba. Estaba sudando y sentía que no estaba en realidad en su cuarto, sino en otro sitio. Si moría esa noche, en veinticuatro horas ya habría empezado el proceso de putrefacción de su cuerpo. El mismo que ahora se movía gracias a un delicado sistema de latidos, arterias y contactos neuronales. Barrabás sentía la sangre yendo a su cerebro y le dolía la cabeza. No supo en qué momento había amanecido. Tomó un poco de agua y se estrujó los ojos para comprobar que seguía vivo. Le ardían ligeramente como si le hubieran acabado de nacer.

No sabía qué iba a hacer con las cosas de la casa. Guardaba piedras, enciclopedias, instrumentos de medición, artesanías aborígenes, tiendas de campaña, cajas de fotografías. Las piedras y las artesanías aborígenes podía donarlas a un museo, las enciclopedias a una biblioteca, los instrumentos y las tiendas de campaña a un instituto, pero las fotografías no tenían un destino obvio. Le preguntó a Selena si las iba a conservar después de que él muriera. Puedo escanearlas todas si quieres, contestó, las guardaré en la computadora. Eso está bien, dijo el padre, pero te pregunto si vas a conservar las fotografías en formato físico. La muchacha quedó callada por unos segundos con la mirada ausente. Sus hermosas mandíbulas mascaban chicle con un pragmatismo descerebrado y herbívoro. Ocupan mucho espacio, dijo por fin, no te lo puedo prometer. Quizás algunas.

Barrabás pidió que se las llevara a la cama para él seleccionar cuáles eran imprescindibles. A los nueve años ya había presenciado el asunto de botar la mayoría de las fotos y las pertenencias de su abuelo, y luego de adulto se había encargado él mismo de las de su padre. Cada persona no puede dedicar tres cuartos de la casa a guardar los tesoros inútiles de los antepasados. Pero ahora el proceso se aplicaba a sus pertenencias, él era su propio hijo y su propio nieto. Seleccionó aquellas fotos que le ofrecían memorias más felices. Muchas de ellas ni siquiera parecerían gran cosa a un desconocido, un perro visto a través de una cerca, una familia numerosa en un brindis de fin de año. En su levedad las fotos escondían grandes historias. Con las fotos deberían guardarse las historias, pero esas nunca se capturan, pensó el viejo, y si se capturan en un diario luego salen adulteradas y deshonestas. Selena se detuvo ante una foto de sí misma de niña. Se había pintoreteado con el maquillaje de su madre, y sus ojos traviesos miraban con susto la cámara que la había atrapado. No había visto esta, dijo. Sí, respondió Barrabás queriendo sonar gracioso. La viste cuando estabas ahí.

Por la noche la amenaza regresaba. Al principio ni siquiera constituía la de un sujeto abstracto. La presencia carecía de sujeto. Barrabás sentía que era percibido, aunque en ese momento no fuera percibido por alguien en particular. Sabía que esa etapa no iba a durar para siempre. Pensaba, para distraerse, en los recuerdos de su juventud, en las mujeres que lo sedujeron y cuyos nombres olvidó, en sus profesores, los buenos y los malos, en sus colegas naturalistas, que eran capaces de emprender expediciones de semanas y de publicar ensayos llenos de erudición como los que él nunca iba a conseguir. Todos ellos ya estaban muertos, y existían porque él los recordaba. Mientras la hija dormía en el otro cuarto intentó masturbarse por última vez, pero no lo consiguió.

Su estado físico y mental fue empeorando. El consuelo había sido que en medio del terror al menos Selena había estado siempre al lado suyo, pero eso cambió aquella noche. Él la escuchó hablar por teléfono con su otro hijo, le reprochaba no haber ayudado en nada, y ahora le exigía que se quedara con él por esa noche, porque ella tenía algo importante que hacer. Barrabás perdía trozos de conversación, pero se llevó la idea. Selena había forzado a su hermano a llegar a las ocho para que lo acompañara y que ella pudiera salir. Sin embargo el carro pasó a buscar a Selena a las siete y media y ella no tuvo opción. Espera a mi hermano, le dijo al padre, él va a venir, incluso le mandé una copia de las llaves de la casa. No, él no va a venir, por favor no me dejes solo, respondió el viejo. Selena le dio un beso rojo y húmedo en la frente y se fue. Barrabás escuchó el ruido de la puerta de la casa al cerrarse y el de la puerta del carro y el del carro al acelerar y desaparecer.

A las ocho no llegó el hijo, ni a las nueve, ni a las diez. Pero alguien más estaba en la casa, eso él lo sabía.

Cuando niño Barrabás había sentido aquella misma presencia en su cuarto durante otra enfermedad que lo había dejado al borde de la muerte. Sentía que un ser lo observaba, pero no era ninguno de sus padres, no era un ser humano siquiera. Apareció el primer par de ojos redondos, insinuados en la oscuridad, y luego el segundo par, y luego el tercero. Los ojos terminaron por ocupar todo el cuarto. El niño no sintió el tacto de los lémures hasta que la fiebre ya había empeorado. Decenas de manos diminutas lo agarraban, cuando más débil se sentía. Una noche llegó a ver cómo levantaban su cuerpo y se lo llevaban. Comprendió que era el fin. De repente ya no estaba en su cuarto, sino en una llanura tenebrosa que resultaba ser la de su ciudad antes de que los humanos aparecieran o mucho después de que hubieran desaparecido. No había yerba en la llanura, solo una piedra dura y prehistórica. Los lémures querían llevarlo a una zanja de color rojo que se abría en la piedra, una puerta a un mundo de fuego. Y cuando lo dejaron allí el fuego se apagó y él se vio envuelto en la más absoluta y definitiva oscuridad. No hay nada después, pensó, no hay cielo ni infierno, pero tampoco hay lo que antes había, no hay mundo. Una grieta de luz blanca se agrandó sobre él para liberarlo y se despertó y vio que su madre corría las cortinas.

Aquello había sido, supuso, lo más cercano posible a la experiencia de estar muerto. Luego de recuperarse de la enfermedad contó el sueño y sus padres rápidamente lo decodificaron. Noches atrás había estado leyendo un libro que trataba sobre las eras geológicas del planeta, y además ellos le habían dicho el origen del nombre de los exóticos primates, que asustaban a los europeos y que fueron llamados como ciertos espectros mitológicos paganos, asociados a la muerte. No debes preocuparte, concluyó la madre mientras le acariciaba la cabeza, fue solo un sueño, aquello no se parece a estar muerto. Barrabás se secó las lágrimas y preguntó a qué se parecía estar muerto. A dormir sin soñar con nada, respondió la madre. Por años el niño le tuvo miedo entonces a dormir sin soñar con nada.

Ahora quedaba abandonado a su suerte. El viejo observó cómo de nuevo los lémures lo rodeaban y lo cargaban a través de la llanura. Las manos peludas que lo agarraban eran como de niños pequeños, niños peludos. Aunque los párpados se le caían intentaba no perder el conocimiento. Estrellas fugaces saltarinas atravesaban la noche con celestial indiferencia. El aire helado y cósmico, hecho para soplar sobre las piedras ancestrales de aquel sitio, resultaba demasiado áspero para su piel. Las zanjas al rojo vivo se apagaban ante su llegada. Esta vez los lémures lo enterraron en un agujero más profundo para que no hubiera posibilidad de escapar. Barrabás recordó a su madre y aguantó un deseo profundo de llorar. La  tierra infértil cayó sobre él, y poco a poco comenzó a sentir el peso de los huesos de todos los seres humanos que habían andado antes que él y todos los que habían andado después, centenas de miles de millones. Uno más. Se estaba yendo, podía sentir que una corriente se lo llevaba del mundo. Su vida y su nombre habían sido el sueño, y aquella tumba anónima había sido siempre la realidad. Barrabás ya no soñaba y por tanto no temía, no recordaba, no sentía esperanzas.

Selena llegó al amanecer y se aseguró de que el padre no la viera borracha. Hizo café y fue al baño a darse una ducha, y solo entonces entró al cuarto del viejo, y al ver que no se había levantado por su cuenta prefirió no apurarlo ella.

Repasó con la vista las colecciones de piedras, en las que habían ámbares dorados, sedimentarias duras y brillantes como placas de carbón, cristales de un verde claro y fantasmal, fósiles de conchas diminutas. En una mesa junto a unos instrumentos quedaba inconclusa otra serie, piedras de las distintas eras geológicas, la cenozoica, la mesozoica, la paleozoica, que tenían placas artesanales de aluminio con una breve descripción, y por último una roca precámbrica, con una nota manuscrita que decía que tal vez fuera de antes del surgimiento de la vida. Un rato después sonó el teléfono de la casa. Era la madre. No te preocupes, dijo Selena, el viejo está bien, desayunó y todo, pero debes hablar con mi hermano, no se presentó como habíamos acordado. Después de colgar volvió a entrar sigilosa al cuarto del viejo Barrabás. No se había despertado el muy dormilón, así que ella se sentó mientras en una esquina a andar en su teléfono, como siempre lo había hecho. No sospechó nada.

Con la poesía de Juan Carlos Valls

Con la poesía de Juan Carlos Valls

2021 ha comenzado durísimo para la vida de los residentes en Cuba. Entre el rebrote del coronavirus y el ordenamiento monetario y cambiario, hay una frase popular que puede expresarse como nunca antes: “¡no es fácil!”. Empero, como también decimos los cubiches, “a mal tiempo buena cara”. Una de las formas para traer paz a nuestros cerebros es la lectura de poesía y por eso, tras unas bien ganadas vacaciones, en Miradas Desde Adentro retornamos con nuestra sistemática apelación al discurso poético, hoy con textos de Juan Carlos Valls.

Nacido en la localidad habanera de Güines en 1965, Juan Carlos Valls es uno de los poetas más importantes de su generación, gracias a libros suyos como De cómo en la estación de un pueblo el pretexto del viaje son las bestias, Los animales del corazónLos días de la pérdida,Conversaciones con la gloriaLa soberanía del deseo y La ventana doméstica.Poemas suyos han sido incluidos en varias antologías de poesía cubana, como por ejemplo: Llevados del brazo y La isla de los peces blancos. Actualmente reside en los Estados Unidos.

esta es la gloria

lugar de quieta agua en la mañana

sitio para el reposo

donde turbios pájaros van a aquietar su alma

y consolar su hambre

herida por la farsa de estos tiempos

la frialdad

la confesión temprana

el sueño de cartón podrido y desgajado por los cantos

qué despertares vivo

qué triste desayuno sobre mesa de almíbar

larga mesa de mármol donde brilla el arroz

la hierba suculenta

y las carnes ausentes en el festín diario de los niños

qué fríos los canales

donde flotan mis ramas de silencio

donde alivio el dolor y el asma zigzagueante

de estas conversaciones con la gloria

el mismo cielo

el mismo aire haciendo figurillas perfectas

dejaciones perfectas del amor

y del pecho materno

cómo enfrentar pensábamos estas caras extrañas

este miedo constante

a derrumbar de golpe los oficios

tan mal nos parecía

el juego complicado con la tierra

tan mal y tan distinto de otras conversaciones

límpidas y apacibles

bordadas en el patio que dejamos atrás

no sin tristeza

y el orgullo ah el orgullo

con cuánta libertad fue haciendo amigos nuevos

dulces extraños

difíciles amigos que a pesar del cansancio

compartieron su almuerzo

Dios mío

qué injusto hubiera sido

no incluir estas tardes en la gloria

qué pobre continuar completamente ajenos

a este otro gobierno de la luna

tan indócil y errático

tan hecho para todos

aunque la soledad se despeñe de golpe

sin luz artificial

sin el sopor de vagas oficinas

que aceitan la memoria

y la casa

con qué paciencia rara se recuerda

con qué larga neblina

tratamos de ocultar su comedor sombrío

y los nombres

los empapados nombres

una vez en el vino de la gloria

ahora en el letargo

en la flor decadente de un viaje

sin familia y sin retorno

la misma transparencia

el mismo amanecer sobre carretas altas

hacia la eternidad

esta es la gloria

toda se fue quedando en el traspatio

ya sin fecha   sin nombre

sin ciudad     sin enigma

solo con estos campos tocados al azar

violados para siempre.

conversación con mi madre sobre un sueño

A Roberto Zurbano

hice maromas prohibidas mamá

solo yo sé qué terribles aplausos me esperan

solo con este buen regalo

que es el país que estrujo entre mis manos

con esta compañía y estas conversaciones

que apenas me dan fuerzas para seguir viviendo

yo merezco otro mundo

otros viajes más largos que me den el sabor

de los vinos famosos

y de los sitios por mí desconocidos

yo merezco otros jueces

para decir mejor otra justicia

otra contemplación que no sea el elogio

de las falsas muchachas que se alquilan

no diga nada madre

usted siempre me hablaba de los atardeceres

y del grato provecho que significa alzarse

de entre los hombres dignos

pero los hombres dignos nunca pude encontrarlos

en la comodidad de los colegios

ni en sombríos automóviles

ni en la ferocidad de ciertas decisiones

contra amigos que dejaban la patria

por el deslumbramiento de cosas tan sencillas

tan inútiles

como un frasco vacío de perfume

la dignidad es otra cosa madre

y si aprendí a llevarla

fue más bien por los momentos duros

y por otros momentos que yo me procuré

a pesar del ejemplo de mi hermano

y de mi santo padre

aunque una vez al mes viniera visitarnos

y a dejarnos constancia de una última medalla

no diga nada madre

usted quiso salvarnos de soñar este sueño

siempre con ese encanto que da la ingenuidad

y con esa esperanza que se inventa

yo merezco otro mundo

otra foto de usted que no sea

en la que besaba con papá

imitando el retrato de una revista antigua.

conversación con San Francisco de Asís

no sé si por azar

el padre de mi padre se llamaba Francisco

a secas

sin santidad posible

pero también de pueblo quebradizo y falto

de gravedad y espíritu

el padre de mi padre

que como tantos otros me permitió crecer

sin saber que existías Francisco de los pájaros

espejo de aquel niño que vi morir

cuando no hice nada por salvarlo

qué historia tan hermosa

desnudarse en medio de la plaza

apenas vi la imagen

fue como destilar el agua pedregosa del pasado

como entender de golpe el mundo que se inventan

los sueños que se inventan los que no creen en ti

aunque en momentos graves

hayas puesto monedas en tu vaso

confiados en la suerte

esperando favores que solían pagar

con una fe sin brillo y sin enigma

qué bien mi San Francisco

este verso que pones en mis labios

qué bien mis enemigos      el hambre      la provincia

hubo cierta flaqueza

que fuimos heredando por desgracia

y ahora es tan difícil

abandonar los fuegos terrenales

tan difícil negarnos a la muerte habitual

a los martirios falsos

el padre de mi padre

nos dijo que perdíamos tiempo

sin embargo   qué fue lo que sentimos

cuando vimos arder en medio de la carne tu pobreza

qué fantasma voló sobre nosotros

para que construyéramos castillos en el aire

fundados en tu nombre

no contestes Francisco no contestes

yo puedo imaginar qué pensarías

si vieras estos campos

que nos están salvando del delirio

si vieras estas caras temerosas tal vez

               enfermizas tal vez

pero ancladas al centro de la isla

un poco poseídas por el asombro

de no escuchar tus pájaros

por esa vanidad de habitantes que somos

ay Francisco de Asís

no hace falta que hables para que yo comprenda

tu fe tan especial en los poetas

tu fe tan insistente

en no atar el amor con sobrenombres

no contestes Francisco     no contestes

yo puedo comprender

este sabor amargo que pones en mis labios

yo puedo perdonar

la poca fe del padre de mi padre.

conversación con los olvidos de esta casa

soplaremos a ver

si el carcelero se duerme para siempre

soplaremos hasta la saciedad

hasta el delirio

uno se vuelve a ver y no comprende

por qué esta emigración de corazones turbios

uno se esconde

habita

uno teme encontrar que las trampas abundan

y que los corazones han venido cayendo

ciegos en su triunfo

olvidados en su contemplación

de pueblo queridísimo

haciendo cartas a ver

haciendo juegos nuevos

pero las trampas

hacen que repitamos los clamores dormidos

hacen que desconfíen los peces

y sean como puñaladas en el agua

somos nosotros los confiados

los torpes buscadores de la fiebre

uno quiere sentir

que las ventanas permanecen abiertas

y es como si faltara ese cordel

ese último riesgo de evocar el instante

de las incomprensiones

son demasiado fuertes los cimientos de esta casa

aquí aprendimos a divisar la gloria

aquí nos pareció demasiado perfecto

el modo de construir sus patios interiores

uno es la irrealidad

la cabeza prestada para encender la luz

y qué tenemos

y qué lugar es este donde los candelabros

comienzan a apagarse.

Poemas de Roberto Valero

Poemas de Roberto Valero

Miembro de la reconocida como Generación Mariel, Roberto Valero, quien nació en Matanzas en 1955 y murió en Washington, D.C. el 23 de septiembre de 1993, víctima del SIDA, fue poeta, narrador y ensayista. En Estados Unidos, país donde residió tras marcharse de Cuba a través del puerto del Mariel en 1980, se desempeñó como  profesor de George Washington University. Publicó varios libros, entre ellos: “No estaré en tu camino” (Adonais, Madrid) y “El desamparado humor de Reynaldo Arenas” de ensayos. Fue finalista del Premio Nadal de Novela y del Premio Planeta. Ganó el Concurso Letras de Oro en 1989. Textos suyos se incluyen en Hispanic Culture Review, editada en George Mason University.

Acerca de esta destacada figura de la literatura cubana, Reinaldo García Ramos, también poeta e integrante de la Generación Mariel, ha escrito:

“Quienes lo conocimos y tuvimos el privilegio y la satisfacción de iluminarnos con su amistad pensaremos siempre en él como si estuviera con nosotros aún, prodigándonos su amor, su inteligencia, su incansable sentido del humor y su incesante curiosidad. Y sabemos que él no quisiera vernos tristes, ni dominados por el desasosiego. Al contrario, le gustaría sabernos dominados por la misma deslumbrante alegría de vivir que él tenía: Roberto era un ser humano excepcional, mágico, que concentraba sus energías en aceptar el milagro de la vida en todas sus formas y manifestaciones. Su breve paso por este mundo estuvo dominado por el asombro ante el amor y el conocimiento, y por el regocijo ante los aspectos luminosos y sombríos de la existencia. Debemos aprender de esa lección al recordarlo.”

Hoy en Miradas Desde Adentro mostramos una breve muestra de la poesía de Roberto Valero, hasta el presente muy poco difundida en Cuba.

DREAM WEAVER

A Maru

Penélope

sabiendo que usted aguarda

en algún sitio

tejiendo la esperanza

recordando mis besos,

la mirada,

apresuro mis pasos

mi cóncavo bajel entre la espuma

la sonrisa

y toda mi añoranza marinera.

Su vida va escapando entre los mármoles

en tanto

la remota Ítaca

se quiebra.

Si usted no me guardara

sus más ingenuas ilusiones,

su primavera,

¿Qué sorpresa animaría

el cielo huracanado

al cíclope deiforme

la embravecida mar,

en fin, la noche?

(Del libro Desde un oscuro ángulo, 1982).

SIMULACROS

Era un ángel desterrado del infierno. Se conocía las praderas celestiales palmo a palmo, podía disfrutar las setenta variaciones del verde eterno, nadaba en el río de las tres orillas en el continuo amanecer que es La Gloria. La perenne armonía de sonidos y olores le era muy grata, pero nada podía cambiarle aquel rostro de exiliado infernal. El mismo Dios una mañana le pidió de corazón un momento y lo tuvo entre sus manos, y Dios mismo pensó para sí: “parece un ángel caído”.

El cielo estuvo a su disposición y a pesar de todo, dicen, pero sólo el Omnipresente sabe, anhelaba los gritos descomunales de la otra parte. Soñaba, en los prados más azules, con los colores prohibidos, y los arcángeles murmuran, pero nadie puede asegurarlo, que en ocasiones abandonaba el rostro de la Divinidad y se acercaba a las puertas traseras del infierno. Entonces cada célula de su estructura etérea vibraba plena, feliz, divinamente. Al amanecer retornaba a su rebaño celestial.

Septiembre 20, 1985

(Del libro Venías, 1990).

POEMAS SIDOSOS

Heyoehka

Ahora que el sida es sólo un efecto colateral

de mis desgracias

“y no hay calamidad que no me ronde”,

ahora que puedo sentir

más que entender

la poesía renacentista

“la salud y la edad se hayan huido!”

ahora que también soy un es cansado

y la espalda parece prestada

(desgraciadamente no hay metáfora)

sombra del creador

la esperanza montando cachumbambé

este cansancio que viene del corazón

payaso sagrado que danza de cabeza

y camina hacia atrás

“si alguien pregunta díganle

aquí no pasa nada, no es más que la vida,”

y yo pasé….

(Mayo 6, 1993).

De aquí y de allá

De aquí y de allá

A continuación ofrecemos un compendio de noticias y comentarios acerca
de la apertura de la muestra concurso Post-it 7, la reposición de una
obra a cargo de Teatro del Silencio, la Beca de Creación Literaria
“Aldo Martínez Malo”, un nuevo libro de Antón Arrufat y una exposición
de Luis Enrique Camejo Vento.

Abierta al público muestra concurso Post-it 7
Desde el jueves 19 de noviembre hasta el próximo 10 de enero de 2021,
en las capitalinas galerías de Galiano y 23 y 12, quedará a
disposición del público la muestra concurso Post-it 7. Arte
Contemporáneo Cubano, certamen organizado desde 2014 por Galerías de
Arte “Collage Habana” del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC).

Finalmente y luego de haberse inaugurado virtualmente en el mes de
septiembre, en los espacios digitales de la Red Colaborativa de las
Artes Visuales Behart (www.behart.net) y Artemorfosis: Plataforma de
Arte Cubano (www.artemorfosis.com),  Post-it 7 podrá disfrutarse de
manera presencial y de esta forma ser evaluada por el Jurado de
Premiación.

En su séptima edición, los artistas Nelson Ramírez de Arellano y Luis
Enrique Camejo, junto a las curadoras y galeristas Gretell Medina,
Laura Arañó Arencibia y Miriam Pérez Casanellas, decidirán los
galardones entre los 27 proyectos finalistas de los 101 recibidos,
para el certamen más importante de las artes visuales que realiza el
FCBC.

Pintura, fotografía, dibujo, instalación, escultura y
video-instalación son las manifestaciones que forman parte de la
exposición colectiva en ambas galerías, a las cuales puede acudirse en
el horario de 10:00 a.m. a 5:00 p.m. En ambas sedes se respetarán las
medidas higiénico-sanitarias indicadas por las autoridades cubanas
debido a las circunstancias que impone actualmente la pandemia de la
Covid-19.

Otorgar protagonismo a artistas jóvenes que sobresalen por su
creatividad y talento, es el principal objetivo que persigue este
transcendental evento, convertido en una plataforma por excelencia
para la promoción del múltiple y heterogéneo universo de las artes
visuales contemporáneas cubanas.

Reposición de obra a cargo de Teatro del Silencio

El grupo de artes escénicas Teatro del Silencio repone la obra DOS
PERDIDOS EN UNA SUCIA CIUDAD, en versión libre y puesta en escena
llevada a cabo por Rubén Sicilia acerca del texto original brasileño.
Este montaje  ha tenido ya un par de temporadas con una extraordinaria
acogida de público. La obra se repondrá los próximos 5, 6, 12 y 13 de
diciembre en los horarios habituales para las funciones teatrales, en
la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht sito en 13 esq
I., Vedado. Así pues, en las fechas antes mencionadas Teatro del
Silencio te espera:  Viernes y sábado 8:30 pm. Domingos 5 de la tarde.
El elenco que encarnará los personajes de DOS PERDIDOS EN UNA SUCIA
CIUDAD es de primera línea: Miguel Fonseca en el rol de Toño y José
Ignacio León en el rol de Paco.
Dos Perdidos… es una versión hecha por Rubén Cecilia en relación con
lo que se considera por la crítica especializada como un clásico
latinoamericano, bien conocido entre los seguidores del teatro de la
crueldad y  que ofrece altas posibilidades de lucimiento al dueto
actoral. El texto original del brasileño Plinio Marcos, de nombre
semejante, aborda las relaciones disfuncionales entre dos marginales y
su esfuerzo por sobrevivir y salir a flote. En el proceso de montaje
realizado por Teatro del Silencio, el teatro de la crueldad ha sufrido
una mutación hacia la comedia negra, un génerode fuerte presencia en
el panorama actual de las artes escénicas. La obra tiene también el
atractivo adicional de una banda sonora original para la puesta de
Teatro del Silencio. Todos estos son elementos que acercan la lectura
del material al aquí y ahora, lo cual  la hacen aún más disfrutable
para el público habanero, que hallará  un final sorpresivo y
demoledor, con lo cual los asistentes a la sala teatral  no podrán ser
ajenos a la trama en cuestión de una pieza sencillamente conmovedora.

Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez Malo”

La Filial de Escritores del Comité Provincial de la Uneac en Pinar del
Río y la editorial Cauce convocan a la Beca de Creación Literaria
“Aldo Martínez Malo” 2020.
La presente edición forma parte de las actividades por la celebración
del 33 aniversario de la fundación de la Filial de la Uneac en Pinar
del Río, que será el 12 de diciembre, y homenaje a la memoria de Aldo
Martínez Malo, cuyo nombre lleva la presente beca de creación, quien
fuera escritor, estudioso de la obra de Dulce María Loynaz, Rita
Montaner y otras importantes personalidades de la Literatura Cubana, y
promotor cultural con un importante aporte a nuestra cultura nacional.

BASES
1.-Podrán participar todos los escritores cubanos residentes en el
país, sean o no miembros de la Uneac, que no hayan ganado la beca
anteriormente.
2.-El Género convocado es Poesía.
3.-El tema y las variantes estróficas serán a libre elección de los autores.
4.-Se concursará con una sola propuesta.
5.-El proyecto se enviará en PDF, letra Times New Roman, 12 puntos,
con interlineado de 1.5 e incluirá una breve sinopsis, objetivos y un
fragmento de la obra en proceso de creación, de entre 20 y 25
cuartillas (alrededor del 30% de lo que se pretende sea el libro una
vez finalizado), que permita al jurado apreciar el valor de la
propuesta.
6.-Los textos serán originales e inéditos y no deberán estar en espera
de dictamen de concurso alguno, comprometido con casas editoriales
para su publicación ni publicado electrónicamente o en sitios web.
7.-Las obras se recibirán solo por vía correo electrónico a
albertopccu@pinarte.cult.cu
Escribir en el asunto: Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez Malo”2020.
8.-Se enviarán dos documentos adjuntos, uno con la obra, con
seudónimo, y otro con los datos del autor: título de la obra,
seudónimo, nombre completo, correo electrónico, número de teléfono
fijo y/o móvil y nota curricular que no exceda una cuartilla.
9.-El plazo de admisión vence el domingo 12 de diciembre, aniversario
33 de la fundación de nuestra Filial de la Uneac en Pinar del Río, y
se enviará acuse de recibo de obras a los participantes, por vía
electrónica, al correo desde el que enviaron sus proyectos.
10.-No se dará información telefónica al respecto, ni se mantendrá
comunicación con los optantes durante el proceso de selección.
11.-El jurado estará integrado por dos escritores, y un editor de la
editorial Cauce, todos de prestigio nacional en el género convocado.
La decisión será inapelable.
12.-El autor de la obra premiada recibirá una cuota de $600.00 pesos
(MN), durante seis meses. La editorial Cauce propondrá el libro, una
vez concluido, al Consejo Editorial Provincial, para su posible
publicación. De tener la aprobación para tales fines, se garantizará
el pago correspondiente por derecho de autor.
13.-Los archivos que contienen los proyectos que no resulten premiados
se borrarán un mes después de entregada la beca.
14.-La premiación se realizará el 22 de diciembre de 2020, aniversario
25 de la revista Cauce.
15.-La participación en la Beca de Creación Literaria “Aldo Martínez
Malo” 2020 implica la aceptación de las bases, las cuales se
difundirán por diferentes vías de manera que los interesados puedan
tener conocimiento pleno de las mismas.

Nuevo libro de Antón Arrufat

El pasado 21 de noviembre, en el archiconocido espacio Sábado del
Libro, que dicho sea de paso no se celebraba desde hace nueve meses,
se presentó el más reciente título del escritor Antón Arrufat, La
ciudad que heredamos. Esta nueva creación del destacado poeta,
teatrista y narrador ha sido publicada por Ediciones Cubanas y su
editora fue Eliana Dávila. Por su parte, el diseño corrió a cargo de
Joyce Hidalgo. En la actividad, el presentador del libro fue Francisco
López Sacha y además, se pudo disfrutar de algunas canciones del
trovador Silvio Alejandro Rodríguez.

Coffee Time: aroma y color en la nueva exposición del artista Luis
Enrique Camejo

Coffee Time, exposición personal del artista visual Luis Enrique
Camejo Vento abre sus puertas al público desde el viernes 27 de
noviembre hasta el 30 de enero de 2021 en la galería Collage Habana
del Fondo Cubano de Bienes Culturales, de lunes a sábado en el horario
de 10:00 a.m. a  4:00p.m.
En la nueva expo de Camejo figuran casi un centenar de acuarelas y una
instalación. En la propuesta, el café, más que la bebida estimulante
disfrutada por muchos, se convierte en recurso para ilustrar sitios,
paisajes, personajes y situaciones impregnadas del consumo y
degustación del brebaje afrodisíaco.
Estas obras de arte quedarán expuestas igualmente en el espacio
virtual con vista 360°, a través de la Red Colaborativa de las Artes
Visuales, Behart, desde el jueves 26 de noviembre a las 9:00 p.m.
Cabe asegurarse que la exposición Coffee Time, más que trazos en
lienzos a base de cafeína, «nos acercará en esta ocasión al color de
la tierra desde su fruto mismo: el café (…)”, explicó Meira Marrero
Díaz, curadora de la muestra y especialista del Centro de Desarrollo
de las Artes Visuales.
Una taza de café puede tener distintos significados: algunos lo
asocian al momento de descanso, de compartir historias y espacios
íntimos; otros lo necesitan como estimulante para arrancar o continuar
el día. Lo cierto es que su aroma seduce a muchos.
En Coffee Time, Luis Enrique Camejo evidencia ser un auténtico
cafetero, no solo degusta y disfruta su sabor sino que también
encuentra en él nuevos matices para la creación.

Poemas de María Elena Cruz Varela

Poemas de María Elena Cruz Varela

Nacida en Colón, Matanzas, en 1953, María Elena Cruz Varela es una de
las sobresalientes voces del campo de la poesía hecha por mujeres
cubanas entre las últimas dos décadas de la anterior centuria y lo que
va del presente siglo. Su nombre  está en un listado epocal de féminas
hacedoras de versos, entre las que pueden mencionarse Bertha Caluff,
Damaris Calderón, Margarita García Alonso, María Elena Hernández,
Odette Alonso, Sonia Díaz Corrales, Reina María Rodríguez, Rita Martín
y Teresa Melo.
Entre los libros de poesía publicados por María Elena Cruz Varela se
encuentran Mientras la espera el agua (1987), Afuera está lloviendo
(1989), El ángel agotado (1991) y Ballad of the blood! Balada de la
sangre ( 1995) en  edición bilingüe.
Esta destacada autora también ha incursionado en la narrativa y así ha
dado a conocer las novelas Juana de arco: el corazón del verdugo,
publicada en el 2003, y  La hija de Cuba, salida al mercado en el
2006. Debe señalarse que María Elena Cruz Varela ha recibido diversos
premios literarios, entre los que figuran  el Premio Nacional de
Poesía Julián del Casal,  el  Premio Mariano de Cavia de Prensa
Española en  1995 y el Premio de Novela Histórica “Alfonso X El Sabio”
por  su creación Juana de Arco: el corazón del verdugo.
Hoy en Miradas Desde Adentro se reproducen algunos poemas de esta
importante escritora (en la actualidad residente en Madrid, España),
prácticamente desconocida por la joven generación de amantes de la
poesía en Cuba.

El ángel caído

Mira David.
Cómo se encrespan los últimos corceles de la tarde.
Cómo se insubordinan.
Cómo aclaman triunfantes las voraces trompetas.
Pero ya no recuerdo cómo llegan las cosas a nombrarse.
Pero es que ya no sé.
Se me pudren de infamia las prendas de ir viviendo.
Y soy un ángel más.
Un ángel que se agota. En la corte agotada de los ángeles.
Mira David.
Cómo se agitan los corceles finales.
Cómo acuden al grito triunfal de la trompeta.
Anuncian que hay que huir. No importa a dónde.
No importa a qué país de miniaturas.
No importa a qué proyecto.
O espejismo. Yo sólo quiero huir.
Evadir los escombros del íntimo desastre.
Si pudiera negarles el don de la palabra.
Es que han mentido tanto.
Nos traicionaron tanto. La esperanza es tan frágil.
Es tan frágil la tierra prometida.
Los ángeles se exilian en bandadas.
Renuncian al instante de las revelaciones:
nos han mentido tanto.
Y soy un ángel roto dejándose rodar por las alcantarillas.
El agua inmunda es sólo
una verdad vaciada entre tanta mentira.
Migajas. Sólo nombro migajas. Es muy serio
cumplir treinta y siete años. Y ser un ángel roto.
Violento de llorar en la vigilia.

Plegaria contra el miedo

Volando está la voz. Su frágil marioneta
con hilos invisibles.
Finísimas agujas hilvanan dulcemente
en tenue claroscuro sobre el mantel del tiempo.
Del tiempo que nos deja. Que nos levanta en vilo.
Que a veces. Por azar. Nos multiplica.
Lenta. Muy lenta. Leve. Miro a mi alrededor.
Entono esta plegaria contra el miedo. Contra el miedo
del hombre que se arrastra. Silba. Vuelve a escupir.
Maldice. Vuelve a escupir. Alaba.
Se duele. Me lastima. Se dobla. Me desplaza.
Contra ti mi plegaria. Plegaria contra el miedo.
Mezcla de horror y júbilo. De fibra lacerada.
Contra mi lado oscuro. Contra las aguas mansas.
Contra ti. Contra todo. La voz.
La voz. La frágil marioneta.
La débil manecilla pendiente de la voz.
La voz sobre su eje.
Aquí dejo el renglón de mansedumbre.
Aquí será la voz. Lenta. Lenta aclama la voz.
Se torna rictus. Regresa a los nostálgicos colores.
Imploran los que fuimos tan muertos por el fuego
y volvemos llorando al ojo de agua.

La trampa

No obstante, sólo puedo alegar a mi favor
que a veces cedo.
Caigo en minúsculas trampas que nos arma la vida.
En trampas como jaulas para cazar gorriones.
Que algunos días. ¡Oh, días específicos!
Al abrir el balcón. Al asomarme y ver
con todos los sentidos.  Y oír con todos los sentidos.
Y oler con todos los sentidos. Soy un terco violín
en evidencia. A veces –excusa delirante-
la vida se me vira como un juego de cartas
mostrándome los triunfos.
Me enamora con labios nuevecitos.
Me apremia. Imprescindible. Un cuarto movimiento:
novena sinfonía de Ludwig van Beethoven.
Como una credencial. Un aquí está mi mano.
Mis millones de manos.
La piel se me estremece de piedad infinita:
El hombre mata. Muere. Miente. Roba. Claudica
de espaldas a esa música en un afán voraz de permanencia.
Confunde libertad con desplazarse.
El hombre duerme armado contra los otros hombres
y contra el hombrecillo
que habita los rincones más claros de su pecho.
A pesar de esa música. A pesar del balcón.
Del sol que estreno. A pesar de esa Oda feroz a la Alegría.
De la limpia mañana
que niega los despojos de la cena de ayer.
No obstante, digo. La vida hoy se presenta como un traje.
Y sé que es una trampa. Pero cedo. Y me dejo embriagar
y acepto cualquier tregua. Y soy una espiral.
Un balancín. Un coro. Porque sucede a veces
que al abrir el balcón. Al asomarme y ver.
Y oír. Y oler. Con todos los sentidos.
La vida me ha sacado bajaras de la manga.
No obstante, sólo puedo alegar a mi favor:
Es una trampa. Y me dejo caer.

Canción de amor para tiempos difíciles

Difícil escribir te quiero con locura.
Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos
si les roban la magia sonora de tu cuerpo?
Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos.
Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia.
Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante.
Y resulta que estamos.
La ley de gravedad no nos perdona.
Difícil es decir te quiero en estos tiempos.
Te quiero con urgencia.
Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas.
Para decir te quiero. Así. Sencillamente.
Y que tu amor me salva del aullido nocturno
cuando loba demente la fiebre me arrebata.
No quiero que me duela la falta de ternura.
Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero.
Así. Entre tanto gris. Tanta corcova junta.
Cómo puedo aspirar la transparencia.
Retomar esta voz tan desgastada.
Esta costumbre antigua para decir te quiero.
Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo.
Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo.
Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro.
Destrozan los espacios donde el amor se guarda.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Si no fuera imposible olvidar esta rabia.
Mi reloj. Su tic- tac. La ruta hacia el cadalso.
Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Plasmaría  este verso con su cadencia cursi.
Si fuera así de simple escribir que te quiero.

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